Entrevista con Ana Camblong, doctora en Letras

“Habitamos un espacio polifónico, intercultural y de longevos mestizajes”

La investigadora señaló que para abordar la variedad y mixturas de la composición poblacional de nuestro hábitat, “tenemos que procurar conceptos flexibles, polimodales y abiertos” que escapen a la lógica de las rigideces
domingo 28 de junio de 2026 | 6:05hs.
La docente investigadora Ana Camblong resaltó la heterogeneidad del habla misionera. Foto: El Territorio
La docente investigadora Ana Camblong resaltó la heterogeneidad del habla misionera. Foto: El Territorio

El modo en que hablamos refleja una manera de estar en el mundo. Nos trae al presente una historia de encuentros entre culturas, migraciones y pertenencias. En Misiones, donde todo es frontera, la lengua adquiere matices propios que se reconocen en la cadencia, el vocabulario y los modos de decir.

Para profundizar sobre las características del habla misionera, entrevistamos a Ana Camblong, doctora en Letras.

La especialista reflexionó sobre estas particularidades del habla misionera, los procesos históricos y culturales que la configuraron, el valor de los modismos locales y los desafíos que plantean las transformaciones del lenguaje en la era digital.

¿Cómo hablamos los misioneros? ¿Se nos reconoce fácilmente al hablar? ¿Cuáles son los rasgos más reconocibles?

Todas las comunidades, todas las culturas, todos los grupos poseen modalidades diversas de habla. Hábitos distintos, maneras diferentes de hablar que se aprenden desde la cuna y se siguen aprendiendo toda la vida. Una misma lengua tiene innumerables variantes y diversas características. Las ‘diferencias’ se perciben en los contrastes y en las comparaciones. Las distinciones podrán resultar más expuestas o notables de acuerdo con los interlocutores.

El habla adopta modos, tonos, vocabulario, sintaxis y cadencias, no solo por el lugar del que proviene, sino también por otros factores, como las pertenencias sociales, grados de escolaridad, edades, modas, etc. En este marco general, ‘nuestro modo’ de hablar también posee rasgos distintivos reconocibles. Pero hay que tener en cuenta que la jurisdicción provincial de Misiones no posee una única versión homogénea y estática, sino que se caracteriza por presentar muchas variantes en constante movimiento, expuestas a cambios y transformaciones.

El caso del habla misionera es muy heterogénea, aunque alguien de “otro lugar” perciba la diferencia por la cadencia y el ritmo. Como se sabe, los habitantes de la frontera con Brasil, hablantes de portuñol, poseen rasgos diferentes a los habitantes de la frontera con Paraguay, muchos hablantes de guaraní, y también respecto de los habitantes de la zona Sur. Estos habitantes, aunque no hablen portuñol o guaraní, hablan español con marcas y acentos diferentes. Habitamos un espacio polifónico, intercultural y de longevos mestizajes.

¿Cómo se construyó históricamente ese modo de hablar? ¿Qué influencias culturales, lingüísticas y sociales fueron moldeando nuestra forma de expresarnos?

Nuestras investigaciones no sustraen el lenguaje de sus entornos. Utilizamos el concepto ‘paisaje biosemiótico’ con miras a indagar significaciones y sentidos de todos los signos, entre ellos el lenguaje, inmersos en una memoria comunitaria y en un flujo integral de modos-de-vida que no escinden naturaleza y cultura. Entonces, los procesos históricos son muy relevantes. El devenir pone en interacción no solo contactos lingüísticos, sino encuentros, desencuentros, mestizajes, hibridaciones y fusiones socioculturales. En este sentido, intentaré bosquejar una riesgosa síntesis del dilatado proceso. Por un lado, habitamos espacios de ancestrales presencias de la cultura Guaraní (en un sentido amplio), con sus variantes. Esta pertenencia deja su impronta principalmente en la cadencia del discurso, en el ritmo y en marcas sintácticas y léxicas. A la vez, hablamos español, como resultado del coloniaje y adoptado como ‘lengua oficial’ por el Estado-Nación. Hablamos una variante estándar ‘argentina’ difundida y sostenida por el sistema educativo. Cabe indicar, al mismo tiempo, que utilizamos algunos giros o vocablos arcaizantes, vestigios del español antiguo, esto sucede por tratarse de poblaciones que permanecieron en zonas distantes y de borde. Luego, a fines del siglo XIX y principios del XX se incorporan contingentes inmigrantes alemanes, polacos, ucranianos, rusos, suecos, suizos, italianos, españoles, japoneses, coreanos, etc. Cada grupo adoptó diferentes decisiones respecto de la lengua de origen y de sus costumbres. Algunos mantuvieron la lengua, la enseñaron a sus proles, formaron comunidades con sus propias escuelas o iglesias, mientras que otros grupos, decidieron no enseñar la lengua inmigrante a sus hijos/as con miras a facilitar su integración sociocultural. En realidad, cada grupo merece una investigación particular, porque las generalizaciones desconocen la gran variedad de estrategias y decisiones prácticas adoptadas por los inmigrantes protagonistas de una extrañeza profunda y de un cruel desamparo. Los descendientes de los distintos grupos, aunque no hablen la lengua inmigrante, conviven en una ‘matriz familiar’ en la que se preservan palabras, cantos, comidas, modalidades cotidianas que dejan su impronta en los desempeños tanto lingüísticos como de modales. Para poner en relieve estas situaciones, utilizamos el concepto ‘horizonte familiar intercultural’. A esta trama abigarrada, compleja y multiforme, debemos integrar las migraciones internas de entrerrianos, santafecinos, cordobeses, correntinos, chaqueños y santiagueños que se establecieron para cubrir puestos bancarios, docentes, administrativos, judiciales, etc. de un distrito joven en desarrollo con alternativas laborales interesantes.

¿Qué son los modismos? ¿De qué manera los modismos ayudan a expresar nuestro mundo cercano, nuestra cultura y nuestra identidad?

Los modismos son giros o frases de uso coloquial cuya significación no remite a cada vocablo, sino que adquiere un sentido integral. Cada grupo, cada familia, cada cultura, genera modismos que muchas veces resultan enigmáticos para “los de afuera”, extraños, extranjeros. Consigno algunos ejemplos de nuestro cotidiano: ya da ya; no da gusto mismo; ahora después; cuando indicamos algo decimos: sin ser esta la otra; demasiado amarillento; estar de balde; no me hallo, mismo, etc. Se usa “mismo” para dar énfasis al sentido. Algunas frases indican un suceso: cayó el pindó por tu cabeza, le cortó el rostro, le arrastra el ala, etc. Algunos dichos dejan de tener vigencia y quedan en el habla de generaciones anteriores.

En lugar de “identidad”, usamos ‘configuraciones biosemióticas’, con el fin de evitar la rigidez del principio lógico de Identidad: A es A. Esta intervención de la lógica tradicional cierra los procesos socioculturales sobre sí mismos y los vuelve estrictos e intolerantes con las mezclas y los mestizajes. Si nos hacemos cargo de la tremenda variedad y mixturas de la composición poblacional de nuestro hábitat, tenemos que procurar conceptos flexibles, polimodales y abiertos.

La cultura occidental, principalmente la Era Moderna, utilizó el cepo de la identidad para colonizar, discriminar y utilizar la lengua como una determinante de pertenencia. Podríamos traer a colación las palabras idioma, idiosincrasia, idiolecto e idiota, cuya raíz griega -idio- preserva el gesto de ensimismamiento sobre lo mismo, evitando percibir, concebir y aceptar lo diferente. Una lógica que se cierra hacia la repetición infinita de lo mismo… Esto resulta bastante deshistorizado, digno de reflexión y crítica. No obstante, aunque no se lo cuestione y se lo adopte como premisa ideológica, la mera vida de las comunidades, lo arrastra, lo transforma y lo desmiente.

El lenguaje está en permanente transformación. En la era digital, ¿qué tensiones o cambios observa en nuestras maneras de hablar?

Por supuesto que la Era Digital, las Culturas Cibernéticas, las Redes sociales-electrónicas, la IA, se incorporan a nuestras experiencias cotidianas y se plasman de diversas maneras en nuestro lenguaje. Nuevamente debo insistir, no incide de la misma forma, ni con la misma intensidad, en un/a abuela que en sus nietos. No es lo mismo el caso de un ingeniero en sistema que otras profesiones; no es pareja la incidencia de estos factores en un hablante de zonas rurales, que en un habitante de una gran urbe cosmopolita.

Las tensiones más frecuentes emergen en el vocabulario, con profusión de préstamos del inglés, y en la referencia a funciones y procesos poco conocidos para mucha gente. La franja etaria adquirió singular relevancia entre niños, adolescentes y jóvenes, respecto de generaciones anteriores. Estas brechas biosemióticas son experiencias transversales de la convivencia y motivo de constantes conversaciones, discusiones y explicaciones.

¿Cree que deberíamos cuidar y preservar estas particularidades que nos constituyen? ¿Piensa que podremos sostenerlas en el tiempo o que tenderán a diluirse en una cultura cada vez más homogénea?

Los procesos socioculturales, lingüísticos, no dependen de voluntades individuales, sino de comunidades adoptando infinitos modos-de-vida. La duración, la estabilidad, la preservación y las transformaciones de esas infinitas ‘configuraciones biosemióticas’ permanecen sujetas a innúmeros componentes y acontecimientos. Es por eso que resulta al menos imprudente, creer que podemos determinar los avatares futuros. Tampoco sabemos con certeza por qué habríamos de preservar “esta manera de hablar”, cuando las circunstancias podrán solicitar otras modalidades. Así como se dice que transitamos la Era Digital, también atravesamos tiempos de inquietantes incertidumbres en casi todos los ordenamientos y valores de nuestras existencias.

Las tecnologías imponen cambios que provocan turbulencias, desconciertos, desasosiegos y a la vez, euforias, fanatismos y audacias. Los procesos globalizantes pugnan por homogeneizar el planeta e intervenir en las modelaciones culturales. Esto es efectivamente así y han conseguido ciertos logros. Simultáneamente, la imaginación creativa y potente de las comunidades de todo tipo, ejerce con desparpajo su derecho a “hacer lo que se le da la gana”.

Esta breve sentencia coloquial, sustento de deseos, de placeres, de solidaria empatía y de libertad, procede en continuidad experiencial y cósmica, quizá con la potencia suficiente como para preservar la diversidad y salvar la especie humana, demasiado humana.

Perfil Ana Camblong Doctora en Letras (UBA)

Profesora Emérita Universidad Nacional de Misiones

Directora del Laboratorio de Semiótica – Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Unam – Cátedra Unesco.

Un muy breve diccionario misionero

De acuerdo a las fuentes escritas y orales consultadas para este informe, y también con un espacio para lo lúdico, proponemos el muy breve diccionario misionero, para lucirse con amigos y para completar con otros términos y frases:

-Acompañado: que vive en concubinato

-Pasar agosto: superar una crisis

Bichera: gusanera

-Cachapecero: que conduce el cachapé, carro rústico tirado por bueyes

-Capichua: Juego de destreza de agarrar piedritas con la mano.

-Carayá: Restos de comida que luego se aprovecha.

-Contrata: Contratación, especialmente en empleos temporales

-Fiebre del monte: Ansias desmedidas de apropiarse de la selva y explotarla

-Judear: Maltratar

-Mulamberto: Persona sucia o andrajosa.

-Ojear: Mirar fuerte y desear el mal.

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