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Una cultura puesta en valor

Lo afro, una herencia fronteriza que enriquece Misiones

Por muchos años oculta, por miedo al yugo esclavizante, la influencia de los afrodescendientes cobra más fuerza hoy

domingo 16 de julio de 2023 | 6:05hs.
Lo afro, una herencia fronteriza que enriquece Misiones
Nélida, una de las que reescribe la historia. Foto: Carina Martínez
Nélida, una de las que reescribe la historia. Foto: Carina Martínez

Por años invisibilizada, la cultura afro se preservó dentro de la selva misionera y mantuvo prácticas aún vigentes en la zona rural, especialmente.

Sus matices enriquecen el crisol cultural. La percusión, la comida, rituales religiosos, solidaridad y el cultivo de la tierra, son algunas de las riquezas que introdujeron en la Tierra Colorada, más precisamente en lugares fronterizos con Brasil. En  Misiones, la presencia de cultura afro tiene como origen dos factores, la frontera y la temprana abolición de Argentina en 1813 en comparación con Brasil, que fue el último país de la región en hacerlo en 1888.

Al avizorar la apertura en Argentina, los esclavos comenzaron a organizarse en lo que llamaban pequeños ‘quilombos’, grupos políticos que trabajaban en pos de la libertad. Así, la cercanía de Misiones con el vecino país hizo propicia la llegada de esclavizados que buscaban libertad.

“El ser humano no nace para ser esclavizado, los afrodescendientes buscaban esa merecida libertad y de diferentes haciendas se unían para huir juntos”, relató a historiadora Nélida Wisneske.

El plan de escape buscaba ser preciso, no huían entre ocho o nueve personas de una misma hacienda, sino uno o dos y por el camino se encontraban con pares de otros campos.

La selva le sirvió de refugio. En toda la zona de frontera compartida con Brasil estuvo marcada la presencia de afrodescendientes que devinieron de ese escape. San Pedro, Oberá, Alem, San Javier, fueron algunos. “Mi madre me contaba que su madre le contaba que por mucho tiempo estuvieron seguros en contacto con los pueblos originarios, ya que les tenían mucho miedo a los criollos, porque detrás de cada huida había una organización que respondía a los esclavizadores. Eso significaba muchas veces un castigo igual a la muerte y en el caso de las mujeres, violencia sexual, entonces los primeros en llegar se mantuvieron selva adentro”, explicó Nélida.

Vivían del cultivo colectivo e intercambiaban alimentos con los pueblos originarios, principalmente carne de cacería, según configuran historiadores. Además, de alguna manera el hecho de permanecer unidos y un tanto aislados permitió que no se perdieran rituales religiosos que habían sido prohibidos en Brasil y algunas comidas típicas, que incluían el caruru, hojas de mostaza, col, farofa y poroto como platos infaltables.

Otra de las particularidades y quizás una de las más destacadas fue la música: la percusión, los tambores a pesar de elegir mantenerse ocultos. “En esa huida no había tambores, hacían percusión en la mesa, y la transmisión de conocimientos, de cultura, de historia se hacía a través de versos y cantos”, detalló Wisneske.

Vivieron por muchos años de manera silenciosa, cargando con el temor de ser descubiertos, pese a que se encontraban en un territorio en el que ya no existía esclavitud. Recién cuando se decretó la abolición de la esclavitud en Brasil, muy de a poco comenzaron a interactuar con los criollos de cada lugar. 

La colonia Macaco en San Pedro, por ejemplo, debe su nombre al grupo homónimo de luchadores que resistían a la esclavitud y llegaron a la zona. Crearon la primera escuela y comenzaron a organizar sus fiestas. Para no llamar mucho la atención, las mujeres usaban un peinado “aplastado” que disimulaba lo rizado del cabello, tal como se ve en  fotos de época de los primeros alumnos de esa escuela.

Fue este grupo el que introdujo en la zona el concepto de ayutorio o ‘pugeirón’, entendido como “todos vamos a empujar o estirar para hacer determinada tarea”. Se trata de una práctica que hasta hoy se usa para apelar a la solidaridad para por ejemplo cosechar, poroto, caña de azúcar o levantar un galpón de tabaco.

Por medio del trabajo de descendientes de esas familias esclavas, como el caso de Nélida Wisneske, es que de a poco se reescribe esta historia y se descubren particularidades de una cultura que ahora es visibilizada y puesta en valor.

 

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