martes 07 de diciembre de 2021
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Fue fundado por Darío Cebolla

Un clásico bar del centro posadeño que mantiene su esencia desde 1958

El Bar Español fue el más moderno de su época. Actualmente, aún conserva rasgos de los primeros años. Resistió las metamorfosis que hubo sobre la calle Bolívar

domingo 07 de noviembre de 2021 | 6:04hs.
Un clásico bar del centro posadeño que mantiene su esencia desde 1958
Pese a los cambios de dueños, el Bar Español mantiene la misma esencia que marcó el fundador. Foto: Marcelo Rodríguez
Pese a los cambios de dueños, el Bar Español mantiene la misma esencia que marcó el fundador. Foto: Marcelo Rodríguez

Durante la década del 50, Posadas carecía de espacios para el esparcimiento. Eran contados con los dedos. Fue precisamente en 1958 que se sumó una nueva oferta que con el paso de los años se convirtió en un clásico y en un punto de referencia en la capital, de encuentros, reuniones, charlas de café, citas y hasta para ver partidos de fútbol.

El clásico Bar Español fue el más moderno cuando abrió sus puertas. Con las mejores galas, la gente visitaba el negocio más cotizado de ese entonces. Con detalles al estilo europeo, en la actualidad mantiene ese estilo que con el que se montó sobre la calle Bolívar al 1900, en pleno centro capitalino. Fue el primer bar en imponer el pan de miga tostado, lomitos y medialunas de elaboración propia. Luego, la carta se fue ampliando. “Café, café, Bar Español, el mejor café de Posadas”, fue un eslogan que se divulgó en diferentes eventos.

Fue Darío Cebolla Bueno quien puso en marcha, junto a su amigo y socio Guillermo Coll, el negocio sobre la Bolívar. Cebolla arribó desde España a la Argentina con apenas 22 años y se instaló primero en Comodoro Rivadavia en 1951 y cuatro años más tarde se trasladó a Posadas. En 1958, ambos compraron un local y casa de familia de la calle Bolívar, justamente en frente de un lugar emblemático y de gran movilidad por esos años: el Teatro Español. 

“En esos tiempos el bar tenía una estructura más grande de fondo, con una barra que era el doble del tamaño que tienen hoy. Las mesas y las sillas ocupaban casi toda la cuadra dado el movimiento de personas que originaba el teatro”, señaló Cristian Orué, actual propietario del bar, en diálogo con El Territorio.

Luego, hizo hincapié en su ubicación estratégica: “Que esté situado en la calle principal del centro hace que haya un movimiento continuo porque está cerca de los hoteles, de los bancos, del IPS, y la gente que viene del interior para hacer compras o trámites, lo tienen como referencia porque es el único lugar que tiene la cocina abierta casi las 24 horas”.

Ese bar, desde su lugar, fue testigo de todas las metamorfosis que vivió la capital, desde las modificaciones en las veredas (ya que las veredas de la calle Bolívar eran más bajas) y el asfalto que llegó años después.

A nivel interno, el local redujo su tamaño, se amplió la cocina, pero aún se conservan las vitrinas y el mostrador redondeado con sus banquillos altos. Y, además, testigo de parte de la vida de miles de personas que pasaron en el bar horas de charlas en medio de cafés, licuados o cervezas.

Recuerdos del ayer

Mario Rivarola (59) trabaja hace ya 40 años en el local. Recordó que ingresó como sanguchero a pocos días del mundial del 78.

“Antes el local era más grande y se modificaron algunas cosas, pero se conservan otras como el estilo de la barra, las mesas y las sillas, las paredes. Entrás y es como entrar a un lugar clásico de la década del 50, que mantiene su esencia, pero que se adaptó a los cambios”, contó.

Recordó que fueron varias las figuras que transitaron por ese local. Una de las más memorables entre los trabajadores era la de Mandové Pedrozo, cuyo arte se mantiene en las paredes del bar.

“La lista de personalidades que pasó por el bar es enorme. Todo Posadas vino en algún momento a este lugar que es histórico”, consideró.

Y en el medio hubo que sortear algunas crisis. Mario enfatizó en dos puntualmente: la del 2001 y la de la pandemia.

“En 2001 fue una situación muy crítica, con mucho miedo a lo que podía pasar porque hubo una merma en la concurrencia y no se sabía qué iba a pasar. Pero gracias al esfuerzo de los dueños se pudo mantener en pie y preservar los puestos de trabajo. Y por otro lado, también la pandemia, porque no estaba abierto el bar, hasta que reabrió paulatinamente y se fueron extendiendo los horarios”, dijo.

Más allá de eso, el local se mantuvo en pie y se adaptó a los nuevos tiempos, modernizándose, pero manteniendo dos ejes: la calidad y la tradición.

“La calidad sigue siendo la misma, es el mismo estilo de comida, y tratar bien a los clientes, siempre con una sonrisa es fundamental. Eso sigue desde el primer día”, aseveró Mario.

Por su parte, Orué acotó: “Han pasado generaciones por el bar. Suelo escuchar anécdotas de personas que venían con sus abuelos y ahora vienen con sus nietos. Una de las principales características es que la cocina está siempre abierta y lo que pida de la carta estará servido en la mesa. Pero indudablemente es parte de la historia de la ciudad”.

 

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