Barrios sobreviven al aislamiento entre la necesidad y la solidaridad

Jueves 26 de marzo de 2020
Carlos Cardozo

Por Carlos Manuel Cardozo fojacero@elterritorio.com.ar

Hoy se cumple el séptimo día de cuarentena obligatoria establecida mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 274/2020 firmado por el presidente Alberto Fernández ante la expansión del Covid-19 en el mundo. Hasta ahora el cumplimiento es dispar, ya que mucha gente ha sido detenida a lo largo y ancho del país.
A la vez han aparecido millones de registros de lo que es la vida puertas adentro de la vivienda; el #quedateencasa inundó las redes sociales, con challenges y actividades bajo techo. Sin embargo, también se han potenciado las preocupaciones en las clases más carenciadas, aquellos que viven al día de trabajos informales y no cuentan con las necesidades básicas cubiertas.
“No se puede hacer nada, no podés ejercer en ningún aspecto. Yo corto pasto, trabajo en construcción y no puedo hacer nada. Salí a vender productos de limpieza y la gente por miedo así no sale”, cuenta Martín (22), del barrio Prosol I. El joven vive en una casita de madera de dos ambientes junto a su pareja y los tres hijos de ésta, que tienen 2, 6 y 9 años. La mayor festejaba ayer un  nuevo año de vida con las restricciones en tiempos de aislamiento.
Martín espera saber cómo se va a implementar el ingreso de 10.000 pesos para trabajadores informales y monotributistas de categorías bajas que fue anunciado el lunes porque sabe que el parate del país seguirá por varios días más. “Nos estamos manteniendo con lo que hay, pero es difícil. Trato de no quedar loco, pero te preocupa. A mi me genera angustia no poder hacer nada”, confiesa mientras toma tereré frente a la vivienda.
“O te quedás o te quedás, pero a veces no se puede”, agregó. Contó que el martes no tenía plata y salió a rebuscarse con su motocicleta, pero no tuvo ningún éxito y volvió frustrado: “Salí a las 11 de la mañana y llegué a las 17.30, pero gracias a Dios no me encontré con nadie -la Policía-, porque te digo la verdad no tenía ninguna justificación. ¿Qué iba a decir, que me iba a buscar plata? Quizá ellos eso no entienden”, comentó.
Con los niños por ahora la situación es mejor, ya que “quieren salir a jugar, pero igual se les contiene, tienen juegos y juegan acá nomás. Por ahí se van un ratito  y juegan con la niña de ahí en frente una media hora, 20 minutos para que se distraigan”, añadió. También hacen las tareas de forma virtual, algo que los mantiene ocupados en el reducido espacio. 
Una situación similar es la de Marcelo (33), un vecino de Martín que junto a otros dos jefes de familia organizaban ayer el almuerzo. “Todos somos laburantes, yo soy vendedor ambulante, él es changarín y él labura en la obra, pero está todo parado. Hace no sé cuántos días que no estamos trabajando, ya no tenés más plata y no sabés qué vas a hacer si la gurisada quiere comer, ellos no esperan, uno es grande y se puede aguantar”, se lamentó.
Mientras se lleva adelante el puchero en la olla de hierro, el entrevistado cuenta que allí viven once personas -en este caso, la mayoría mayores- distribuidas en tres casas de madera. Gran parte de los chicos juega a las cartas en su casa, mientras su mujer hace una sopa paraguaya.
Marcelo trabajaba hasta hace días comprando y vendiendo productos a los márgenes del puente, una fuente de ingresos para muchísimos posadeños que ahora está totalmente parada. También recorría el centro pero ahora no puede ir porque “te agarra la Policía y es peor”.
“Nosotros somos gente humilde, nadie sale a robar ni nada, pero después hay gente que piensa otra cosa. Si vos no tenés en tu casa para comer, ¿qué vas a hacer? Nosotros compramos un kilo de harina y levadura para hacer un pan casero y aguantar a la tarde. Hacemos una chipa y un cocido para la gurisada”, contó.
Esa incertidumbre que hay en el barrio Prosol se repite en el resto de Posadas y el interior de la provincia. Cuánto más se podrá aguantar sin poder salir a ganarse el pan diario. Incluso muchos vieron la veta en la venta de productos de limpieza, pero se encontraron con dos problemas: no hay circulación ni medios para movilizarse y quienes están en sus casas tienen miedo o desconfianza ante la pandemia.

Los números y la asistencia 
Según los datos del Instituto Provincial de Estadísticas y Censos (Ipec) de Misiones, en el primer semestre del 2019 la cantidad de hogares pobres en el aglomerado de Posadas era de 33.793 y la cantidad de personas en situación de pobreza era de 145.698. De ese conjunto se concluyó que un 4,9% son hogares indigentes que incluyen el 8,3% de las personas.
De todas formas, se sabe que esa cifra se disparó a finales del 2019 por la corrida cambiaria que se inició con las elecciones Paso.
Fabricio Tejerina, de Barrios de Pie, señaló a El Territorio que en estos días se hizo un relevamiento con representantes de los barrios y coincidieron que “todavía la gente está en la casa, compra comida en los kioscos, en el supermercado y hace poco se les dio mercaderías. Pero también está latente la cuestión que no se sabe hasta cuándo va a ser ésto, cuánto va a durar, cómo va a ser el tema alimenticio”.
Tejerina contó que, por una disposición de la organización a nivel país, los merenderos siguen funcionando y que el flujo de gente aumentó mucho más. Trabajan, claro, cumpliendo las medidas pertinentes en el marco de la emergencia sanitaria.
En la chacra 158 de Posadas, por ejemplo, los representantes de la organización solidaria señalan que hay mucha gente que la está pasando muy mal. “Hay tristeza porque los pocos que tenían changas ya no tienen porque no puede salir”, expresó  la coordinadora Noelia. Allí tampoco los comedores y la asistencia dan abasto, pero también se detectaron muchos casos de dengue: “Gente que se recuperó, otros están en proceso y otros que van cayendo”, agregó.
“Se repite eso en varios lugares, los compañeros más o menos plantean eso. Que se va a aguantar ahora y vamos a ver qué pasa en los próximos días, pero si no hay una buena organización entre la Nación, la Provincia y los actores sociales se puede complicar la situación”, reflexionó Tejerina. 
En los últimos días el  Ejército Argentino está acercando asistencia en Posadas y Garupá, algo que se replica en el interior de la provincia y en todo el país.

Los comedores y merenderos, con más gente en los últimos días

Los niños se entretienen jugando a las cartas, mientras mamá cocina.
Los comedores comunitarios son un gran sostén para llevar el día a día en las clases más vulnerables. Sólo en Posadas hay un total de 134 que reciben 325.000 porciones de comida a través de tres cocinas centralizadas del Ministerio de Desarrollo Social, la Mujer y la Juventud. Éstas están en Itaembé Miní, Santa Rita y el Mercado Central.
Faustina Álvarez (40), quien administra de lunes a viernes el comedor Divino Niño Jesús en el barrio Aeroclub, describió que en los últimos días aumentó la cantidad de comensales y que “la gente se está desesperado porque hay muchos que no tiene trabajo, todos estamos así. Es muy feo y difícil porque no sabemos hasta cuando vamos a seguir.”
El almuerzo se sirve puntualmente a las 10.30 y quienes lo reciben se deben acercar con sus recipientes -uno por familia- y llevarlo a su hogar. “Hoy -por ayer- casi a última hora cayó más gente a ver si le podía dar comida y traían ollas grandes, no chiquitas. Yo creo que mañana va a aumentar más y así va a seguir”, proyectó en diálogo con este medio.
“Hay gente que vive día a día y ahora con el tema de cuarentena está muy difícil la cosa. Yo veo que está más feo de lo que era antes, día a día vienen personas a decir eso y es muy desesperante” describió compungida.

Medidas
En estos centros de asistencia también hubo muchos cambios y gestiones. “Tuvimos que parar toda actividad la semana pasada para poder tramitar los permisos, las credenciales para compañero y conseguir los insumos obligatorios y necesarios para el cuidado de todos”, detalló Ivana, del Frente Organizaciones en Lucha (FOL).
La organización cuenta con barbijos, alcohol en gel o líquido, guantes e intensificaron la limpieza. Ivana detalló que “ le brindamos el servicio de viandas -solamente se les recibe a los más grandes, no a niños- y a las personas mayores o que no pueden retirar se les acerca  a sus hogares. Se mantiene cierta distancia”. 
El FOL trabaja en distintas partes de la provincia y sus representantes señalaron que la situación es igual allí. Tanto ellos como Barrios de Pie también están confeccionando barbijos en sus talleres y sus casas para luego poder ayudar si la situación sanitaria se agrava. 

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