Ser médico: entre la vocación y el miedo

Domingo 29 de marzo de 2020
El sampedrino Cristian Cristaldo es médico clínico hace más de quince años. Su carrera fue puesta a prueba al poco tiempo de haberse recibido cuando debió asistir a las víctimas del tornado ocurrido en paraje Santa Rosa de San Pedro en 2009 y hoy la profesión lo pone ante un nuevo desafío: el coronavirus. El día a día se vive entre el miedo, la ansiedad y el constante cuidado sanitario para evitar ser un transmisor del virus.
Sus primeras experiencias fueron en la zona rural, en centros de atención primaria de la salud y en comunidades aborígenes; actuó en inundaciones y en la lucha contra el dengue.
“Los médicos estamos preparados para curar y uno se pone a pensar si te enfermás, si te morís o si llevás el virus a tu familia. Es inevitable sentir miedo, pero el amor que tenemos a lo que hacemos hace que sientas la necesidad de seguir”, indicó Cristaldo.
Entre el temor de ser contagiado y llegar a transmitir la enfermedad, lo que prevalece es la valentía y el anhelo de que en la localidad exista el menor número de pacientes con coronavirus, más aún tratándose de una localidad con recursos humanos y materiales muy limitados siendo necesario fijar prioridades. 
Una de las principales preocupaciones tiene que ver con los cuidados en el hospital Nivel I de San Pedro y las medidas de seguridad que regularmente utiliza el personal frente al alto nivel de contagio del Covid-19. 
La familia cumple un rol imprescindible en la vida de los médicos, en este caso parte de la fortaleza la encuentra en sus dos hijas y esposa Zulma. 
“Todo el aporte que pueda hacer la comunidad nos ayuda mucho y esto lo evitaremos si se toman en serio la cuarentena, no es para visitarse entre vecinos. Es importante que sepan que con nuestra capacidad de recursos estamos haciendo lo máximo, preparándonos para algo que no conocemos y jamás siquiera imaginé”, expresó Cristaldo, quien hace doce años es jefe de Zona Norte de Salud. 

“Físicamente estoy acá, mi corazón está en Argentina”

Sandra Besold es de El Soberbio pero trabaja en Brasil.
Sandra Besold es una médica misionera que desempeña su tarea en Brasil desde 2013, en las localidades del vecino país no muy alejadas a El Soberbio, de donde es oriunda y están su madre, sus hijos y su nieto. 
Actualmente se encuentra trabajando en Nova Candelaria en el estado de Rio Grande do Sul, un municipio de alrededor de 3.000 habitantes, en un centro que brinda atención primaria de la salud, una especie de Caps pero que allá se la conoce con el nombre de Estratégia Saúde da Família; asimismo hace guardias algunos días de la semana en un hospital de la ciudad de Crissiumal
Brasil registra miles de casos positivos y la cifra aumenta cada día notablemente; los muertos llegan a casi un centenar, no obstante, su presidente Jair Bolsonaro, no decretó la cuarentena y sigue subestimando el alcance de la enfermedad. “A partir de las manifestaciones del presidente Bolsonaro, que generó mucha polémica en el ambiente de salud y científico, por suerte los gobernadores se mantienen en sus decisiones y mantienen o aumentan las restricciones para contener a la pandemia”, dijo al respecto.
Sandra regresaba a su pueblo para ver a los suyos cada fin de semana pero cuando se endurecieron las restricciones en la frontera se tuvo que quedar del lado brasileño. Las emociones son encontradas, por un lado seguir brindando asistencia a la salud; y por el otro, extrañar a sus seres queridos.
“Siento culpa por no estar allá. Pensé en pasar la frontera pero sé que no le ayudaría a nadie, pondría más en riesgo a mi madre que tiene 80 años, a mis hijos y a mi nieto”, señaló. Sobre las medidas tomadas en Argentina, sostuvo: “La prevención es nuestra fortaleza. Mientras tanto sigo cumpliendo con mi profesión en este país que me adoptó con mucho cariño. Físicamente estoy acá pero mi corazón siempre está en Argentina”, expresó. 

Sergio Kosachik reparte los medicamentos a domicilio

Los trabajadores de salud pública son algunas de las más notables en estos tiempos de lucha contra el coronavirus. Es así que una de las acciones que encara el hospital Samic de Alem es llevar los medicamentos a domicilio a casi 1.000 pacientes que tienen un tratamiento prolongado y de esta manera evitar que esta población, en su gran mayoría ancianos o enfermos crónicos, salga de sus casas.
Sergio Kosachik (51) trabaja hace 30 años en el hospital y es quien con su automóvil particular realiza este delivery sanitario. “Hablamos con el director Matías Sebely y le dije que destinar una ambulancia para hacer esta recorrida era restar un recurso que por ahí se necesita para otra cosa, así que me hicieron una autorización para circular y salgo con mi auto”, contó.
Está casado con Mariela confesó que su hija Tania Evelyn (26) es “la que más se preocupa y tiene miedo, me llama cada rato, me manda mensajes. Le digo que estoy manejando y no me voy a chocar con el coronavirus”.

“Es un tema de solidaridad y compromiso con la profesión”

Olga Martínez (56) ejerce la enfermería en Salud Pública hace más de tres décadas y además lleva diez años brindando servicio en la farmacia del hospital de Candelaria. Hace seis años fue diagnosticada con cáncer de mama, por lo que la situación actual para ella es doblemente riesgosa, aunque en diálogo con El Territorio, aseguró que seguirá trabajando. 
“Yo sigo trabajando por voluntad propia, sin que nadie me obligue, es una decisión personal. Como el flujo de personas es menor porque sólo se atienden urgencias, pedí para seguir viniendo”, comentó.
La vocación de Olga está intacta y ahora más que nunca, “es cierto que el temor, pero también sé que es un tema de solidaridad, compañerismo y compromiso con la profesión que uno eligió”.
Olga es madre de cuatro hijos y dos son gendarmes, uno está en Misiones y el otro en Neuquén. “Eso sí me preocupa mucho más porque ellos están muy expuestos, tienen que estar en las rutas en los controles, con gente que no toma conciencia”, manifestó. 

“Es una guerra donde las balas las tira un virus invisible”

“Trato de vivir esta situación con tranquilidad, cumpliendo la función que corresponde en el hospital, tomando los recaudos necesarios como el uso del alcohol en gel, llevo mi propio aerosol  desinfectante de superficies a mano y barbijo. Mi mayor preocupación es ver demasiada gente que no cumple el aislamiento social, es algo que no se puede creer”, consideró Claudo Solís, médico clínico de Candelaria.
Agregó que están muy atentos a los pacientes que son hipertensos, diabéticos, que sufren epoc, asma o alguna otra enfermedad de base para que no queden sin su medicación y estar así protegidos e insistirles que son vulnerables y deben quedar en sus casas. 
“No tengo miedo, sólo recaudos, no sé cómo lo vivirán otros colegas ya que el médico está muy expuesto y puede convertirse en un contagiado o una fuente de contagio. Por eso es muy importante la protección que cada uno tome para evitar lo máximo posible todo eso”, expresó el médico. “Me siento como un soldado común que está en la trinchera aguardando el llamado si es necesario, ya que esto lo califico como una guerra, sólo que las balas son de un virus invisible que si nos alcanza puede hacer mucho daño”.

“Acá estamos, poniéndole el pecho a la situación”

 “Esta es una situación inédita, porque siempre tenemos mucho tránsito de pacientes. Ahora es un lugar vacío, prefiero mil veces tener un piso lleno, con gente hablando, es raro todo”, dice Mariela Leites, enfermera con 25 años de experiencia laboral. Los sanatorios ya no tienen la misma circulación de pacientes y se vive un ambiente de ansiedad que se mezcla con una tranquilidad excesiva. 
“El sanatorio es como mi casa. Tenemos un grupo de compañeras unidas, charlamos todos los días entre todos. Esta pandemia también hizo que la gente se vuelva más humanitaria, hay situaciones que te emocionan, que te hacen llorar. Me llegaron mensajes de tanta gente... es impresionante y así nos pasó a todos.  Nosotros llegamos al sanatorio y nos preguntamos cómo estamos todos, cómo anda la familia. Sabemos que estamos ante algo grave  y acá estamos, poniéndole el pecho a la situación.  Al principio uno veía lo que pasaba del otro lado del mundo y como todos decís ‘no, capaz no va a llegar, a nosotros no nos va a tocar’, pero nos tocó y tenemos que afrontar esto”.

“Tranquilos, nos guiamos con información oficial”

El médico gerente del sanatorio Iot, Guillermo Vymazal, también siente el cambio que se dio luego de los anuncios del gobierno. “Hace tres semanas se armó un comité de crisis en el sanatorio donde nos reunimos y vamos bajando protocolos de cómo deben protegerse los médicos y todo el personal”. 
“En la entrada hay una chica que le hace preguntas de rigor a los pacientes que van llegando y chequea la temperatura. Ella tiene una cofia, barbijo especial, botas y guantes, depende de qué rol cumpla cada personal es el equipo que tiene que utilizar. Hay un móvil en la puerta para atender a pacientes febriles,” contó Vymazal. Quedarse en casa es la mejor manera de prevención y por eso solamente se atienden situaciones graves a través de la guardia de emergencia. “El ambiente es un poco de ansiedad, esto de estar “guardado” genera un montón de sensaciones,  pero a la vez estamos tranquilos porque nos guiamos por la información oficial. El personal está preparado, informado y trata de dar contención a la gente que cree muchas cosas y viene nerviosa a hacerse atender”. 

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