Edelina Méndes tiene 52 años y su madre y sus hijas también se unieron al oficio

Entre hilos, paciencia y pasión halló una forma de vivir y crear

La emprendedora de San Pedro aprendió a tejer en la escuela primaria y convirtió esa habilidad en un oficio familiar que hoy le permite crear piezas artesanales
domingo 02 de agosto de 2026 | 6:05hs.
Edelina aprendió a tajer en su querida primaria, la Escuela 144.  Foto: Carina Martínez
Edelina aprendió a tajer en su querida primaria, la Escuela 144. Foto: Carina Martínez

Hay personas que transforman un simple hilo en una obra de arte. Otras, además, convierten ese mismo hilo en una vía que une generaciones, calma las preocupaciones y lleva sonrisas a quienes reciben una creación hecha a mano, tal como Edelina Méndes, una vecina de San Pedro de 52 años que encontró en el tejido mucho más que un oficio, descubrió un espacio donde el tiempo se detiene y la creatividad cobra vida.

La mayor parte de sus días transcurren entre agujas, ovillos y una concentración absoluta. De sus manos nacen carpetas, centros de mesa, manteles, colchas, muñecos tejidos, llaveros personalizados, souvenirs y un sinfín de artículos que llegan a distintos puntos del país para decorar hogares o convertirse en regalos cargados de dedicación.

Su pasión por este arte creativo, se puede observar en cada rincón de su local comercial y la satisfacción de haberlo creado se expresa en su semblante alegre y complacido, entorno en el que recibió a El Territorio para contar cómo nació este vínculo. “Hace mucho tiempo que empecé a trabajar con tejido, me encanta y hago muchas cositas. A la gente le gusta, compra, lleva para regalo. Hago centro de mesa, colchas, manteles, todo lo que hay de tejido, lo que se imaginan, por pedido hacemos todo”, contó con una sonrisa.

Su historia comenzó en las aulas de la Escuela 144, donde cursó la primaria. A diferencia de muchas tejedoras que heredaron el oficio de sus abuelas o madres, Edelina dio sus primeros puntos en la escuela. Con el paso de los años alimentó esa pasión de manera autodidacta. “Aprendí primero en la escuela y después con los tutoriales y libros que compré. Siempre compré libros de tejido. Cada día en el tejido se aprenden cosas nuevas, puntos nuevos”, recordó.

Ese deseo de aprender la llevó a perfeccionarse constantemente. Cada diseño nuevo representa un desafío que enfrenta con paciencia y dedicación porque son horas y horas de concentración para lograr que el entrelazado quede perfecto.

“Yo, por ejemplo, anoto todo. Tengo mi cuaderno de tejido donde anoto todos los puntos, porque te equivocaste en uno y tu tejido salió nada que ver con lo que tenía que salir. Hay que prestar mucha atención. Si estás tejiendo y alguien te habla... primero termino el tejido y después te hablo”, explicó.

Con el tiempo, el pasatiempo se convirtió también en un sustento económico. Aunque reconoció que la venta depende mucho de la temporada, sus trabajos cruzan las fronteras de San Pedro y llegan incluso hasta Buenos Aires. “Gente de afuera sí lleva, hacen pedidos”, señaló.

Sin embargo, para Edelina el mayor valor del tejido no se mide en ventas. Cada puntada representa un momento de tranquilidad en medio del ritmo cotidiano. “A mí me relaja mucho eso. Hoy en día todo el mundo tiene problemas, entonces yo me siento y, aunque a veces me lleva horas hacer las cosas, me distrae y es mi pasatiempo”, aseguró.

Y agregó una frase que resumió perfectamente lo que significa este arte en su vida: “Estoy tejiendo y estoy bien. No hay problema mientras estoy tejiendo, todo bien”.

También sus dos hijas aprendieron el oficio y hoy trabajan junto a ella en la confección de llaveros personalizados, servilleteros para cumpleaños y distintos recuerdos para eventos. La labor ya es legado familiar. La historia tiene incluso un capítulo inesperado. Durante años, su madre nunca mostró interés por el tejido, sin embargo, al observar el entusiasmo de Edelina y la belleza de cada trabajo terminado, decidió aprender y hoy también forma parte de ese universo de agujas e hilos.

Entre los trabajos que más disfruta realizar aparecen los llaveros, los centros de mesa y los muñecos tejidos, muchos de ellos creados a partir de tutoriales que adapta y conserva cuidadosamente para repetirlos cuando vuelven a solicitarlos.

“El otro día me pidieron unos muñecos que yo no conocía; les dije que me pasaran una foto y el tutorial. Se fueron todos al Sur para regalar porque allá no se consiguen esa clase de regalos”, relató.

Aunque disfruta profundamente de lo que hace, reconoció que el trabajo artesanal muchas veces no recibe el reconocimiento que merece. Con más de media vida dedicada a este oficio, Edelina demuestra que tejer es mucho más que enlazar puntos. Es crear, enseñar, compartir, emprender y encontrar serenidad en cada nueva pieza que comienza.

Para conocerla

Contacto. Quienes deseen conocer su trabajo o realizar pedidos pueden comunicarse al 3751-351854 o acercarse a su local ubicado en avenida Güemes 768, en San Pedro.

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