sábado 27 de noviembre de 2021
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Primero se llamó Las Cuartetas y luego, La Estrella

Rebollo, el espectador de los cambios en la Uruguay y Mitre

Catalino trabajó 50 años en el bar. Comenzó como mozo y en 1998 quedó al frente del local que aún resiste el paso del tiempo

domingo 07 de noviembre de 2021 | 6:05hs.
Rebollo, el espectador de los cambios en la Uruguay y Mitre
Don Rebollo guarda con afecto los recuerdos de su paso por el bar. Foto: Nicolás Arce
Don Rebollo guarda con afecto los recuerdos de su paso por el bar. Foto: Nicolás Arce

La esquina de las avenidas Uruguay y Mitre de Posadas es testigo de miles de historias de viajeros y de clientes locales. Allí, en la década del 70, se montó un bar que en sus orígenes se llamó Las Cuartetas. Con una nueva administración al frente hacia finales de los 90, se lo renombró como La Estrella.

Mientras todo a su alrededor cambió, La Estrella conservó algunos rasgos distintivos que aún perduran y son un clásico: la disposición de las mesas y de las sillas, algunos objetos de la decoración, una caja registradora de hace mínimo tres décadas, sifones de soda de los años 80. Todo sigue igual, como si fuera que el tiempo no corrió. Pero en sus inmediaciones hubo diversas modificaciones, desde el traslado de la Terminal de Ómnibus que funcionó hasta 1998 enfrente del bar hasta los cambios en el bulevar sobre la Mitre que se realizaron en 2015.

De Las Cuartetas a La Estrella hay un testigo que recuerda con anhelo todo lo vivido en esa esquina capitalina. Catalino Rebollo (77) vio cómo se montó el negocio en 1969 que puso en marcha el empresario gastronómico Bernardo Ribbo, que años más tarde pasó al mando del español Juan Antonio Nuño y que, ya en la víspera del nuevo milenio, quedó al mando de Rebollo junto con otros cuatro mozos que trabajaron allí y formaron una pequeña sociedad para mantener el bar.

Dany, como bautizó una fiel cliente a Catalino décadas atrás, dialogó con El Territorio y rememoró los orígenes del local gastronómico que vivió sus años de oro entre las décadas del ’70 y del ’90. Cafés, cervezas, vinos, sándwiches de milanesa y pizzas fueron servidos en grandes cantidades ante la gran demanda; su ubicación frente a la terminal fue estratégica y potenció el negocio.

“Durante muchos años trabajé en la terminal, tenía experiencia. Luego trabajé en un local del centro y me avisaron que se iba a poner en marcha una pizzería en la esquina de Mitre y Uruguay, bajo el nombre de Las Cuartetas. Ahí me tomaron e ingresé en la cocina por un mes, pero siempre quise ser mozo, hasta que se lo planteé a Don Ribbo, que primero no aceptó, pero luego sí porque tenía que hacer un reemplazo. Y yo quedé contento porque logré lo que siempre soñé”, recordó con nostalgia.

Durante décadas ejerció ese rol que hace tiempo anhelaba. Siempre con una sonrisa, sirvió comidas y copas a su clientela que día a día se acercaba a Las Cuartetas para compartir horas de esparcimiento y de espera al arribo de los micros para continuar rumbo hacia el interior provincial o hacia otros distritos.

A los pocos años, puntualmente en 1978, Ribbo vendió al español Nuño el comercio enfrente de la terminal de ómnibus y preservó el nombre.

“Fueron años de mucho movimiento, de gente que esperaba por horas los colectivos o que venían a pasar a reunirse con amigos en esa esquina. En los últimos años unos 300 micros por día se movilizaban. Siempre el bar estaba lleno, en ningún momento se quedaba sin clientes”, añadió Don Rebollo.

En consonancia con el traslado de la terminal se marcó una nueva etapa para el negocio. Por una enfermedad, Nuño decidió alejarse de Las Cuartetas, pero no quiso dejar sin nada a sus empleados. Es por eso que optó dejar a los mozos el liderazgo de esa esquina clásica.

“El español -por Nuño- me comunicó su situación. Le dije que no venda, que nos deje el negocio como indemnización y nosotros vamos a seguir trabajando. Cuando se hizo el cambio, se decidió poner La Estrella porque éramos cinco y cinco son las puntas de las estrellas”, mencionó Rebollo. Todo pasó en 1998.

El cambio de la terminal repercutió de lleno en el negocio, que sintió una significativa merma en la concurrencia. Y la crisis se acentuó aún más en el 2001. Rebollo contó que se resistió todo lo que se pudo; la clave era mantener ese negocio que fue el legado de sus antiguos propietarios.

Y hubo algunos cambios: en vez de comprar packs de gaseosas y cervezas sólo se adquirían por unidad. Lo mismo con los alimentos, adaptándose a la demanda. En muchos casos, no cobraban, los arreglos del negocios eran sustentados por Don Rebollo y sus socios, que una vez que la situación mejoraba recién recuperaban y cobraban.

Y en este interín, se decidió que se mantenga esa fachada que lo caracterizó desde sus inicios. Actualmente, la disposición de las mesas y de las sillas, algunos objetos de decoración se mantienen tal cual como hace más de 30 años, a pesar de las transformaciones urbanas que hubo a su alrededor. Un clásico.

Después de 50 años de trabajo arduo, Don Rebollo decidió retirarse. Fue en 2019 cuando tomó la decisión.

“Fue prácticamente una vida trabajando por ese bar, que me dejó mucha gente que me aprecia y a quienes aprecio. Mis queridos clientes, que siempre me saludan cuando me encuentro con ellos. Fueron muchas las personas que pasaron por esa esquina, celebridades y políticos que pasaron por Las Cuartetas y La Estrella”, reflexionó sobre el bar que pese a todo resiste el paso del tiempo y los cambios que se dieron a su alrededor. 

 

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