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Crudo testimonio de una sobreviviente de violencia de género

“Me quiso cortar el cuello, pero le empujé y ahí me hincó la panza”

Viviana fue apuñalada por su ex Fabián Britos, varias veces denunciado. El agresor fue condenado a 15 años y pronto saldría en transitoria, lo que genera terror en la víctima

domingo 30 de julio de 2023 | 6:05hs.
“Me quiso cortar el cuello, pero le empujé y ahí me hincó la panza”
Los 37 puntos de sutura en la panza de Viviana son marcas que quedarán por el resto de la vida de la mujer. Foto: a. Wereszczuk
Los 37 puntos de sutura en la panza de Viviana son marcas que quedarán por el resto de la vida de la mujer. Foto: a. Wereszczuk

El 5 de agosto de 2015 está grabado como una marca indeleble en la mente y el cuerpo de Viviana Beatriz Leske (38). Imposible olvidar los sucesos de aquella tarde, cuando su ex concubino Fabián Britos (50) la emboscó en la plaza del barrio 70 Viviendas, de Oberá, y le asestó una puñalada en el estómago.

Los 37 puntos en la panza y las recurrentes pesadillas que la sobresaltan por las madrugadas se encaprichan en recordarle el horror y la impotencia que sintió ante la inminencia de la muerte.

“Sentía el calor de la sangre chorreando y cada vez me sentía más débil. Me desesperaba porque pensaba en mis hijos, qué sería de ellos si me moría”, recordó a poco de cumplirse ocho años del brutal ataque.

Ni siquiera seis denuncias previas por golpes y amenazas de muerte ni la exclusión de hogar y prohibición de acercamiento dictada semanas antes por la Justicia impidieron que Britos la apuñalara.

En trece años de convivencia la pareja tuvo cinco hijos, mientras que ella tiene un varón de una relación anterior, los cuales también padecieron la violencia a manos de su padrastro.

En abril de 2017 el implicado reconoció su culpabilidad en juicio abreviado y el Tribunal Penal Uno de Oberá lo sentenció a 15 años de cárcel por “homicidio calificado por violencia de género en grado de tentativa, y amenaza con arma blanca y lesiones leves reiteradas”.

Britos se halla alojado en la Unidad Penal II de Oberá y si bien recién en agosto de 2030 se dará por cumplida la pena, por el tiempo transcurrido tras las rejas ya comenzaron a evaluar el beneficio de las salidas transitorias, lo que revivió los peores temores de Leske.

“Me tiene bronca”

En diálogo con El Territorio, la mujer recordó detalles del hecho que casi le costó la vida y reconoció que teme represalias por parte de su ex concubino. Tampoco es un dato menor que Britos ya purgó una primera condena por lesiones graves en perjuicio de una anterior pareja.

“Me llamaron del Tribunal y me avisaron que están por darle salidas transitorias, pero todavía no tienen fecha. Me preguntaron si estoy de acuerdo o no, y claro que no estoy de acuerdo. Tengo mucho miedo, terror. De sólo pensar que salga me empieza a doler la panza por los nervios”, reconoció con evidente angustia.

En tal sentido, manifestó que en el caso de que su ex obtenga el beneficio, solicitará que le provean de botón antipánico y establezcan una prohibición de acercamiento.

“Aunque cuando me apuñaló tenía restricción y no respetó nada. Él es un peligro y ya demostró varias veces; por eso si sale, me mata”, alertó.

Asimismo, comentó que en varias ocasiones Britos se contactó con familiares para pedirles que intervengan para convencer a Leske que permita que sus hijos lo visiten en la cárcel. 

En tal sentido, preció que “hace poco le llamó a mi tío porque quiere ver a los hijos y dijo que por mi culpa no les puede ver. Pero pienso que si de verdad les quisiera, no habría hecho lo que hizo. Aparte con lo que dijo quiere decir que me tiene bronca”.

Lo cierto es que el condenado se halla en fase de confianza y, según el régimen carcelario, en poco tiempo podría gozar de salidas transitorias.

“Me enteré que en la cárcel se hizo creyente, y pensar que antes cuando yo iba a la iglesia él se burlaba y decía que nunca se iba a arrodillar para un pastor”, señaló la víctima.

Ataque planificado

Hoy el hijo más chico de Britos tiene 10 años y “no le conoce al papá”, según mencionó la madre, ya que tenía un año y medio cuando detuvieron a su progenitor.

Los otros hijos, en cambio, recuerdan el maltrato: “Una vez llegó borracho le pegó a la nena mayor con un palo de escoba. Lo que más me dolía era cuando les pegaba a los chicos”.

Aseguró que los vecinos jamás se metieron, aunque muchas veces fueron testigos de la violencia verbal y física a la que estaba sometida junto con sus chicos.

“Yo aguantaba porque pensaba que iba a cambiar. Pero, sobre todo creía que si lo dejaba mis hijos me iban agarrar bronca. Siempre aguanté por ellos, por mis hijos, para que crezcan con un padre”, reconoció.

A mediados de 2015 Leske denunció a Britos por golpear a su hijo mayor. Por aquel episodio el hombre apenas estuvo preso una semana, pero ya no regresó a la casa por la restricción impuesta. Ahí juró venganza.

El 19 de julio irrumpió en la vivienda de los padres de Leske con un puñal, aunque ella logró escapar por una ventana. Entonces el violento descargó su ira lesionando a sus ex suegros.

El hecho derivó en una nueva denuncia, pero Britos ni siquiera habría sido notificado y tuvo vía libre para abordar a su ex pareja.

Con absoluta impunidad planificó el ataque que concretó la tarde del 5 de agosto de 2015 en la plaza del barrio 70 Viviendas de Villa Lindstrom.

“Mi nene más grande estaba jugando a la pelota en la plaza y no volvía, entonces le fui a buscar y ahí (Britos) aprovechó para hincarme”, rememoró.

Recuerdo del horror

Al agresor no le importó que había niños jugando en el lugar ni adultos que resultaron testigos del hecho.

“Llegué a la plaza y él apareció de golpe, se ve que estaba mangueando. Me agarró de un brazo y me hizo sentar en un banco. Me preguntaba por qué le denuncié, me decía barbaridades. En un momento sacó el cuchillo y de una me quiso cortar el cuello, pero le empujé y ahí me hincó en la panza. Si no, me cortaba el cuello, como él quería, y me mataba ahí”, aseguró.

Un instante de incredulidad, después la desesperación ante la posibilidad del peor desenlace.

“En el momento no dolió, ni cuando hincó ni cuando sacó el cuchillo. Dolió después, cuando empezó a sangrar”, precisó.

Tras el ataque Britos escapó corriendo con dirección a San Miguel, mientras que sus hijos -testigos del ataque- fueron a pedir ayuda a la casa de sus abuelos.

Por fortuna, por esos días un hermano de Leske que reside en la provincia de Santa Cruz estaba de visita en Oberá y disponía de movilidad, lo que terminó salvando la vida a la víctima.

“Después los médicos me dijeron que menos mal mi hermano me llevó rápido, porque si tardaba un minuto más me moría desangrada porque me perforó el hígado”, aseguró.

Al momento del hecho el agresor era referente tarefero de Oberá y permaneció prófugo cinco días.

A poco de cumplirse ocho años del ataque, Leske aún padece secuelas físicas por una hernia abdominal sobre la cicatriz de la puñalada, lo que requiere una intervención varias veces postergada.

“Es algo que molesta y cuando hay humedad me duele mucho. Ojalá que este año salga la operación porque ya pasó mucho tiempo”, opinó con razón.

 

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