Rugby, pasión sin fecha de vencimiento

Una vida entre tackles y convicciones

Mientras muchos de sus compañeros ya dejaron la actividad, Nicolás Palaguerra continúa compitiendo en el exigente Regional A de rugby. Una rutina que desafía el paso del tiempo
domingo 21 de junio de 2026 | 6:05hs.
Palaguerra, un ejemplo de vigencia en el rugby. Foto: Jorge Acosta
Palaguerra, un ejemplo de vigencia en el rugby. Foto: Jorge Acosta

Cuando se habla de deportistas que logran mantenerse competitivos después de los 38 años, suelen aparecer nombres de figuras internacionales, respaldadas por equipos multidisciplinarios, tecnología de punta y recursos económicos que permiten prolongar carreras profesionales. Sin embargo, lejos de los grandes escenarios y los contratos millonarios, existen historias que reflejan el mismo fenómeno desde otra realidad.

Una de ellas es la de Nicolás Palaguerra. Posadeño, jugador de Capri y actual integrante del plantel que compite en el Regional A de rugby, sigue formando parte de uno de los torneos más competitivos de la región a los 41 años.

“Todavía me mantengo porque nunca dejé. Creo que si seguí jugando fue justamente por eso, porque nunca paré”, resumió.

Su historia dentro del rugby comenzó de manera poco convencional. A diferencia de muchos jugadores que se inician desde niños en las divisiones infantiles, Palaguerra llegó al deporte cerca de los 20 años. Estudiaba gastronomía cuando conoció a dos rugbiers de Capri que lo invitaron a entrenar.

“Empecé grande. No sabía nada del juego, ni las posiciones ni para dónde correr. Me prestaron unos botines y una camiseta que me quedaba enorme y así arranqué”, recordó entre risas.

Empezó a mirar partidos, estudiar posiciones y aprender observando a jugadores más experimentados. Con el tiempo encontró su lugar dentro de la cancha.

“Lo mejor que podés hacer cuando no sabés nada es mirar rugby. Mirar cómo juega alguien de tu posición, qué hace y qué no hace. Así fui aprendiendo”.

Hoy, mientras muchos compañeros de generación ya colgaron los botines, él continúa entrenando y compitiendo contra jugadores mucho más jóvenes.

“No hago nada raro. Voy al gimnasio tres o cuatro veces por semana, entreno con el equipo, trato de comer bien, descansar y ser constante”.

Su receta coincide con buena parte de los principios que hoy destacan los especialistas en rendimiento deportivo. “Lo más importante es no parar. Cuando sos más grande cuesta mucho volver. El año pasado dejé de entrenar unos meses por cuestiones laborales y cuando volví a la pretemporada sufrí muchísimo. Ahí me prometí no dejar más”, aseguró.

En el rugby regional, donde la mayoría de los jugadores deben sostener empleos paralelos para financiar su actividad deportiva, mantenerse competitivo después de los 40 implica un desafío aún mayor. Los entrenamientos conviven con horarios laborales, responsabilidades familiares y gastos que muchas veces salen del bolsillo de los propios deportistas.

Palaguerra conoce bien esa realidad. Tiene trabajo, una hija y una rutina cotidiana similar a la de cualquier adulto. Sin embargo, nunca permitió que esas responsabilidades significaran el final de su carrera deportiva.

“Tengo familia, tengo trabajo, tengo obligaciones como cualquiera. Pero siempre encontré la manera de estar. Hay miles de excusas válidas para no venir, pero el club sigue estando. Y yo quiero seguir estando también”, afirmó.

Capri se transformó en mucho más que un lugar para jugar al rugby. Allí construyó amistades, atravesó distintas etapas de la vida y encontró una comunidad que lo acompañó durante más de dos décadas.

“Lo más lindo son las personas que conocés. Los amigos, los viajes, las experiencias. Muchos de los que empezamos ya no están jugando, pero las amistades quedan para siempre”.

Dentro del plantel también asumió un rol diferente. Si en sus primeros años era el joven que observaba y aprendía de los referentes, hoy es uno de los experimentados que intenta transmitir esa cultura a las nuevas generaciones.

“Antes entrar al grupo era mucho más difícil. Nosotros tratamos de integrar a todos porque necesitamos que los chicos se queden, que se enganchen con el club y con el deporte”.

La permanencia también exige adaptaciones. Con el paso de los años fue modificando posiciones dentro de la cancha y aprendió a administrar mejor las cargas físicas. Actualmente alterna funciones como segunda y tercera línea, puestos que demandan fortaleza física y una gran capacidad de sacrificio.

Sin embargo, asegura que el mayor combustible sigue siendo emocional.

Uno de los recuerdos más vivos de su carrera ocurrió cuando recibió la noticia de que sería titular en Primera División en un partido frente a Curne, uno de los equipos históricos del rugby regional.

“Sentí una adrenalina que nunca me voy a olvidar. Para mí era un sueño jugar al lado de esos jugadores que admiraba. Son sensaciones que no se pueden explicar”.

“Mientras me siga divirtiendo voy a seguir. El día que deje de disfrutarlo será otra historia”, aseguró.

Detrás de cada entrenamiento, de cada golpe y de cada fin de semana dedicado al rugby, existe una decisión consciente de seguir haciendo aquello que le da sentido a una parte importante de su vida.

“El cuerpo algún día me va a pasar factura, seguro. Pero cuando eso ocurra voy a saber que me divertí haciendo lo que me gusta. Lo que sentís dentro de una cancha no lo encontrás en otro lado. Por eso sigo acá”.

A los 41 años, Nicolás Palaguerra continúa enfrentando rivales más jóvenes en uno de los torneos más exigentes del nordeste argentino. Su historia confirma que la barrera del tiempo ya no se mide únicamente con la edad, sino con la capacidad de sostener una pasión durante toda una vida.

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