“Me encomiendo a Dios pidiéndole que me cuide”

Domingo 29 de marzo de 2020 | 13:23hs.
El comercio en la capital misionera es clave para mover la economía de la ciudad. Sin embargo la gran mayoría está cerrado y pocos prestan servicios. Hoy se ven abiertos sólo los que venden comestibles y bebidas.
En ese sentido, los supermercados, hipermercados y almacenes son los locales que se ven con movimiento y a pesar que los empleados tienen miedo de salir de casa, saben de la importancia de seguir trabajando para que la gente pueda comprar comida.
Rocío (30) trabaja en el Hiper del Pollo y contó a El Territorio su experiencia sobre cómo vive estos días actividad. “Es difícil porque vos llegás y pensás todo el tiempo en lo que está pasando y uno acá está en contacto con mucha gente, agarrando plata. Es complicado saber que tenés a tu familia en tu casa que te espera. El miedo está todo el tiempo”, arrancó y agregó: “Acá nos cuidan mucho, nos dan toda la protección, como alcohol, guantes, barbijos, visera para taparnos la cara. Así que estamos tranquilos y cuidándonos entre nosotros, pero es todo complicado”.
Y en ese marco señaló que su fe y sus hijos son los que la mantienen fuerte cuando llega la hora de salir de casa a trabajar. “Cada mañana me despido de mis hijos y me encomiendo a Dios, pidiéndole que me cuide y me proteja a mí y a mis compañeros de trabajo para que estemos bien”.
Desde la firma comercial que tiene su sede principal por avenida Lavalle agregaron también que en estos días la demanda de productos a domicilio se disparó. 
“Se viralizó nuestro número para hacer delivery y de 30 pedidos que estábamos recibiendo pasamos a 300. Así que le pedimos a la gente que nos espere, que tenga paciencia y que reserve esa vía de comunicación para la gente que realmente no puede salir de la casa por ser grupo de riesgo”.

“Ya no hay abrazos al llegar a casa”

Néstor, colectivero.
El servicio de transporte urbano de Montecarlo, al igual que el de otras localidades, sigue funcionando de manera reducida y los más de 20 choferes que tiene la empresa local van rotando los turnos. El servicio se mantiene, principalmente para las personas que trabajan y pueden circular durante la cuarentena.
Néstor Weber (35) trabaja desde hace varios años en la empresa TUM, tiene dos hijos de 9 y 11 años y es consciente de todos los recaudos que debe tomar cuando vuelve a su casa.
“Soy uno más de los que debemos seguir adelante. En mi caso, como chofer del transporte público, que es uno de los servicios de carácter esencial en este momento. Me siento orgulloso de afrontar el servicio en mi ciudad, pero siempre con el temor de convivir con lo desconocido”, contó a El Territorio el trabajador del volante.
Respecto a la información que le llega sobre el Covid-19, Weber dijo: “Me informé con mucha cautela a través de la televisión, programas especiales, internet. Hablamos del tema en casa, más que nada con los chicos, porque ellos quieren saber el motivo de la suspensión de clases, el motivo del no salir a jugar con otros compañeros, también del motivo de por qué no nos pueden visitar parientes. Leímos un cuadernillo con información del virus y sus consecuencias”.
También evaluó la responsabilidad de la gente que aún sigue en la calle y de la tarea diaria que tienen él y sus compañeros de advertir a los pasajeros, de explicarles cómo se maneja el servicio ante esta situación, quiénes pueden viajar y quiénes no, pero asegura que un 90 por ciento contesta de mala manera o hacen caso omiso a todo.
“En el trabajo es más complicado. Al pasajero se le hace difícil comprender el estado de emergencia sanitaria. Les explicás la situación y siempre tienen una excusa o una sonrisa burlona a lo que se le explica. Me indigna que las personas mayores con vulnerabilidad siguen saliendo, jóvenes sin conciencia  y sin responsabilidad andan paseando”, se lamentó.
Y finalizó: “Ya no hay abrazos al llegar a casa, es ir derecho a una ducha, desinfectar los lugares y mantener la casa limpia, porque ellos, mi familia, sí están de cuarentena y yo vengo de afuera, porque tengo que seguir”. 

“Mucha gente depende de los motomandados”

Maxi, motomandado.
Uno de los trabajos que ganó relevancia en esta cuarentena obligatoria que hoy llega a su décimo día es el de los motomandados. 
Ellos son los que se encargan de evitar que la mayor parte de la población tenga que salir de sus casas o, en otros casos más extremos, son los que le brindan un servicio a aquellos que directamente no pueden salir de su hogar.
En ese contexto se mueven, yendo y viniendo de un punto a otro para trasladar los pedidos. Sin lugar a dudas es uno de los trabajos de riesgo en estos días de pandemia.
“Estamos trabajando mucho más desde que empezó la cuarentena”, aseguró Maximiliano Amores (26), de la empresa Motomandados, de Posadas. En cuanto a las medidas de seguridad que toma para realizar esta tarea, explicó que “trabajamos con barbijos y guantes. Yo no tengo miedo de contagiarme porque cumplo con las medidas de seguridad. Sí veo mucha gente mayor que tiene miedo, es en los que más se nota”. 
“La Policía nos para a cada rato, pero tenemos la autorización para circular”, contó sobre las vivencias en la calle. Para finalizar su charla con El Territorio, se refirió a la importancia de su  labor: “Trabajamos de esto y les cobramos, pero es cierto que hay mucha gente que prácticamente depende de los motomandados para su día a día”. 

“Acá no hay héroes, hacemos patria”

Recolectores de residuos.
La pandemia de coronavirus tomó por sorpresa a todos y son unos pocos los que prestan batalla cara a cara, con los miedos lógicos de la incertidumbre pero aportando ese granito de arena que promueve el orden en este escenario atípico. Los profesionales de la medicina y la seguridad se llevan buena parte del reconocimiento, pero vale decir que no están solos en esta pelea.
Al caer la noche, y hasta en pleno amanecer, hay guardianes que toman las calles con la importante tarea de limpiar el camino que da paso a la rutina diaria. Ellos son los recolectores de residuos, guardianes de la limpieza.
Marcelo Quintana (43) lleva 12 años trabajando como recolector. Antes de partir desde la base El Zaimán, el también padre de familia dialogó con El Territorio y contó cómo es trabajar en estos tiempos.
“Laburamos con miedo porque tenemos familias. Sólo esperamos que Dios tenga misericordia de nosotros”. Con esas palabras sensibles, Marcelo dejó en evidencia la preocupación de todo el personal, pero al mismo tiempo se apoyó en la fe, algo que volvió a recalcar: “Mis compañeros tratan de sobrellevar este tema que es muy delicado. Soy padre de familia, gracias a Dios mi señora Silvia y mi hija Luz, de 10 años, están haciendo la cuarentena, no quiero que salgan de casa; me toca entonces hacer las compras en el almacén. Tengo temor, no lo voy a negar. Mi nena llora cuando salgo de casa para que no me pase nada, y trato de transmitir esa emoción a los más jóvenes. Confío plenamente en Dios, él nos va a cuidar”.
Y habló sobre el trabajo del recolector: “El trabajo de recolector es muy sufrido, lidiamos con jeringas, excremento y basura insoportable; a veces hasta llevamos los olores a casa. Pero tomamos nuestras precauciones. No somos borrachos, no somos drogadictos ni analfabetos...somos gente sufrida, gente con título que no tuvo la oportunidad. Acá no hay héroes, hacemos patria por amor a nuestro pueblo”.

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