El heavy metal como punto de encuentro entre padre e hijo
Comparten tiempo, trabajo y música, unidos por un sonido
La música puede convertirse en un vínculo que va más allá de los lazos familiares. Para Rubén Rohte y su hijo Iván, el heavy metal es parte de sus vidas desde hace años y hoy los encuentra compartiendo escenario en Rohte and Roll, una banda que explora el sonido del Death & Roll junto a Walter Kessel, integrante del grupo.
La historia comenzó de manera diferente para cada uno. Rubén descubrió el heavy metal durante su adolescencia, cuando un compañero de la escuela le prestó un casete con canciones de bandas que hasta ese momento desconocía. La primera escucha fue reveladora. “Yo quedé loco cuando escuché eso, dije, ‘esto es lo que yo quería’”, recordó.
Antes de llegar a ese sonido, Rubén había comenzado a estudiar guitarra a los 10 años. Con el tiempo formó sus primeras bandas, entre ellas Profética y Agresor, con las que fue construyendo su recorrido dentro de la escena del metal. Décadas después, durante la pandemia, volvió a componer canciones y encontró en esa iniciativa el punto de partida para un nuevo proyecto musical.
Así nació Rohte and Roll, una propuesta que tomó su nombre del apellido Rohte y de la afinidad de Rubén con el Death & Roll. Para ponerla en marcha convocó a su hijo Iván, quien ya tenía experiencia como baterista, y a Walter Kessel en la voz. Desde entonces, los tres comparten el trabajo de darle forma a las canciones y sostener el proyecto.
En el caso de Iván, el acercamiento al metal llegó desde muy chico. A diferencia de su padre, que tuvo que descubrir ese universo musical durante la adolescencia, él creció escuchando y viendo de cerca los ensayos y las presentaciones. A los nueve años acompañó a Rubén a un festival de metal en Jardín América, una experiencia que recuerda como una de las mejores de su vida.
Sin embargo, Rubén cuenta que nunca intentó imponerle sus gustos ni convencerlo de que siguiera sus pasos. Fue Iván quien insistía en acompañarlo a los ensayos y conciertos, hasta que encontró su propio lugar detrás de la batería, “él nunca me obligó, ni me insistió, ni me dijo que tenía que tocar”, explicó Iván al recordar cómo se fue acercando a la música.
Hoy, con 26 años, Iván suma una trayectoria propia en distintas bandas y comparte con su padre la experiencia de tocar en Rohte and Roll. La diferencia de 25 años entre ambos no impidió que encontraran un terreno común; por el contrario, la música se convirtió en un espacio en el que pueden encontrarse desde otro lugar.
“Nosotros cuando tocamos ni siquiera somos papá e hijo”, explicó Iván. Durante los ensayos, la relación familiar queda en segundo plano para dar lugar al trabajo musical, las correcciones y la búsqueda de un sonido compartido. Si una parte no funciona, se señala y se vuelve a trabajar, como sucede en cualquier banda.
Para Rubén, esa coincidencia entre padre e hijo tiene mucho de casualidad. Considera que no siempre los gustos que los padres acercan a sus hijos durante la infancia se mantienen cuando crecen. En su caso, Iván eligió por cuenta propia ese camino.
El metal también ocupa un lugar central en la vida cotidiana de ambos. No se trata solamente de un pasatiempo ocasional: requiere ensayos, práctica, instrumentos, equipos y compromiso. “Este es nuestro fútbol de los domingos”, resumió Rubén al comparar la música con otras actividades que forman parte de la vida de las personas.
Junto a Walter Kessel, el proyecto continúa su recorrido dentro de la escena local. Como sucede con otras bandas del género, encontrar espacios para tocar representa un desafío, especialmente tras el cierre de varios bares donde antes podían presentarse. Actualmente, Rohte and Roll atraviesa una etapa de reorganización y trabaja para volver a los escenarios.
La historia de Rubén e Iván demuestra que compartir una pasión no significa que uno deba seguir necesariamente los pasos del otro. En su caso, el vínculo con el metal surgió de maneras distintas, pero terminó reuniéndolos en una misma banda. Entre guitarras, batería y riffs pesados, padre e hijo encontraron una forma de compartir tiempo, trabajo y música, unidos por un sonido que eligieron hacer propio.
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