sábado 02 de julio de 2022
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Casa Wurm, sinónimo de variedad, calidad y garantía en la zona Centro

Valores e impronta familiar para alcanzar 75 años de vigencia comercial

Con sólo 22 años, Erich Wurm fundó su primer negocio. Antes de llegar a Oberá pasó por Guayabera y San Martín. Su hijo y sus nietos sostienen el legado y el prestigio de la marca

domingo 07 de noviembre de 2021 | 6:05hs.
Valores e impronta familiar para alcanzar 75 años de vigencia comercial
Una de las primeras sucursales de Casa Wurm estuvo en Guayabera.
Una de las primeras sucursales de Casa Wurm estuvo en Guayabera.

“Casa Wurm: donde no hay lo que no hay”. Con los años, este eslogan dejó de ser exclusivo patrimonio del tradicional comercio obereño para convertirse en una referencia que grafica las bondades que pretenden alcanzar otros negocios o emprendimientos de la zona Centro.

En tal tienda o carnicería, por ejemplo, “no hay lo que no hay, como en Casa Wurm”, se escucha muy seguido. Toda una marca de prestigio.

Es que la tradicional propaganda se prolongó por generaciones, trascendió rubros y se instaló como un sinónimo de variedad, calidad y garantía, atributos que caracterizan a los 75 años de trayectoria de Casa Wurm, con sede central en Oberá y sucursal en San Vicente.

El primer local se inauguró el 20 de mayo de 1946 en el paraje Guayabera Las Treinta, situado en un punto tripartito entre Oberá, General Alvear y Colonia Alberdi. Los fundadores fueron Erich Wurm, que tenía apenas 22 años, y su tío Román Wurm.

Después de siete décadas y media, actualmente el negocio está a cargo de Carlos Wurm (hijo de don Erich), quien a su vez es secundado por sus hijos Carlos y José, mientras que Juan -el más chico- estudia en Posadas y se capacita para sumarse a la empresa. Tres generaciones unidas por la misma vocación y dedicación.

En diálogo con El Territorio, Carlos Wurm (61) contó orgulloso que su papá trabajó hasta los 92 años en el negocio de la familia que él mismo fundó, todo un sello de responsabilidad y compromiso. El legado más preciado.

“La vida de él era esto”, subrayó evocando a su padre. Y la mejor manera de honrarlo es sostener sus principios: “Hay que tener siempre los pies sobre la tierra y no hacer cosas que pongan en riesgo el patrimonio de la empresa”.

Inicio y crecimiento

Valorar el pasado y adaptarse a las nuevas demandas, cuidando al cliente con precio y calidad, son las claves de la vigencia de Casa Wurm.

Toda historia tiene un principio y esta comenzó en 1946 por la visión de Erich y su tío Román Wurm en el paraje Guayabera Las Treinta, donde trabajaron durante dos años y medio.

“En esa época había muchos establecimientos yerbateros en la zona, alquilaron un local y pusieron un almacén de ramos generales. Después el tío no quiso seguir y mi papá mudó el negocio a San Martín, donde vivía, al lado de la Escuela 153. Tenía tienda, comestibles, herramientas, repuestos automotor, cubiertas, baterías y combustible”, enumeró.

En la foto del negocio de San Martín se aprecia el antiguo surtidor de combustible Shell.

Estaban asentados sobre la antigua ruta a Posadas, que pasaba por Mártires, y hubo años de bonanza.

Pero a mediados de los 60, el nuevo trazado de la ruta provincial 103 (Oberá-Santa Ana) limitó su cartera de clientes y don Erich Wurm decidió abrir una sucursal en el kilómetro 20 para amortiguar la caída de las ventas.

Así estuvo un tiempo en el local de Zaratón, otra referencia de la zona, hasta que decidió mudarse a Oberá, donde compró un terreno sobre avenida Libertad e Italia.

“Cuando vinimos recién habían asfaltado la avenida Libertad. En 1971 se inauguró Casa Wurm en Oberá con supermercado, bazar y ferretería. Con el tiempo dejamos el supermercado y agregamos pinturas, herrajes, sanitarios y electricidad”, detalló Carlos.

Y ya hace 50 años que están asentados en la misma esquina acompañando el crecimiento de la ciudad. Por ello, su local también es una referencia geográfica de la zona.

Impronta familiar

Para graficar el desarrollo de Casa Wurm, alcanza con mencionar que el local de Oberá comenzó con 180 metros cuadrados y medio siglo después avanzó sobre la manzana entera.

En 1971 eran tres empleados y hoy suma 18. Trabajadores que son como de la familia y ostentan varias décadas en el puesto.

“Tuvimos un empleado que trabajó 55 años con nosotros, porque se jubiló y siguió trabajando porque él quería. Alguna vez me dijeron que fue el empleado con más años con el mismo patrón en la provincia”, recordó Carlos.

En 1988, justo antes de una de las peores crisis económicas del país, abrieron la sucursal en San Vicente, que perdura.

Precisamente, sobre la clave para sostenerse durante 75 años a pesar de los vaivenes que caracterizan al país, Carlos Wurm reconoció que “hubo muchos períodos bastante embromados. Me acuerdo del 72, 73 que hubo gran escasez de mercadería. En el supermercado faltaban aceite, papel higiénico, azúcar”.

“Después en la última época de Alfonsín y la primera de Menem no te daba ni tiempo de cambiar los precios. Había que multiplicar las listas por tres. Pero fueron unos meses y mejoraba. Ahora son más de dos años que la crisis sigue y eso complica mucho. Se siente la inflación. Por ejemplo, en el rubro pintura creo que pasó el 50 por ciento de aumento en el año”, remarcó.

Por ello, ponderó la austeridad y responsabilidad como claves para aguantar las crisis, sin perder la impronta del negocio familiar.

“Hay que escuchar a las nuevas generaciones porque el mundo va cambiando y hay que adaptarse. Todos aportamos y estamos juntos en esto”, remarcó Carlos incluyendo a sus hijos. 

 

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