A casi 20 días del tornado, las huellas siguen visibles y una familia espera poder reconstruir su hogar
A casi 20 días del tornado que golpeó Cruce Caballero y sectores de colonia Alegría y Semillera, las huellas de aquella siesta del viernes 11 de septiembre siguen siendo difíciles de ignorar. Basta transitar por la zona para observar en el monte el camino que siguió el fenómeno, pero detrás de esa marca sobre el paisaje permanecen historias de familias que todavía intentan recuperarse.
En los primeros días, los árboles quebrados y arrancados de raíz, mostraron con crudeza la fuerza del viento. Hoy, buena parte de aquellos ejemplares de gran porte que quedaron dañados comienza a secarse. El verde va desapareciendo sobre una franja que alcanzó sectores de casi dos kilómetros de ancho y deja cada vez más definida una cicatriz en medio del monte.
El tornado provocó severos daños en viviendas, tendidos eléctricos, caminos, sectores productivos, y un hombre perdió la vida y unas 25 familias resultaron afectadas.
Con el paso de las semanas muchos pudieron reparar sus techos o reconstruir parte de lo perdido. Otras todavía no lograron regresar a sus hogares. Una de ellas es Sonia Billalba (33), su vivienda estaba ubicada a pocos metros de la ruta nacional 14, en el tramo afectado entre Cruce Caballero y Colonia Alegría. Allí vivía junto a su esposo y sus dos hijas, de siete y dos años.
Sonia no estaba en su casa cuando pasó el tornado. Un familiar le avisó lo que había ocurrido y regresó después. Lo que encontró al llegar fue difícil de asimilar. “Llegamos acá y esto era un desastre. Vos mirás ahora todo el monte echado, no ves nada, no tenés un árbol, una sombra, nada. Prácticamente esto destrozó todo” indicó con cierta impotencia.
Su vivienda quedó completamente destruida. Parte de la estructura fue arrastrada por el viento y las chapas desaparecieron. Lo que durante años habían conseguido con el trabajo de la familia quedó esparcido entre los restos. “Lamentablemente es triste ver cómo perdés tus cosas, cómo se fue todo. No era mucho lo que yo tenía, pero eran mis cosas, cosas que con mucho esfuerzo trabajamos con mi marido para comprar y tener. En realidad, prácticamente eran de mis hijas”, expresó.
Un techo prestado mientras esperan
Desde aquel día, Sonia, su esposo y las dos niñas permanecen en la vivienda de sus suegros. Esa casa sufrió la voladura prácticamente total del techo durante el temporal, pero recibió asistencia y pudo ser reparada. Sonia reconoció ese acompañamiento y contó que el intendente estuvo en el lugar al día siguiente del tornado.
“La casa de mi suegro se destechó todita, prácticamente voló todo. Pero gracias al intendente se acercaron al lugar, brindaron su ayuda, techaron la casa y arreglaron la luz. Por el momento estamos en la casa de mi suegro con mis nenas y el papá de mis nenas”, relató.
Su situación, sin embargo, es diferente. Según explicó, durante aquella recorrida se realizó el relevamiento de su vivienda y se habló de la necesidad de reconstruirla, pero hasta el momento no recibió una respuesta concreta. “Mi casa está en lo mismo. Estoy esperando a ver qué respuesta hay, si van a hacer mi casa o no, porque yo perdí prácticamente todo”, señaló.
Mientras espera, vuelve de a poco al lugar. Junta las maderas que todavía pueden recuperarse, separa aquello que podría volver a utilizar y amontona los restos. “Estoy juntando algo de las maderas que quedaron. Despacito estoy juntando todo porque algunas cosas no sirven, se rompió todo. Las chapas volaron todas; quedaron algunas nomás, el resto no encontré más”, contó.
Reconstruir la casa y recuperar el trabajo
La dificultad de la familia no termina en la pérdida de la vivienda. El tornado golpeó directamente su principal medio de subsistencia. El esposo de Sonia es agricultor y se dedica, entre otras actividades, a la producción de tabaco. El galpón utilizado para el trabajo en la chacra cayó y deberá ser levantado nuevamente.
La familia no cuenta con un ingresos que le permita afrontar de inmediato los materiales y costos necesarios para reconstruir tanto la vivienda como la infraestructura productiva. “Mi marido es agricultor, trabajamos acá en la chacra y él planta tabaco. El galpón cayó todo, se destrozó. Tenemos que volver a hacer el galpón y construir de vuelta”, explicó.
Entre las necesidades mencionó combustible para poder trabajar con la madera, clavos, chapas y otros materiales indispensables para comenzar.
La pérdida del galpón representa mucho más que una estructura destruida. Allí está vinculada la actividad de la cual depende buena parte del sustento cotidiano de la familia. “Nos afectó un montón porque es nuestro trabajo, de donde sacamos para el alimento y para nuestras cosas. No es fácil, de la noche a la mañana, volver a hacer todo de vuelta. Perder todo no es fácil” concluyó.
A casi 20 días del tornado, ella, su esposo y sus dos pequeñas continúan bajo un techo prestado, con la esperanza de recibir la ayuda necesaria para empezar nuevamente.
Si bien desde la Municipalidad, junto al área de Acción Social y la Delegación Municipal de Tobuna, brindaron asistencia, el golpe fue tal que los recursos no alcanzaron. Los relevamientos realizados derivaron en gestiones ante organismos del estado provincial, desde donde se aguardan respuestas.