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Nuevos modos de dar el último adiós: economía y otras miradas

Protagonista silenciosa de nuestros días, hablar de la muerte sigue siendo tabú, aunque los ritos mortuorios se redefinen en tiempos acelerados y modernos. Variadas formas de duelo y prácticas novedosas a la hora de elegir el destino de nuestros cuerpos, una vez que despedimos la vida
domingo 26 de mayo de 2024 | 6:08hs.

La envuelve un halo de misterio inexorable. Nos incomoda, nos duele, nos  interpela hasta lo más hondo. No la entendemos, no queremos hablar de ella aunque es parte de nuestros días. Nos sentimos ajenos, superiores, exentos, invencibles, que no nos pasa el tiempo. Hasta que nos toca de cerca.

La muerte nos sacude, nos recuerda la finitud, lo minúsculo de nuestra vida.

A raíz de ella podemos definir infinidad de rituales mortuorios, formas de duelar, tan diversas como complejas. También puede definir una nueva forma de vida, ya que hoy estamos, mañana no sabemos. Carpe diem.

Desde muy pequeños aprendemos que la naturaleza tiene ciclos y que todo tiene un final. Sin embargo, saber que no veremos nunca más, irremediablemente, a un ser querido es uno de los desafíos más extremos a los que nos expone la vida. Las creencias y teorías quedan cortas cuando sentimos que nos arrancan una extensión de familia, la muerte escapa de todo control humano, fuera de las circunstancias en las que pueda darse.

El instinto reptiliano de supervivencia también nos invoca a tener miedo a morir, a los muertos o quizás no a la muerte en sí, sino al hecho irreversible que evoca o al sufrimiento que a veces conlleva.

En tanto, prepararse para la muerte es un acto de amor, entienden algunos especialistas. Es una manera de no dejar un rastro de dudas a los deudos.

Hacernos cenizas y plantar un árbol, una de las nuevas formas de eternizarnos en esta Tierra. Foto: Marcelo Rodríguez

Desde siempre, el hombre tuvo rituales para sobrellevar la muerte, honrar sus muertos. Así como hay un dios de la vida hay un dios de la muerte tanto en los mitos griegos como los prehispánicos pasando por diversidad de especificidades en cada nación o cultura.

De la misma manera, la fe, las religiones nuclearon creencias que buscan alivianar el paso de la vida a la muerte. “La muerte no es el término definitivo de la existencia”, explicó por ejemplo el padre Alberto Barros (página 10).

 La idea de un más allá, de la vida eterna en otro plano, de la reencarnación están presentes en las sociedades de todos los tiempos. Y tal como entiende el antropólogo César Iván Bondar, “la muerte es la nada misma, la otredad absoluta, es el vacío y ante eso las preguntas son muchísimas”. Por eso, el especialista en el tema, considera que es mejor no generalizar, ni universalizar unas prácticas sobre otras, sino comprenderlas todas, contextualizarlas” (página 12).

“En una provincia tan diversa culturalmente como la nuestra, hay variaciones según se hable del centro de Posadas, las afueras de Posadas, una colonia rural del interior de Misiones, la franja fronteriza con el Paraguay o el límite con Brasil. Y además  tenemos que ver la pertenencia a un pueblo de origen, a una religión, a un estrato social, es un tema complejo y generalizar es algo que se hace mucho, pero eso no nos ayuda a comprender esta complejidad que hace a nuestras identidades”, detalló Bondar.

Duelos modernos

Aunque el duelo sea extremadamente personal, conlleve tiempo indeterminado, los rituales mortuorios son habitualmente en comunidad. Conectados con la naturaleza, como esa forma de volver al origen a través del fuego, el agua, la tierra, lo simbólico de las despedidas es clave a la hora de procesar una muerte. Por ese motivo es que la pandemia generó un agujero negro en muchas familias que -aparte del motivo del deceso- no pudieron despedirse de sus seres queridos o sufrieron vejaciones según su tradición como fue el caso de la cultura mbya y las autopsias de salud pública (página 11).

Y aunque el covid sorprendió a todos, la imposibilidad de velar fue un drama para muchos y un ‘tsunami’ para las salas velatorias (página 8). Es que tanto la filosofía, la religión, el psicoanálisis definen que la tradición de un ritual mortuorio es fundamental en el duelo.

La necesidad de dar cierre la explica Hannah Arendt, por ejemplo, al describir cómo los regímenes totalitarios prohíben el duelo para impedir el surgimiento de mártires o no dar cuenta de sus crímenes. Buscan el desapego, hacer de la muerte algo sin sentido para sostener su aparato y evitar la sublevación. Bien sabe la historia argentina de estas heridas abiertas de ‘no está muerto ni vivo’.

Como una fuerza extraordinaria y superpoderosa, para distintas mitologías es LA muerte, figura femenina, maternal, que combina la fuente y el fin de todo. Luz y oscuridad unidas.

Sentidos variados, duelos diversos. Plegarias, danza, canto, sepultura o ‘renacer’ de las cenizas como un árbol autóctono, las prácticas pueden ir variando levemente de tanto en tanto, redefiniéndose. Lo cierto es que la muerte es significante en nuestras vidas y aunque busquemos alejar la conversación, es una ceremonia a la que inevitablemente tenemos que asistir.

Así que mejor, no silenciarla, hablarle de frente, sin prejuicios, aunque sea con la altruista idea de haber dejado una huella que nos ‘eternice’ unos minutos más en este breve paso por la Tierra.

 

Informe de domingo

Cremaciones, urnas biodegradables, nuevas formas de duelar

La urbanización ha cambiado prácticas y rituales de despedida

Danzas y rezos en sincronía con la naturaleza y los astros

“No creo que la humanidad esté perdiendo la conexión con sus muertos”

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