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Opinión

Lo simple y lo complejo de la democracia

domingo 29 de octubre de 2023 | 5:02hs.
Lo simple y lo complejo de la democracia
Lo simple y lo complejo de la democracia

Por Hugo Passalacqua Diputado provincial y gobernador electo

La invitación a reflexionar la democracia moviliza estructuras que en primera instancia parecen inertes. Como si se propusiera pensar en detalle la acción de respirar: está tan incorporada que parece automática. Una obviedad. Pero, tras repasar cada uno de los complejos mecanismos que se suceden de forma ordenada en el cuerpo para que se concrete; resulta sorprendente que la vida transcurra en nuestro interior como dada por hecho mientras, así de simple pareciera todo pese a la complejidad implícita.

Algo parecido se da con el sistema democrático: es el hábitat natural de nuestros días, nuestros vínculos, nuestros sueños y nuestras esperanzas. Sin embargo, la democracia que ocupamos y ejercemos tiene apenas cuarenta años. Todavía crece, se transforma. Por ello se antoja de vital importancia el debate de su origen y su destino; recordar el precio fatal que tuvimos que pagar los argentinos para conseguirla y la necesidad -siempre urgente- de seguir avivando su llama.

La feroz dictadura cívico-militar que tomó el poder en 1976 en Argentina ultrajó de todas las formas posibles la noción de Estado. Otrora garante de derechos, lo volvió contra el mandato más sagrado de su concepción: cuidar a su gente. En ese marco de violencia cruzada entre facciones en vez de poner el eje en la Justicia ese Estado, ya sin Ley, se convirtió en una monstruosa máquina de persecución y exterminio sistemáticos hacia todos los que se opusieran (o fueran potenciales pensadores críticos) a aquel régimen que sumió al país en una catástrofe económica y social sin precedentes.

El saldo: miles y miles de desaparecidos. Parejas, amigos y familiares que no volvieron. Vivir con miedo de salir. Vivir con miedo de hablar. Vivir con miedo de vivir.

Así y todo, la pulsión innata y desbordante de libertad del pueblo argentino fue más fuerte: las luchas juveniles, sindicales y populares se hicieron cada vez más visibles y resistentes. A fuerza de valentía el pueblo de a pie, en conjunto, puso fin así en 1983 a la página más trágica de su historia.

Raúl Alfonsín fue, en este contexto, providencial. Luego vino el histórico Juicio a las Juntas, que encarriló el sistema sobre la base de valores éticos y rubricó el consenso supremo que nos rige como Nación: nunca más. Democracia siempre.

Cuarenta años después de aquella recuperación, el llamado de época en nuestra querida Argentina sigue siendo el mismo: mantenernos unidos siempre, pase lo que pase.

Quiso el destino que la celebración de este aniversario coincida con un año electoral. Quizá no sea un mero capricho del azar, sino la invitación concreta que necesitamos como país para meditar y poner de relieve la trascendencia de poder elegir. Poder seguir eligiendo.

En un país fragmentado, donde las mezquindades políticas polarizaron a la sociedad en bandos que parecen irreconciliables, es de vital importancia tender puentes que sanen las diferencias y nos permitan proyectar hacia adelante. Nuestra democracia es joven. Crece, se transforma. También, a veces, se equivoca: cada tiempo tiene sus demandas particulares y generales, no todas son escuchadas; algunas perduran insatisfechas desde aquellos oscuros años dictatoriales. Podemos tener nuestras diferencias, podemos discernir (¡eso también es democracia!), pero siempre teniendo en cuenta que la base sobre la que se erigen los cimientos de un pueblo venturoso es la democracia. Sin democracia, no se construye.

En Misiones, afortunadamente, el panorama es diametralmente opuesto a este escenario nacional “agrietado” hace años. Acá priorizamos ante todo el pacto de “unidad provincial”, que está en la genética del actual espacio gobernante, impulsado por el ingeniero Carlos Rovira, pero también en el espíritu democrático de las demás fuerzas políticas siempre firmes en sus convicciones diversas y a la vez respetuosas en los planteos. Sin embargo, esa dinámica no se reduce sólo al espectro político, sino que es más bien reflejo de la lección que da la sociedad misionera toda en el día a día; con el empuje, la garra y el espíritu innovador y solidario que nos caracteriza. Crece desde el pie, de abajo hacia arriba. Los misioneros entendemos que somos una gran familia, que de la adversidad se sale tirando juntos para adelante, y que el único vehículo capaz de atravesar cualquier obstáculo que se presente en el camino es la democracia. No existe otra incubadora posible para el crecimiento de una sociedad en paz, con respeto, armonía, afecto y concordia. Misiones se convirtió, involuntariamente, en un modesto ejemplo de "pueblo unido en la diversidad" que el país de a poco comienza a registrar. Que así sea.

 

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