El autoabastecimiento y el trabajo diario mantienen la vida serena en la colonia

Sábado 28 de marzo de 2020
Nazarena Torres

Por Nazarena Torres politica@elterritorio.com.ar

La ciudad es un desierto, pero puertas adentro de las casas es un caos. Las familias ya no encuentran qué más hacer para entretenerse hasta el fin de la cuarentena. El “trabajo desde casa” es un suplicio para aquellos acostumbrados a ir a la oficina. En tanto,  las tareas escolares para los chicos resulta insuficiente para mantenerlos ocupados todo el día. 
Sin embargo, muy lejos de la desesperación urbana, la vida sigue como si nada. 
En las chacras, la pandemia no se hizo notar y lejos de la paranoia, las familias continúan sus actividades cotidianas, junto a los cultivos y los animales. 
De por sí, la vida rural es más tranquila, y aunque los pobladores de las chacras misioneras saben que deben cuidarse y proteger a los suyos del Covid-19, lo hacen sin dejar de lado las ocupaciones de siempre.
Ocupaciones que los llevan también a contar con un autoabastecimiento de alimentos que facilita el aislamiento, pues no tienen necesidad de ir a la ciudad a comprar comida. 
Empero, notan que todo está distinto, pues cada vez más gente llega pidiendo alguna changa en la tarefa, que está parada.
 “Ya no pueden ir a la ciudad a changuear y vienen para acá”, aseguran. 
La vida en la chacra tiene otro tinte e incluso en plena pandemia, los pobladores rurales demuestran que el trabajo diario, y la tranquilidad de la casa y la familia pueden hacer todo más llevadero. 

Autoabastecimiento
Don Juan Sommer y su hijo David viven en una chacra de Los Helechos, junto a la patrona de la familia y otros dos integrantes, además de la abuela que tiene su casita al fondo del terreno. 
Tienen animales varios – como chanchos, gallinas, patos y hasta vacunos– como también cultivos anuales, entre ellos yerba, maíz y mandioca. 
Si bien entienden el difícil momento que está pasando la sociedad debido a la pandemia del Covid-19, lo cierto es que la cuarentena no les modificó demasiado la rutina diaria. 
El trabajo en la chacra, sumado a los quehaceres de la casa, se sigue realizando todos los días sin falta. 
“Acá se vive tranquilo, a mí me encanta la vida así, pero entendemos que la gente está asustada y hay que cuidarse”, indicó Juan. 
En una visita que hizo El Territorio a la zona rural, el propietario de varias hectáreas en Los Helechos aseguró sentirse sereno en lo personal, debido a que cuentan con todo lo necesario para sobrellevar la situación, sin siquiera tener que ir a la ciudad de Oberá a abastecerse. 
“No solemos ir a Oberá, salvo para comprar los medicamentos de la abuela, el otro día fui y le di aviso a la Policía para que me dé el permiso, primero ni me dejaban hablar, me decían que no podían darme, aunque después vino el oficial y me dio sin problemas el papel para circular e ir a Oberá a la farmacia”, contó David. 
La posibilidad de contar con todo lo necesario para vivir en el hogar hace que la cuarentena no se sienta tanto. 
La desesperación de los vecinos de la ciudad en los horarios de apertura de los supermercados muy lejos está de la familia Sommer. 
“Nosotros no sentimos la cuarentena y el aislamiento, porque ya vivimos separados, pero se siente, eso sí, el parate de todo. Gracias a Dios tenemos para comer, de última hervimos una mandioca, tengo mis propios pollos, chanchos, vacas, en caso de que se necesite mato, pero hay gente que no tiene nada y eso es terrible”, manifestó Juan.

Ayudar al otro
Tanto Juan como David lamentaron la situación por los vecinos “del barrio” (zona más poblada cercana a la chacra), quienes –en su mayoría– se quedaron sin trabajos ni changas. 
Es que, al estar todo parado y al no poder circular en Oberá, pierden las oportunidades en construcción, tareas varias y tarefa, en las que solían conseguir el pan para la familia. 
“El barrio está distinto. No quiero empezar la tarefa porque no tengo tanta yerba para sacar y sé que si hay 100 personas en el barrio, los 100 van a pedir, no hay otra cosa y no me da la cara para decirles ‘vos sí vení a trabajar y vos no’, si todos necesitan”, dijo Juan, quien es reconocido en la zona por su solidaridad y contención a los vecinos. 
Otro de los motivos por los cuales no se inicia la cosecha es justamente por la falta de elementos de seguridad para sus trabajadores. 
“No me trajeron barbijos ni nada, no hicieron campaña acá de sanidad, solamente fumigaron por el dengue, entonces no tengo para darle seguridad a la gente, ni en las farmacias se consiguen”, detalló. 
En ese sentido, remarcó que “para mí la vida es excelente así en la tranquilidad, pero uno se da cuenta de que no está fácil y no se viene fácil por lo que veo, me da lástima la pobre gente”.
“Yo tengo once tareferos en cuadrilla, pero no les puedo dar trabajo a todos los que vienen a pedir, así que uno va tratando de ayudarles como puede”, lamentó Sommer.
Quizás sea su historia de superación o la fe inconmensurable en Dios lo que hace que la familia Sommer sea desprendida de los bienes materiales y no duden un segundo en ayudar a los vecinos. Tanto así que muchas de sus tierras están ocupadas por cultivos de choclo que los vecinos plantan, puesto que Juan les presta el terreno para que también puedan tener un lugarcito para cultivar sus alimentos. 
“Yo era tarefero, vivía de campamento, me casé con un pantalón prestado y tanto le pedí a Dios poder salir de eso que me ayudó. Hoy soy mi jefe, tengo mis chacras y veo a esa gente y no puedo no ayudarles”, reflexionó el padre de familia. 
Sobre la pandemia, Juan dijo que mantiene los cuidados pero no tiene miedo, aunque es consciente de que la sociedad está “asustada”.  
“De algo hay que morir”, dice entre risas, aunque reconoce que mantiene los recaudos de limpieza con su familia, mientras transcurre la vida quieta y serena en el corazón de la chacra misionera. 

“Avisan cosas cuando el celular agarra señal” 

Flavia Giménez. de Campo Ramón.
Estrés, ansiedad, son muchas las reacciones que va teniendo la sociedad producto del encierro permanente. Salir a sacar la basura a la vereda se volvió para muchos en todo un acontecimiento, principalmente para aquellos que están pasando la cuarentena solos o en lugares que no cuenta con patios. 
El aburrimiento es constante en muchos casos, principalmente en los niños que no pueden ir a la escuela ni asistir a las actividades a las que estaban acostumbrados. 
Los padres se ingenian de todas las maneras y las tareas que mandan desde la escuela no alcanzan muchas veces para mantenerlos entretenidos la mayor parte del tiempo. 
Pero eso ocurre en la ciudad. En la colonia, la situación es muy diferente y las tareas cotidianas – como dar de comer a los animales o barrer el patio–, además de los innumerables juegos que la imaginación alcanza a idear en los amplios espacios de las chacras, se vuelven pasatiempos diarios tanto para grandes como para los más chicos. 
“Acá hay trabajo todos los días, no nos aburrimos nunca. En la ciudad no saben qué hacer con los chicos que no van a la escuela y acá todo el tiempo hay cosas para hacer”, comentó a El Territorio Flavia Giménez. Junto a su esposo, Hugo Da Silva, y sus tres hijos vive en una chacra en las profundidades de Campo Ramón. 
Las amplias dimensiones del terreno, los animales sueltos, los cultivos. Todos se vuelve una ocupación para la familia, que reside allí desde 2009. 
“Acá es más fácil que en la ciudad. Estamos acostumbrados a que cada uno se quede en su casa, más allá de salir a trabajar o ir a la escuela”, aseveró Flavia. 
Al tiempo que mencionó: “En la ciudad están todos encerrados. Acá no llega tanto esa locura, acá es otra cosa. De por sí ya es tranquilo. En la chacra se tiene miedo de la gente que viene. Ahora se cortó la escuela, pero por ahí teníamos miedo de la gente que venían a la escuela desde la ciudad o los padrinos de la escuela que venían de otro lado, como de Buenos Aires. Ahora creo que ya no les van a dejar entrar más”. 

Concientización para conocer
Flavia fue muy crítica al hablar del gobierno municipal de Campo Ramón, puesto que adujo que “solamente hacen campañas en la zona más poblada, de nosotros en las chacras se olvidaron”. 
Todo lo que la familia Da Silva conoce de la pandemia del Covid-19 y la cuarentena obligatoria es por los canales de alcance nacional que pueden sintonizar en el televisor. La información local no les llega. 
“Mi marido al menos tiene un celular, que por ahí agarra señal y le avisan cosas, pero hay gente, como los abuelos de allá (señalando una zona más despoblada) que no saben nada, y si se enteran de algo es porque algún vecino pasa y les cuenta”, explicó. 
Por ese motivo, resaltó que es necesario que la comuna haga un plan de concientización para que la gente sepa cómo cuidarse y conozca lo que está ocurriendo.  
“No se hizo campaña, no nos trajeron nada de alcohol ni nada de eso. Nos deberían explicar lo que está pasando. Incluso hay colonias que clausuraron caminos y la gente ni se enteró”, argumentó. 
Empero, Flavia es precavida y cuida a los suyos como una verdadera jefa de familia. “Mi marido se fue a Oberá a hacer algunas compras y cuando volvió ni lo dejé entrar, afuera nomás lo llevé allá atrás, le hice sacar la zapatilla, la ropa y al baño directo a bañarse”, relató. 
“Hay que cuidarse, la gente piensa que es una gripecita y no es así. Uno de mis hijos tuvo neumonía cuando era chiquito, yo sé lo que es estar internada semanas con tu hijo que no puede respirar, y esta gente no entiende. Yo voy a cuidarme y voy a cuidar a mi familia, no me importa lo que digan los demás”, concluyó. 

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