viernes 17 de septiembre de 2021
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Ahora viven en Posadas, pero son originarios de Tamanduá

“Hay que mejorar la educación para que más mbya lleguen a la facultad”

Jordana y Matías son nietos del cacique Dionisio Duarte, histórico defensor de los derechos de los guaraníes. Ella se recibió de abogada y él estudia Trabajo Social

domingo 05 de septiembre de 2021 | 6:05hs.
“Hay que mejorar la educación para que más mbya lleguen a la facultad”
Los hermanos alzan la voz en defensa de los pueblos originarios. Foto: NATALIA GUERRERO
Los hermanos alzan la voz en defensa de los pueblos originarios. Foto: NATALIA GUERRERO

Jordana (24) y Matías (27) son hermanos y nietos de Dionisio Duarte, cacique de la comunidad Tamanduá, en 25 de Mayo.

Al igual que lo hizo su abuelo en vida, ellos también son férreos defensores de la educación y creen que esta transforma vidas.

Ella es la primera abogada mbya de la provincia y él estudia Trabajo Social y entre ambos integran el aún pequeño grupo de guaraníes que logró llegar a la universidad.

Todo lo que saben sobre la defensa de los derechos lo aprendieron de Dionisio, un gran visionario con conocimiento de las leyes y que no temió en reclamar desde la época de los gobiernos militares para que se abran escuelas estatales. Pidió el cambio de las escuelas que inicialmente pertenecieron al Obispado (casos de Perutí y Fracrán) reclamando siempre que fueran públicas y laicas y también luchó por la educación intercultural bilingüe.

Dio el puntapié inicial y hoy sus nietos tomaron la posta para decir que aún faltan cosas por hacer. Por eso se formaron, o lo están haciendo, y quieren aportar. Pero coinciden en que “hace falta mejorar la educación para que más mbya puedan llegar a la facultad”.

“Nuestros abuelos exigían que los mbya entremos a las escuelas, a las facultades para capacitarnos y dominar mejor el castellano para poder representar a las comunidades en los lugares de poder. Pero cómo tenés más profesionales guaraníes si las escuelas no funcionan como deben, si no hay acompañamiento en las facultades”, se preguntó Matías, originario de la comunidad Tamanduá, pero que actualmente vive en Posadas.

“En mi caso estudié abogacía por querer seguir un legado que dejó mi abuelo, que era ese afán por la lucha por los pueblos originarios, que en Argentina y en Latinoamérica siempre son avasallados, y ese es mi deseo ferviente de querer defender”, agregó Jordana, que actualmente trabaja en el Ministerio de Adicciones y proyecta un programa para detectar y combatir casos de consumo problemático de sustancias en las aldeas.

“Creo que para poder ver un futuro en las comunidades hay que incentivar el estudio y reforzar el trabajo”, sostuvo la joven que cuando era una niña se trasladó con su familia hasta Aristóbulo del Valle en busca de una escuela.

“Teníamos una escuela en la comunidad, pero abarcaba todos los niveles con un solo docente. En ese momento mis papás nos sacaron de la comunidad, fuimos a Aristóbulo, íbamos a la escuela del pueblo. La secundaria también la hicimos afuera de la aldea. Ahora, hace poco, se inauguró una escuela dentro de la aldea, pero hacen falta cosas a las que darle una vuelta de rosca para que mejore”, reconoció Jordana en otro momento de la charla.

Si bien ahora ya vive y trabaja en Posadas, sus raíces siguen en 25 de Mayo. “Mis hermanos siguen viviendo allí. Y Cleiton, que es nuestro hermano más grande, es el segundo cacique de Tamanduá y toda mi familia está dentro de la comunidad”, detalló.

Por eso insiste en la necesidad  de “un sistema educativo capaz de formar a los chicos para que tomen las riendas y digan ‘quiero y siento que puedo ir a la facultad’, eso hace falta”.

Para Matías, además se precisa de “un programa para acompañar a estudiantes guaraníes dentro de la facultad. Yo creo eso porque dentro de las comunidades hay escuelas, pero todavía es todo muy precario, es mínimo todo. La enseñanza tendría que ser mejor, los chicos entran a la facultad, pero quedan muy perdidos”.

Visión y discriminación social

Matías también es parte del Colectivo de Cine mbya guaraní Ara Pyau, que busca contar, desde una óptica propia, el sentir y vivir dentro de las comunidades.

“Se romantiza mucho a los guaraníes y no se muestra lo que realmente viven. Se piensa que en las comunidades vivimos como hace muchos años y no. Surgieron cambios y las personas que viven en la comunidad quieren tener uso de otras cosas, como celulares, salir a trabajar, tener dinero”, señaló el joven.

“Hace poco una persona me dijo que los guaraníes no quieren evolucionar, que queremos seguir viviendo de la misma forma que antes. Me plantearon que hay muy poca gente en las universidades o profesionales. Y yo lo que respondí es que hace muy poco las escuelas llegaron a las comunidades”, agregó.

Por su lado, Jordana contó que el guaraní siempre es cuestionado.

“Yo no hablo guaraní, mi papá es guaraní pero mi mamá no y no habla el idioma y una de las cosas que siempre me dicen es que no puedo defender los derechos de los pueblos originarios porque no hablo guaraní. Entonces llega un punto en que el ciudadano te quiere limitar a cuándo podés sentirte guaraní, cuándo formás parte de la comunidad o cuándo no. Incluso a eso te lo quieren sacar. Siento que el misionero tiene una necesidad de querer ser extranjero. ¿Por qué es tan importante la Fiesta del Inmigrante? Porque son de afuera. Es difícil defender lo misionero, y ni que hablar de lo mbya, porque siempre está ese afán de querer ser europeo. Ahí creo que hay algo que trabajar porque si no vamos perdiendo identidad”, sostuvo.

Pandemia

Consultados sobre cómo impactó la pandemia de Covid-19 en las aldeas, coincidieron en que repercutió en lo económico, dado que comunidades enteras vivían del movimiento turístico y la venta de artesanías.

“Hay mucha gente que depende de las artesanías, como en la ruta 7 o en Puerto Iguazú, y con el freno del turismo todo se paró. Hoy la mayoría sobrevive con los planes sociales del gobierno. Otros trabajan en la tarefa o limpian campos y potreros y con eso sobreviven”, dijo Matías.

Por último pidió más presencia del sistema de salud en las aldeas. “En las comunidades hay salas donde muchas veces no hay ni siquiera hay primeros auxilios. Tamanduá queda a 15 kilómetros del pueblo y una vez por semana va el médico y si tenés un accidente o te pica un víbora tenés que salir por ese cerro cuesta arriba. Salud bucal, por ejemplo, tampoco hay y eso es algo muy necesario”, finalizó.

Justicia y legado ancestral
La Justicia blanca choca con las tradiciones mbya guaraníes y la abogada Jordana Duarte Martinelli siente que hace falta más formación e información por parte del sistema judicial. “En la provincia hubo hechos impactantes y muchas veces se puede ver la desinformación de la Justicia. Hechos en que la Justicia decía que son cuestiones culturales de las cuales las comunidades tenían que hacerse cargo”, señaló.

“Dentro de la comunidad hay un sistema de justicia que es milenario y por eso es una sociedad y es un grupo que vive organizadamente. No está escrito ni organizado como en la sociedad blanca, pero sí hay una estructura y esa estructura se respeta y por eso funciona el grupo. Cuando hay delitos graves que sobrepasan a las comunidades, se solicita a la autoridad blanca que intervenga. Pero en muchas oportunidades la Justicia dice ‘sí, pasó en la comunidad es algo cultural y no vamos a intervenir’. Pasó en Perutí, por ejemplo, con abusos sexuales, siendo que el cacique como máxima autoridad pedía la actuación policial. Una violación es igualmente grave en una comunidad blanca como en la comunidad guaraní”, explicó.

“Muchos piensan que en la comunidad es todo una suerte de barbarie donde todo pasa y se atropella, pero no es así. Si no hubiese una organización, el pueblo guaraní no habría persistido en el tiempo”, cerró.

 

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