El desafío de tener un niño con intolerancias a ciertos alimentos

Evaluna y su alimentación: una familia que aprendió a leer las etiquetas

La niña tiene casi 6 años y desde los primeros meses de vida su entorno tuvo que transformar por completo sus hábitos. Actualmente debe restringir el trigo
domingo 16 de agosto de 2026 | 6:05hs.
Evaluna Gauna tuvo su primer diágnostico a los tres meses.
Evaluna Gauna tuvo su primer diágnostico a los tres meses.

Hay diagnósticos que llegan de manera inesperada y obligan a una familia entera a aprender, casi de un día para otro, un nuevo lenguaje. Ingredientes que antes pasaban desapercibidos empiezan a ocupar un lugar central. Las etiquetas se leen antes de comprar, las viandas se preparan con anticipación y una salida familiar requiere pensar qué podrá comer la persona que tiene una restricción.

Eso fue lo que ocurrió con Evaluna Luz Gauna. La niña cumplirá 6 años el mes que viene, pero su historia con las restricciones alimentarias comenzó cuando apenas tenía tres meses.

En aquel momento, los médicos diagnosticaron alergia a la proteína de la leche de vaca, conocida como APLV. A diferencia de otras condiciones que requieren una exclusión permanente, algunas alergias alimentarias pueden evolucionar con el crecimiento y permitir que determinados alimentos vuelvan a incorporarse progresivamente, siempre bajo la indicación y seguimiento correspondiente.

En el caso de Evaluna, el diagnóstico implicó inicialmente retirar de su alimentación la leche, la soja y el trigo. Pero la restricción no quedó limitada a lo que comía la bebé, durante sus primeros años, también alcanzó directamente a su mamá.

Una dieta para dos

Cuando Evaluna fue diagnosticada, todavía tomaba el pecho a libre demanda. Angeluz Mereles (su mamá) contó que la lactancia se extendió hasta los 2 años, por lo que para evitar que las proteínas de determinados alimentos llegaran a la niña a través de la leche materna, ella también tuvo que modificar su propia alimentación. “Yo también tuve que hacer la dieta con restricciones sin leche, sin soja y sin trigo. Porque le pasaba todo por mi leche”, recordó.

Así, una indicación médica que inicialmente parecía referirse a la alimentación de una bebé terminó modificando la rutina de toda la familia.

“Había que aprender qué comer, qué evitar y, especialmente, cómo identificar ingredientes que podían estar presentes en productos que hasta entonces formaban parte de la alimentación cotidiana”.

La situación también implicaba un esfuerzo económico. Mereles sostuvo que algunos productos específicos destinados a las necesidades de su hija tenían precios elevados, lo que sumaba otra dificultad a un proceso que ya era nuevo para la familia. Pero la alimentación no podía detenerse. Había que encontrar alternativas.

Cuándo empezó

El segundo gran desafío llegó cuando la niña cumplió seis meses y comenzó con la alimentación complementaria.

Para sus padres, ese momento significó empezar a descubrir, alimento por alimento, qué podía consumir y qué cosas debían quedar fuera de su dieta.

Las frutas se convirtieron en uno de los primeros aliados. Pero hubo una preparación que ocupó un lugar especial en aquella etapa: los panqueques.

“Primer aliado, los panqueques, que fue lo que más nos ayudó. Premezcla, huevo y banana”, relató su mamá Angeluz.

Una receta sencilla terminó convirtiéndose en una herramienta cotidiana para resolver desayunos, meriendas y comidas de una niña que tenía una lista de alimentos restringidos.

Más variedades

A partir de allí comenzó un proceso de prueba y aprendizaje. La familia fue descubriendo nuevas alternativas y, al mismo tiempo, el mercado empezó a ofrecer una variedad cada vez mayor de productos adaptados a diferentes necesidades alimentarias.

Lo que al principio parecía una búsqueda permanente comenzó poco a poco a transformarse en una rutina.

Leer bien antes

Una de las transformaciones más importantes que atravesó la familia fue aprender a mirar los alimentos de otra manera.

Antes de que Evaluna fuera diagnosticada, leer una etiqueta podía ser un acto automático o directamente innecesario. Después del diagnóstico, se convirtió en una parte indispensable de la compra.

“Mi familia y la de mi pareja también comenzaron a descubrir todo este mundo nuevo de alimentos, leer todo lo que contenía antes de comprar, ver qué cocinar, qué llevarle si salíamos para sus colaciones”, expresó la madre.

El aprendizaje fue colectivo

No solamente sus padres tuvieron que incorporar nuevos conocimientos. Abuelos, tíos y demás familiares también debieron entender qué podía comer la pequeña, qué productos había que evitar y cómo organizar una salida sin que la niña quedara sin opciones.

Ese proceso, contó su mamá, no fue sencillo al principio. “Como familia costó, pero porque la dificultad no estaba solamente en encontrar alimentos. También había que modificar hábitos construidos durante años y aprender a planificar”. En este marco, una salida podía requerir preparar una vianda. Una visita a la casa de familiares implicaba revisar previamente qué habría para comer. Una merienda infantil significaba pensar qué opción podía llevar Evaluna para compartir con los demás niños.

Poco a poco, sin embargo, la excepción se convirtió en costumbre. “Hasta que nos acostumbramos todos”, resumió la mamá de la niña.

Hoy, la situación de Evaluna es diferente a la de sus primeros meses de vida. Con el acompañamiento correspondiente y a través de desafíos alimentarios, la niña pudo volver a tolerar determinados alimentos.

Desde hace aproximadamente dos años consume leche sin lactosa y, aunque continúa excluyendo el trigo de su alimentación habitual, tiene pequeñas excepciones permitidas.

La mamá de Evaluna aclaró un punto importante: su hija no tiene celiaquía. Su situación está relacionada con una alergia y requiere exclusión de determinados alimentos, pero no debe confundirse con la enfermedad celíaca. “Lo de Eva no llega a ser celiaquía, sino que es excluyente nada más”, explicó.

La diferencia puede parecer pequeña para quien no está familiarizado con las restricciones alimentarias, pero para las familias que atraviesan estos diagnósticos resulta fundamental conocer exactamente qué condición tiene cada persona y qué alimentos debe evitar. Afortunadamente en el caso de Evaluna, la evolución permitió ampliar progresivamente su alimentación.

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