miércoles 25 de mayo de 2022
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Lucía Velázquez relató su experiencia en Posadas

Las dificultades que diariamente deben afrontar las personas ciegas

Por fallas en arquitectura o por desconocimiento de los vecinos, el tránsito por la ciudad se les complica, provocando demoras y situaciones dificultosas cada día

domingo 03 de abril de 2022 | 6:05hs.
Las dificultades que diariamente deben afrontar las personas ciegas
Los objetos que se colocan en las veredas son peligrosos. Foto: Natalia Guerrero
Los objetos que se colocan en las veredas son peligrosos. Foto: Natalia Guerrero

Desde su infancia, Lucía Velázquez (31) se interesó por el periodismo en general, pero puntualmente por uno más inclusivo y consciente sobre la discapacidad. Fue así como ingresó a la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Misiones (Unam) para hacer de ese interés una realidad.

Lu -como le dicen en su círculo íntimo- nació ciega. Dejó su Capitán Miranda natal, a pocos kilómetros de Encarnación, Paraguay, para instalarse en Posadas. Día a día se dedica a la redacción de su trabajo final para convertirse en licenciada y, a la par, a su trabajo. “Es crear conciencia, porque muchos estigmatizan a la discapacidad y queremos que eso termine”, dijo Lucía a El Territorio. Bastón en mano sale de su casa y se dirige hacia el centro posadeño en dirección a su trabajo. Todos los días hace el mismo trayecto y se repiten las barreras que debe enfrentar.

“Salgo de mi casa y ya me encuentro con obstáculos en la vereda, como autos mal estacionados, contenedores. Como vivo en un barrio en plena construcción, dejan muchas cosas sobre la vereda, como cementos y piedras”, narró Lucía. Luego, agregó: “Cuando llego a la parada, no hay una referencia ni señalética en braile que indique el recorrido. Me tengo que imaginar y calcular la distancia de la parada”.

En ese trayecto, muchas de las veredas y accesos no están en la totalidad de condiciones, por lo que el andar para Lucía resulta complicado. Este hecho provoca, en muchos casos, un importante retraso en su camino hacia la parada, como también para su regreso.

Los obstáculos siguen al momento de tomar el colectivo. “Cada vez que espero el colectivo, tengo que esperar a cada uno y preguntar qué número es. Hay algunos que paran y otros que no, siguen de largo. Hay algunos choferes que paran porque ya me conocen. Es una situación difícil, sobre todo cuando no hay nadie. A veces pasa un camión y como tiene un sonido similar, confunde”, señaló. “Son cosas minúsculas, pero que hacen la diferencia. Tengo que salir más temprano de lo habitual porque no sé con qué me voy a encontrar”, enfatizó.

De su casa al centro hay un largo trecho. Y al llegar casi al destino laboral, otros obstáculos debe sortear.“Tal vez sean menos los obstáculos, pero no dejan de serlo. La pared siempre es una referencia para las personas ciegas porque permiten orientarnos, pero muchas veces colocan carteles, stands de ropa en medio del camino que debería estar despejado. Muchas veces nos topamos con esas cosas y nos pegamos un golpazo. También ocurre que bares y restaurantes colocan las mesas y sillas en medio del camino”, relató.

Asimismo, contó que en otros sitios como las plazas o las galerías, al no haber una pared, tampoco hay referencia. Para ello, las cerámicas podotáctiles resultan clave para marcar el camino para las personas ciegas. “Son pocos los lugares que tienen las cerámicas podotáctiles, como la parada sustentable. Pero hasta ahí. En el resto de los espacios debería haber para evitar que nos desorientemos. Lo mismo en la plaza o en los paseos, en los que terminamos chocando contra sillas o puestos de venta”, agregó.

Otro gran inconveniente que se presenta cotidianamente son las veredas, que además de estar ocupadas, están en mal estado. Baldosas rotas, pozos o montículos son algunos de los obstáculos que diariamente deben sortear no sólo Lucía, sino todas las personas ciegas y con discapacidad motriz.

Pese a los obstáculos, en varias ocasiones, diversas personas o propietarios de locales se acercan a Lucía para orientarla en su andar por el centro, para llegar al trabajo o simplemente para el ocio. En este último punto, marcó que los restaurantes carecen de un menú accesible en braile para conocer el contenido de la carta. Para ello, demanda de una persona que le informe sobre las comidas y bebidas.

Sin embargo, Lucía insistió en un mayor conocimiento y conciencia de la ciudadanía.“Se reconoce que hay mucho desconocimiento todavía sobre la discapacidad. Lamentablemente hay muchos prejuicios, pero de a poco va cambiando. Tiene que ver con el activismo que hacemos las personas con discapacidad en movimientos, colectivos y organizaciones sociales. Pero sigue habiendo mucho desconocimiento”, mencionó.

“A las personas con discapacidad no nos molesta que nos pregunten sobre las dudas que tienen hacia nosotros. Seguimos apelando a la solidaridad para cruzar la calle, tomar el colectivo, porque el mundo no está totalmente adaptado y accesibilizado para las personas con discapacidad y siempre pedimos aportes en ese sentido”, reflexionó Lucía.

 

El desafío de romper barreras arquitectónicas y sociales

“La mayor barrera que tenemos las personas con discapacidad es que muchas veces la barrera no es arquitectónica sino social, porque es la misma sociedad que por la falta de información o de herramientas excluye y pone etiquetas”. La frase le corresponde a Fernando Rosa, quien hace menos de un año asumió al frente de la Dirección de Inclusión para Personas con Discapacidad, del Concejo de Posadas.

Desde su rol, Rosa apunta a que la sociedad elimine los prejuicios y que se trabajen en iniciativas en pos de avanzar hacia una sociedad más inclusiva. En diálogo con El Territorio, señaló que Posadas avanzó en la inclusión mediante diferentes instrumentos políticos, pero reconoció que aún hay mucho trabajo por hacer para lograr la integración. Desde el área que lidera busca no sólo garantizar el cumplimiento de las normas, sino avanzar en la educación de funcionarios y de la sociedad toda.

“Hoy por hoy se discute mucho el derecho de las minorías, y de las minorías, la más amplia en el mundo es el de las personas con discapacidad, pero a la vez, son las más difíciles de visibilizar porque están en sus casas por distintos motivos, como culturales o porque no pueden movilizarse. Es un trabajo de hormiga, pero se está avanzando. No es la ciudad que era antes hace unos años, pero hay muchas cosas por hacer”, afirmó el funcionario.

Lo trabajado y lo que falta
Avanzar en la integración es un trabajo que desde hace mucho se impulsa. Sobre este punto, Rosa comentó algunas de las iniciativas por y para las personas con discapacidad.“El año pasado desde el Concejo Deliberante se lanzó una ordenanza sobre la capacitación para todos los funcionarios en Derechos Humanos y con perspectiva en discapacidad. Porque hay una demanda sobre los tratos que hay que tener para con las personas con discapacidad”, indicó. Con ello se apunta a dotar de herramientas a quienes integran el Ejecutivo y Legislativo municipal para una toma de conciencia y mejorar el accionar.

“Por ejemplo, no hay mucha paciencia de las personas y de los inspectores cuando una persona con discapacidad motriz baja de un vehículo. Hay todo un trabajo de capacitación que tiene que ver con las barreras sociales que hay que trabajar, pero otra que tiene que ver con parte de la inclusión en el municipio. Hace poco se habilitó un gimnasio inclusivo para personas con discapacidad; también rampas en la Costa Sur a través de una ordenanza que se presentó desde la dirección. Por otra parte, hay una iniciativa con sillas anfibias porque las personas con discapacidad tienen derecho a disfrutar”, comentó.

Al mismo tiempo, señaló que en el último año se avanzó en la construcción de una rampa para el acceso de personas con discapacidad motriz en el anfiteatro Manuel Antonio Ramírez: “Fue un trabajo de integración, ya que la obra del anfiteatro data de la década del 60, que se hizo con otra lógica, o mejor dicho, paradigma. Ahora se adaptó e integró a los nuevos tiempos, por eso es importante el concepto de integración: de integrar a las personas con discapacidad”.

Sobre lo que falta trabajar, Rosa detalló que “hay ordenanzas que hay que empezar a revisar y que se cumplan. Por ejemplo, si bien en la parada sustentable por calle Junín tiene señalética en braile para que las personas ciegas sepan el recorrido, similar iniciativa que aún no se aplicó es que los bares y restaurantes cuentan con menúes en braile. Ni hablemos de las personas con discapacidad motriz para el acceso al colectivo. Hay muy pocos coches con acceso para sillas de ruedas y son únicamente los que van del centro a transferencia. Los que van a los barrios no lo tienen”.

Sobre este punto, reconoció que hay mucho por hacer. Es un trabajo de hormiga, pero desde su administración trabaja para ese cumplimiento, como también con el vínculo con diversas organizaciones que trabajan en ese tema, para plantear las necesidades diarias y pensar medidas al respecto.

Asimismo, insistió en que la ciudad tiene que estar preparada para las personas con discapacidad, “ya que nadie está exento, nadie se salva solo y el accionar tiene que ser comunitario”.

 

Algunos consejos para promover la empatía de la ciudadanía

Obstáculos
Los comercios y tiendas no deben colocar obstáculos en las veredas, como carteles de ofertas o productos en exposición para la venta.

Basureros
En el caso de las casas particulares, no colocar basureros en las líneas de las veredas, ya que también dificulta la circulación de las personas.

Veredas rotas
Ante el mal estado de las veredas, que imposibilita la buena circulación sin accidentes, dar aviso a la Municipalidad en forma urgente.

Limpieza
Levantar los restos fecales de las mascotas ya que pueden ensuciar las manos de quienes circulan en sillas de ruedas como ser peligroso para las personas ciegas.

Sillas y mesas
Restaurantes y bares no deben colocar sillas y mesas en los lugares que impidan el paso de las personas, como las veredas.

Rampas
No estacionar delante de las rampas, claramente identificadas, así como tampoco en las entradas al garaje, sobre la vereda.

 

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