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Articulan responsabilidad y tiempo de ocio

Delivery de boliche: los jóvenes llevan la fiesta a domicilio

Nulidad de encuentros, fiestas clandestinas y ahora, encuentros responsables. Conciencia social: salidas adaptadas a la pandemia

domingo 21 de febrero de 2021 | 6:04hs.
Delivery de boliche: los jóvenes llevan la fiesta a domicilio
Ahora, los encuentros se realizan con mayor responsabilidad. Foto: Marcelo Rodríguez
Ahora, los encuentros se realizan con mayor responsabilidad. Foto: Marcelo Rodríguez

Un territorio en el que viven los jóvenes es la noche. Es ahí donde se encuentran, se conocen, se divierten. “Qué hacemos?” puede ser el disparador de propuestas, un generador de rutas y conexiones que comienza a funcionar cuando el fin de semana asoma.

 En el mundo virtual, a causa de mensajes que viajan por el aire, aparecen propuestas y sugerencias de hacer “la previa”, luego un bar, luego a casa o seguir de gira por diferentes escalas que proponga la ciudad nocturna. La diagramación de este mapa, en este momento, excluye lo que conocemos como boliches. Sin embargo esa porción de tiempo es utilizada por quienes se resisten a ir a dormir una vez que cierran los lugares de esparcimiento permitidos.

Al principio de la pandemia cuando se decretó la cuarentena existía la idea de que serían unos quince días. Luego la cosa se puso más seria y dura. Entre la gente que acostumbraba ir a boliches, a salir de noche, ese corte abrupto generó una especie de shock en la organización del tiempo del ocio y cambio en sus hábitos y consumos. Así que en algún momento surgió la clandestinidad en la noche. Reuniones en lugares apartados, una chacra, un descampado, o en casas grandes -que al ser advertidas o denunciadas recibían la visita policial, anticipada por los brillantes destellos azules que daban un margen a los farreros de retirarse antes de la llegada de la partida-.

Las redes sociales se llenaban de imágenes que mostraban a esos “privilegiados” que podían divertirse como en el pasado. Incluso la transgresión fue buscada y así pudimos ver las imágenes de los que a pesar de las prohibiciones festejaban en Isla del Medio, Ituzaingó, o en embarcaciones. Pero llegó el pico de las fiestas de fin de año. Fue susto. Fue preocupación. Fue un tomar conciencia de la seriedad de la situación, de que había que cuidarse y cuidar a los abuelos y padres, cuidarnos todos. Porque los casos positivos en ascenso vinieron acompañados de víctimas mortales.

La necesidad de reunirse y compartir es como una característica que marca el sentido de la palabra sociedad y por ende de la humanidad. Por eso la vuelta de los bares y restaurantes  no sólo importa para la sobrevivencia de los negocios. Los vínculos y las relaciones también se ven beneficiadas.

Nati y Gabi chatean. Tienen 19. Aparece otra amiga en línea y el ritual comienza una vez más. El fin de semana está a la vuelta y algo hay que hacer. Otros amigos sugieren reunirse en una casa. Las chicas compran cervezas, que ponen a enfriar. Se alistan tal cual como antes, cuando había boliches, pero mucho más temprano.

La compra de bebidas puede realizarse en los diferentes negocios especializados que tuvieron su florecimiento en la cuarentena, ya sea apersonándose en el lugar o recurriendo al servicio de delivery. Gabi cuenta que en esas previas no asisten más de diez personas, todos amigos y conocidos. “A diferencia de otros tiempos, la bebida no es compartida, cada uno tiene su latita, o vaso. Incluso hay quienes rotulan el recipiente con el nombre personal, tipo que nadie vaya a usar uno que le corresponde a otro”. Tomar del pico se va transformando en una rareza que a veces es alentada por quienes consideran una exageración a tanto cuidado. Sin embargo lo individual se va imponiendo a pesar de que, mate y tereré de por medio, es costumbre muy nuestra tomar del mismo recipiente, aunque en otros lugares se escandalizan al vernos chupar de la misma bombilla por caso.

Pero no todo es puertas adentro de la casa o departamento con las bebidas compradas en el delivery. Los bares también son opción, incluso varios boliches reabrieron con esa modalidad. “Tratamos de elegir lugares que tengan mesas al aire libre”, cuenta una adolescente. Y si la noche con su horario restringido resulta corta, la velada continuará en alguna casa. A veces el 'after' surge espontáneamente y entonces algún comerciante amigo hace el 'aguante' o bueno, también están los previsores que además del lugar compran las bebidas de antemano, y entonces la noche muestra su faceta solidaria. Estas reuniones tampoco son multitudinarias, sino limitadas a las amistades.

“Ponemos música fuerte y nos ponemos en ronda a tomar pero cada uno con su vaso. Sólo amigos o conocidos”, cuenta Marian.

Luces de colores, humo, música a full, rayos, flashes, cuerpos en movimiento, piel transpirada, cercanía, diversión, el DJ en su cabina manipulando controles, realizando efectos, lanzando proclamas y los danzantes en la pista respondiendo, las chicas con sus brillos, los muchachos probando seducir. Postales de un pasado reciente que aún reclaman tener vigencia y que siga la noche. 

 

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