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Entrevista con el antropólogo César Iván Bondar

“No creo que la humanidad esté perdiendo la conexión con sus muertos”

Hace 20 años estudia la muerte y los rituales funerarios en la región y reflexionó acerca del valor simbólico y emocional que tienen estas prácticas y rituales para los deudos y que más allá de las modas, las ceremonias tradicionales son heterogéneas, siguen vigentes y muy arraigadas
domingo 26 de mayo de 2024 | 6:05hs.
César Iván Bondar investiga sobre la muerte, el morir y los muertos.
César Iván Bondar investiga sobre la muerte, el morir y los muertos.

En Occidente permanecen dos grandes tabúes: la sexualidad y la muerte; muchas veces asociados con lo impuro, lo desconocido, el miedo; territorios donde aspectos de una humanidad antigua, religión y orden social moderno se entrecruzan definiendo y redefiniendo creencias y prácticas heterogéneas.

Sobre la biología y el universo emotivo sensorial del sexo se ha avanzado mucho, bastante, en materia de conocimientos, derechos, libertades. Sin embargo, la muerte es esa dimensión inasequible que se sitúa fuera de nuestro dominio, de ella huimos, la negamos, la visibilizamos en las palabras y la confinamos al limbo de lo vedado.

De estos dos grandes tabúes, la muerte sigue siendo el tema del que no se habla como si sólo nombrarla bastara para invocarla, es que esa verdad inexorable de finitud nos incomoda y nos enfrenta con un destino de hora incierta. “Todos sabemos que vamos a morir algún día, es algo inevitable, pero no sabemos cuándo, cómo, ni siquiera alguien que toma la vía del suicidio tiene la total certeza de que su intento de ponerle un fin a la existencia va a salir tal como lo espera. La muerte es esa verdad incómoda, incompresible, un tabú aún en nuestros tiempos. Por eso la evitamos, no hablamos de ella, es eso sobre lo que no se dice y siempre la ubicamos en un otro y nunca en nosotros mismos”, señaló César Iván Bondar, antropólogo social misionero que desde hace 20 años investiga los campos de la muerte, el morir y los muertos.

Entrevistado por El Territorio para el informe dominical que en esta ocasión busca plantear una aproximación a las prácticas y ritos mortuorios en la actualidad en nuestra región y los cambios a través de las épocas, el especialista explicó que su objeto de estudio no está en el orden de la reflexión filosófica, sino que se funda en el método etnográfico, observaciones y participación en campo para recabar, registrar y analizar datos.

“Yo no hago suposiciones o teorías acerca de lo que la muerte es o no es, o qué nos sucede cuando morimos; como científico social lo que hago es estudiar en los grupos humanos cómo se construyen las nociones de muerte, morir y muerto, que son tres nociones diferentes, aunque se suelen confundir, y qué hacen estos diferentes grupos humanos frente a la muerte. En este punto los ritos funerarios son importantes para elaborar el duelo, para atender a la preocupación por el alma de ese ser querido que parte. Además, hay siempre una preocupación, y un temor, en torno a qué hacer con el cuerpo del fallecido, la preocupación por el cadáver, que si se trata de nuestro muerto es un cuerpo, por eso en los velorios siempre hay cuerpo, hay difunto, mientras que en las morgues hay cadáveres, y eso tiene que ver con la relación con nuestro muerto o con el muerto ajeno”, explicó.

Bondar, que es especialista en la temática de la muerte, las religiones y el ocultismo e investigador del Conicet, refirió que es muy importante estudiar desde el campo de la antropología social y cultural la problemática de la muerte y que hay muchas investigaciones muy interesantes y reveladoras acerca de esta cuestión que ayudan a las sociedades a comprender y echar luz y significados sobre sus prácticas y costumbres, “que nunca son homogéneas o universales”, advirtió. “Tenemos que tener cuidado cuando generalizamos, cuando decimos por ejemplo ‘en la actualidad las personas ya no realizan tales ritos’, o ‘en el presente ya no se hace tal práctica religiosa, mortuoria, de honrar a los difuntos’, porque son muchos los elementos que tenemos que tener en cuenta para analizar si realmente se da un cambio duradero, transformador y que se sostiene acerca de las ceremonias en la thanatocultura de un grupo humano particular”.

De esta manera, el antropólogo diferenció que hay ritos mortuorios que se mantienen y practican a través del tiempo y que dan cohesión y pertenencia social como aquellas prescritas por el canon de la religión y las tradiciones, también hay variaciones que se adaptan a una realidad histórica y por supuesto hay modas, “pero no sé si podemos hablar hoy de una secularización de la muerte, el  morir y las creencias y prácticas en torno a los muertos; se pueden acortar las horas de velatorio, puede estar al alcance de más personas la cremación, que no es nueva, el uso del fuego es muy antiguo, pero siempre está la preocupación por cumplir la voluntad del muerto y hay religiones que no admiten la cremación”.    

En esta línea, indicó que “lo que sucede en las ciudades, vamos a decir, lo que sucede en Posadas y en las casas velatorias de Posadas no es la generalidad de cómo se despide a los muertos en toda la provincia”.

Diversidad

En una provincia tan diversa culturalmente como la nuestra, hay variaciones según se hable del centro de la ciudad de Posadas, las afueras de Posadas, en una colonia rural del interior de Misiones, en la franja fronteriza con el Paraguay o en el límite con Brasil, “y además de eso  tenemos que ver la pertenencia a un pueblo de origen, a una religión, a un estrato social, es un tema complejo y generalizar es algo que se hace mucho, pero eso no nos ayuda a comprender esta complejidad que hace a nuestras identidades”. 

En este camino de aportar al conocimiento de las culturas humanas es donde ubica Bondar el estudio de la temática que es de por sí disruptiva. “En 20 años estudiando la temática de la muerte, yo ya tengo asumidas muchas cuestiones, pero puedo ver el silenciamiento que hay en torno a la muerte, lo innombrable, y pude acercarme a mucho matices, en la misma Posadas tenemos el cementerio La Piedad y enfrente tenemos el cementerio judío de la Asociación Israelita, a las afueras de Posadas tenemos el Parque Memorial Tierra de Paz, que es muy diferente, y tenemos hacia San Isidro el cementerio ortodoxo ucraniano, todos tienen rituales y ceremonias mortuorias diferentes, algunas muy complejas para el ojo inexperto”.

Pese a estar silenciada y a todos los temores que las personas tenemos a los muertos y a la muerte, según la experiencia del investigador, es frecuente que ante la pregunta ¿qué harías con tu muerto?, la respuesta sea que el deseo es tenerlo cerca como un modo de aferrarse. “Este miedo que se tiene al cuerpo muerto, al proceso de descomposición más que nada, es muy diferente cuando se trata de un muerto cercano, familiar, amado a un muerto ajeno. Cuando el muerto es cercano, es usual que la gente quiera tener cerca sus cenizas, o alguna pertenencia que le traiga el recuerdo o que hasta quiera comunicarse con su muerto, y ahí aparecen las interpretaciones que hacemos, de eso que consideramos señales como ruidos, movimientos, el aleteo de una mariposa, el pitogüé, el colibrí, los animales como metáfora poderosa de la muerte y las que van más allá como las prácticas de espiritismo”, describió para dar cuenta de este entramado de significados y sentidos que construimos en un esfuerzo por  comprender la pérdida de un ser querido y al mismo tiempo, el hecho de que todos marchamos hacia ese horizonte.

¿Por qué piensa que la muerte sigue siendo un tabú y por qué les escapamos a estos temas?

La muerte es la nada misma, la “otredad absoluta”, es el vacío y ante eso las preguntas son muchísimas y la respuesta no es el silencio si como humanos queremos buscar respuestas, plantear interrogantes; lo cierto es que las personas que yo entrevisto en distintas partes quieren hablar de la muerte y quieren hablar de sus muertos, pasa que también hoy es más katé -digo yo- no hablar de la muerte, no hablar de ciertos temas o hacer un velatorio de tal o cual forma, o no mostrar que sufrimos, pero en lo popular vemos que se mantienen las creencias, abundan los relatos de encuentros con un alma en pena, con los asombrados, los sueños con nuestros muertos, las señales que interpretamos como emergentes del más allá. Está latente esa necesidad de saber que nuestro ser querido existe en otro plano o también sentirlo como una protección, una presencia inmaterial, no creo que la humanidad esté perdiendo esta conexión con sus muertos; si no los invito a charlar con los espíritas.      

¿Cómo llega a investigar el tema de la muerte? ¿Cuál es la importancia de que la sociedad hable sobre estos temas? 

En otros tiempos más antiguos, cuando la expectativa de vida era realmente baja y sobrevivir era difícil por las enfermedades, por la guerra, en algún aspecto las personas tenían más claro que iban a morir, un caballero de la Edad Media en una cruzada sabía que podía morir y si recibía una herida en la batalla seguramente era su fin. La gente despedía a sus seres queridos en su casa, el que agonizaba podía hacerlo en su propia cama rodeado de sus parientes. Tenemos en el Paraguay la tradición del rezo de agonía, esas mujeres rezadoras en torno al lecho del moribundo como ejemplo. Pero hoy la expectativa de vida es mucho más alta, tenemos vacunas, tenemos atención médica, las personas podemos morir en la cama de un hospital o en un accidente de tránsito o de otras incontables formas. Y por otro lado está el estilo de vida saludable que hace que alejemos la idea de la muerte de nuestro entorno cotidiano, si se hace ejercicio, si se lleva una alimentación saludable, se previenen enfermedades, la gente se hace tratamientos estéticos intentado que no se note el paso del tiempo, y todo eso tiene ver con alejar la idea de la muerte. Ahí es donde nosotros, los científicos sociales, tenemos un rol importante, aquellos que estudiamos la problemática de la muerte, en poder entender cómo la gente muere y ha muerto a lo largo de la historia de la humanidad. Puedo decir desde mi experiencia, que el tema es disruptivo, que cuando empecé a investigar no había en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Unam ningún estudio acerca de la muerte, y que de eso no se hablaba y tampoco se habla hoy en el nivel educativo. En las escuelas se celebran actos de próceres que vivieron hace dos siglos, pero no se habla de la muerte. Hablar de la muerte no se reduce al acto fisiológico, biofísico del morir, sino que es mucho más complejo. Y así tenemos por un lado la muerte como idea, como concepto, como universal, el muerto que es el sujeto impactado directamente por esta situación universal, aleatoria, cotidiana, relativa de la muerte y el morir que refiere a cómo los grupos humanos configuran el fin de la vida y su continuidad en otros planos. En una sociedad determinada, los ritos funerarios o las prácticas ritualizadas vinculadas al acontecimiento de la muerte,  no hablan de la muerte en sí, sino que están relacionados con el muerto, con el fallecido y con la preocupación de qué se hace con el muerto. 

¿Esta preocupación por el destino del muerto, del cuerpo, cambió con el tiempo?  

De los primeros estudios antropológicos sobre sociedades simples se desprende que en realidad el ser humano no tiene temor a la muerte, sino que en realidad hay algo mucho más profundo, que es el temor al cadáver. Es decir, al proceso de descomposición por el cual va a atravesar el muerto. Y por eso a lo largo de la historia de la humanidad hay una gran preocupación por el cuerpo. Y esta preocupación de la humanidad sobre qué hacer con el cuerpo muerto, se ha resuelto principalmente con los cuatro elementos. Es decir, la cremación por medio del fuego, la inhumación en la tierra, arrojarlo al mar, al río, a algún curso de gua, o en muchas de las culturas precolombinas en América el cuerpo se llevaba a un lugar alejado del asentamiento para que el proceso se dé al aire libre y por la naturaleza y luego recogían los huesos. Con el avance de los conocimientos se ha desarrollado la thanatopraxia como empresa y hoy se está hablando de urnas biodegradables, de convertir las cenizas del difunto en una piedra preciosa y llevarlo en una alhaja, de un montón de cosas, pero que no están al alcance de la mayoría, sea por razones de creencias religiosas, económicas, geográficas u otras. 

¿La muerte sigue teniendo un gran impacto emocional y simbólico?

Yo veo que sí, estamos trabajando en una thanatocartografía de Posadas, marcando los cementerios que funcionan actualmente y los antiguos cementerios. Y la verdad es que la estadística demuestra que más allá de las modas el cementerio La Piedad está colapsado y la gente sigue falleciendo porque es un hecho cotidiano, como decíamos, y muchos deudos siguen queriendo inhumar a sus muertos en la tierra. Y también se siguen haciendo los velorios en las casas y existen los cementerios en los campos, en las estancias donde quizás no está tan marcada la cuestión del costo económico y lo burocrático que conlleva que un familiar fallezca en la ciudad. Sobre el impacto simbólico que tiene la muerte en la actualidad, estoy trabajando en una línea de investigación sobre personas que han perdido a sus familiares durante la cuarentena por covid y eso ha producido una gran crisis emocional en el período de pandemia, al no poder despedir al difunto, hay casos en los que no pudieron ver al cuerpo, no pudieron velarlo. Aquí el espiritismo, la práctica espírita, colabora en la elaboración de los duelos y las despedidas.

Los ritos funerarios son un conjunto, un complejo de prácticas, saberes, creencias y actitudes también, que las sociedades han instrumentado a lo largo del tiempo para preparar, contener, despedir y orientar el tránsito hacia el más allá a su ser querido. Estos ritos, es verdad, se han modificado a lo largo del tiempo y no son universales. Por eso pienso que es mejor no generalizar, no universalizar unas prácticas sobre otras, sino comprenderlas todas, contextualizarlas. Es muy común pensar que las modas funerarias van a generar un proceso de disolución de los ritos considerados como tradicionales. Lo cierto es que la gente sigue practicando el novenario, el rezo de la agonía, sigue habiendo vestidoras de muertos, las que confeccionan las ropas a los angelitos o a los adultos. Y no son prácticas “de viejas” o prácticas rurales, son prácticas a las que las personas acuden hoy para transitar el duelo.

Perfil

César Iván Bondar
Antropólogo social
Investigador del Conicet por el Instituto de Estudios Sociales y Humanos (FHyCS de la Unam).
Doctor y licenciado en Antropología Social con posdoctorado. Magister en Semiótica Discursiva. Especialista en Peritajes antropológicos. Especialista en estudios sobre la muerte, el morir y los muertos. Religiones. Espiritismo. Brujería y demonología.

 

Informe de domingo

La muerte y sus rituales

Cremaciones, urnas biodegradables, nuevas formas de duelar

La urbanización ha cambiado prácticas y rituales de despedida

Danzas y rezos en sincronía con la naturaleza y los astros

“No creo que la humanidad esté perdiendo la conexión con sus muertos”

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