La actividad económica se desplomó 2,9% en julio y tuvo su peor caída desde la pandemia

El retroceso mensual fue el más fuerte desde abril de 2020, cuando regían las restricciones por el coronavirus. Además, la actividad cayó 1,4% frente a julio del año pasado.
jueves 24 de septiembre de 2026 | 18:30hs.

La economía argentina volvió a pisar el freno en julio. El Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae) registró una caída del 2,9% respecto de junio en la medición desestacionalizada y retrocedió 1,4% frente al mismo mes del año pasado, según informó este jueves el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

El dato adquiere una dimensión particular por la magnitud del retroceso. La caída mensual del 2,9% fue la más fuerte desde abril de 2020, cuando la actividad económica se desplomó 15,8% en medio de las restricciones implementadas por la pandemia de coronavirus. Se trata, por lo tanto, del mayor descenso mensual en más de seis años, aunque aquel episodio estuvo atravesado por un contexto extraordinario de paralización de buena parte de la economía.

En julio de 2026, en cambio, la caída se produjo en un escenario sin restricciones sanitarias y volvió a exponer las dificultades para sostener una recuperación estable de la actividad. Después de la mejora registrada en junio, la economía volvió a retroceder con fuerza y el indicador regresó a terreno negativo en la comparación interanual.

En el acumulado de los primeros siete meses del año, el Emaetodavía muestra una expansión de 1,7% respecto del mismo período de 2025, aunque ese crecimiento perdió impulso. La variación de julio también marcó un fuerte contraste con junio, cuando la actividad había mostrado un avance interanual del 3,1%.

Comercio e industria, en el centro del retroceso

El deterioro de julio estuvo especialmente marcado por los sectores vinculados al mercado interno. De los 15 sectores que integran el Emae, ocho registraron bajas interanuales.

El comercio mayorista, minorista y las reparaciones fue uno de los principales focos de retroceso, con una caída del 5,1% interanual. La industria manufacturera, otro de los pilares de la actividad y del empleo, disminuyó 4,6%.

Entre ambos sectores restaron 1,3 puntos porcentuales al resultado general del Emae, una incidencia que permite dimensionar cuánto pesó la debilidad del consumo y de la producción industrial sobre el desempeño de la economía durante julio.

La construcción también mostró una baja del 3,3% interanual, mientras que la intermediación financiera cayó 3% y el sector de transporte y comunicaciones retrocedió 1,5%.

El comportamiento de la industria vuelve a ser un dato relevante. Una menor actividad fabril no sólo impacta sobre la producción, sino también sobre la demanda de insumos, las inversiones, las horas trabajadas y las posibilidades de ampliar puestos laborales.

El contraste con los sectores primarios

La foto de julio mostró nuevamente comportamientos muy diferentes según la actividad. Mientras los sectores vinculados al mercado interno retrocedieron, algunas ramas primarias registraron fuertes aumentos.

La pesca tuvo una suba interanual extraordinaria del 424,5%, mientras que la explotación de minas y canteras avanzó 8,4%. La agricultura, ganadería, caza y silvicultura también creció, aunque en una magnitud mucho menor, con un incremento del 0,7%.

Estos sectores permitieron compensar parcialmente el resultado negativo de otras ramas, pero no alcanzaron para evitar la caída general de la actividad.

El escenario deja así una economía con desempeños muy desiguales: mientras algunas actividades vinculadas al sector primario mantienen tasas de crecimiento elevadas, otras directamente relacionadas con el consumo interno y la producción industrial atraviesan un período de contracción.

Una recuperación que vuelve a perder impulso

La caída de julio adquiere mayor relevancia porque llegó después de una recuperación en junio. La actividad viene mostrando durante 2026 un comportamiento irregular, con fuertes oscilaciones mensuales y dificultades para consolidar una trayectoria sostenida de crecimiento.

El nuevo retroceso también dejó al indicador interanual nuevamente en terreno negativo. De esta manera, el crecimiento acumulado durante el año convive con una actividad que en los últimos meses muestra señales de debilitamiento en sectores centrales de la economía.

Aunque la medición de tendencia-ciclo del EMAE mostró una mejora mensual del 0,2%, el resultado general de julio volvió a poner en evidencia la fragilidad del proceso de recuperación.

El consumo, la industria y el empleo, bajo presión

El problema no queda limitado a una cifra macroeconómica. Cuando el comercio vende menos, la industria produce menos y la construcción pierde dinamismo, el impacto termina trasladándose a las empresas, los trabajadores y los hogares.

El consumo interno aparece como uno de los puntos sensibles. Una menor capacidad de compra de los hogares puede reducir las ventas y, a partir de allí, generar un efecto en cadena sobre la producción y el empleo. En julio, las ventas de supermercados a precios constantes registraron una caída interanual, en línea con las señales de debilidad que muestran distintos indicadores del mercado interno.

La industria también enfrenta el desafío de sostener sus niveles de producción en un escenario de demanda más débil. Para las empresas, una menor actividad puede significar menor utilización de la capacidad instalada, postergación de inversiones y mayores dificultades para incorporar trabajadores.

El mercado laboral, a su vez, llega a este escenario después de que el INDEC informara una tasa de desocupación del 7,9% durante el segundo trimestre de 2026. La combinación de una actividad que pierde impulso y un mercado laboral que ya muestra un nivel elevado de desempleo agrega presión sobre los ingresos y el consumo de los hogares.

El dato de julio vuelve así a poner el foco sobre una cuestión central para la economía argentina: no alcanza con que determinados sectores mantengan tasas positivas si la recuperación no consigue extenderse al comercio, la industria, la construcción y el empleo. La fuerte caída mensual registrada en julio, la mayor desde aquel excepcional desplome de la pandemia, muestra que la actividad todavía está lejos de transitar un camino parejo y sostenido.

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