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“La recreación y el tiempo de ocio son vitales para el ser humano”

La noche misionera: el desafío de reconfigurar nuevos hábitos

De un tiempo a esta parte, la movida nocturna volvió a tener protagonismo. Los cambios que trajo la pandemia y la naturalización de nuevas prácticas sociales, reglas que llegaron para quedarse

domingo 21 de febrero de 2021 | 6:05hs.
La noche misionera: el desafío de reconfigurar nuevos hábitos
Bares y boliches, al igual que la sociedad misionera, transitan una etapa de asimilación de nuevos hábitos. Foto: Federico Gross
Bares y boliches, al igual que la sociedad misionera, transitan una etapa de asimilación de nuevos hábitos. Foto: Federico Gross

La vida nocturna -al igual que todas las actividades sociales en la Tierra Colorada y el mundo- se ha ido reconfigurando desde que comenzó la pandemia en marzo del 2020.

De un tiempo a esta parte, atrás quedaron la cuarentena obligatoria, las restricciones estrictas de circulación y el nulo tráfico nocturno. Con cuidados específicos y protocolos sanitarios, las medidas se han ido flexibilizando y hoy la noche vuelve lentamente a ser parte de la vida social.

Sin embargo, la cantidad de personas en un espacio delimitado, la manera de vincularse con el otro, la obligatoriedad del uso del barbijo, la presencia de música en vivo en casi todos los bares y restaurantes, las islas o burbujas grupales en discotecas que también ahora funcionan en modalidad de bar, y las modificaciones en el horario y la disponibilidad del tiempo dedicado al ocio, son algunos de los tantos cambios que la actividad –y la sociedad completa- intenta naturalizar desde hace unos meses. Ahora, adaptarnos a esta cultura, las nuevas prácticas o hábitos que nos tocan asimilar, es el nuevo desafío que se plantea la sociedad.

“Lo que trajo respuestas del Estado ante la pandemia -entendiendo por ello flexibilización de actividades- fueron cambios en las configuraciones y las dinámicas de relacionamiento de persona a persona. Estas configuraciones trastocan de alguna manera el lugar que tenemos nosotros en la sociedad y la posibilidad de diálogo, no sólo de palabra sino también de cómo nos acercamos al otro, si podemos o no abrazarnos, y también las salidas y la manera cultural en que las hacemos”, explicó la antropóloga Lucía Fretes en diálogo con El Territorio.

Entre esas prácticas sociales se encuentra el ocio, un aspecto vital para las personas. Por lo que su reconfiguración no sólo trajo cambios para el futuro, sino que también bajó los niveles de tensión que se vivieron en los primeros meses de cuarentena.

“Las reaperturas de todo lo que implique el contacto y el vínculo social es positivo tanto para la salud mental como para el intercambio social. Reconfigurar eso representa un desafío inmenso y no se da de un día para otro, pero es importante encontrar alternativas que permitan la socialización, el vínculo, la posibilidad de ocio”, acotó la psicóloga Marianela Martinek a este medio.

Además, la flexibilización –escalonada y acorde a los tiempos que corren- permitió también que muchos dejaran de sentir “la culpa de tener ganas de salir”, “la culpa de haberse encontrado con amigos” o incluso hasta logró reducir los encuentros clandestinos, eventos que podrían traer complicaciones para el cuidado de la salud de todos: “Durante un tiempo se generó también una confusión emocional grave. Muchos se sentían culpables por tener necesidad de salir a cenar en familia o con amigos, de jugar fútbol, de ir a un bar, de comer un asado o de realizar cualquier actividad social –incluso sabiendo que estaban respetando los protocolos y normas vigentes-. Pero las flexibilizaciones y reaperturas, avaladas, legales y ordenadas, permitieron que las personas vuelvan a tener contacto social y que dejen un poco a un lado ese sentimiento”, contó la psicóloga.

En ese sentido, el 2020 se destaca como el año que generó una ruptura, una incertidumbre abrupta. En tanto ahora estamos en un proceso de readaptación y naturalización de esos cambios. Son tiempos en los que vamos aceptando como normales y habituales estas adaptaciones.

“Somos seres sociales y culturales y eso no se deconstruye en un año, y menos ante un enemigo invisible. El contacto visual, el encuentro real, es necesario para todos los seres humanos. La necesidad de salir está siempre latente, la necesidad de tiempo de ocio está y todos lo saben y lo necesitan. Por eso creo que el desafío está en empezar a vivir con el virus existente (tomando las recomendaciones sanitarias) y con todo esto que estamos asimilando desde que comenzó la pandemia”, resaltó Martinek.

De esta forma, encontrando nuevas maneras, el tiempo dedicado al disfrute y la socialización se ha ido reconfigurando con el correr de los meses. “Porque el ocio es tan necesario e importante para el ser humano como el trabajo o la actividad física. Necesitamos recreación, es vital, es parte de nuestra constitución como seres humanos. Se han cambiado hábitos que tenían larga data y de alguna manera vamos viendo como repensarnos y repensar estas actividades porque necesitamos de ellas”, especificó la antropóloga aludiendo a todos los cambios que fue afrontando la sociedad.

“Creo que en un tiempo más nuestro proceso de socialización va a ser con nuevas identidades, con nuevas formas de asumir la virtualidad, lo educativo, el tiempo de ocio, y las relaciones entre unos y otros”, explicó por su parte Fretes, haciendo hincapié en que la sociedad es una estructura dinámica.

“La cultura siempre encuentra la manera de seguir, de crecer, de acomodarse. Nosotros tenemos culturas cambiantes, somos dinámicos, y esto lo que permite es readaptarnos a nuevas realidades. La cultura funciona también como método de adaptación, así que hemos encontrado a través de ella, nuevas formas que llegaron para quedarse”, cerró Fretes.

 

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