Más de dos décadas de trayectoria
Deadly, amistad y autogestión en el metal misionero
La historia de Deadly empezó en 2001, cuando el país estaba envuelto en una crisis que terminó con el gobierno de Fernando De la Rúa y cuando todavía se llamaban Deadly Noise Crew. Por aquellos días, sus integrantes comenzaban a abrirse camino en la escena musical de Posadas. Por entonces, tocaban hardcore y grindcore en los espacios disponibles, entre ellos la exestación de trenes, y compartían escenarios con bandas de metal que formaban parte del circuito local, como Exequias, Fortaleza y Sólido Metal.
Más de dos décadas después, la banda continúa en movimiento. Con una formación de cinco integrantes, recitales dentro y fuera de Misiones y un nuevo disco próximo a editarse, Deadly representa una de las expresiones actuales de una escena que, según sus protagonistas, nunca dejó de ser autogestiva, aunque haya atravesado períodos de mayor actividad y otros de repliegue.
“Nosotros, los cinco miembros de la banda, amamos tocar en vivo, crear y transmitir nuestra música”, resume Tory Insaurralde, vocalista del grupo. Para él, la continuidad no depende solamente de las canciones o de los recitales, sino también de aquello que mantiene unidos a sus integrantes: “Lo principal es la amistad, las ganas y la pasión por lo que uno hace”.
Las raíces musicales de Deadly están en el grindcore, un estilo extremo emparentado con el punk, con el que comparte parte de su espíritu independiente. También reconoce una fuerte influencia del death metal clásico. Esa combinación se traduce en una propuesta de sonido pesado y rápido, construida principalmente a partir de composiciones propias.
A lo largo de su recorrido, la banda llevó su música a distintas localidades de Misiones y cruzó las fronteras para tocar en Brasil y Paraguay. También se presentó en Buenos Aires y Venado Tuerto. Esos viajes, explica Insaurralde, permiten ampliar el público, conocer a otros músicos y construir vínculos con escenas de diferentes lugares.
En este contexto, Deadly prepara nuevas presentaciones y trabaja en un disco que espera publicar antes de fin de año. Será un nuevo paso para un grupo que ya cuenta con tres discos y que, salvo en participaciones en álbumes tributo, construye su repertorio con canciones propias.
Una escena que va y viene
La continuidad de Deadly contrasta con los altibajos que sus integrantes observan en el circuito local. Insaurralde conoce ese ambiente desde la adolescencia. Comenzó a frecuentar recitales cuando tenía alrededor de 12 años y recuerda a bandas como Atila, Infección y Exequias, nombres que forman parte de su recorrido personal por la escena metalera de Posadas.
En estos años, Deadly también tuvo su propio paréntesis. Es que la actividad se detuvo durante un tiempo cuando uno de los guitarristas viajó a Europa. Después de su regreso, la banda volvió a ponerse en marcha. La experiencia refuerza una percepción que el cantante extiende al conjunto de la escena.
“Es como que la movida metalera siempre fue cíclica. Hay años que está más activa, otros más caída”, observa. En su balance del año, considera que hubo pocos recitales de bandas locales, aunque las visitas de grupos de mayor convocatoria suelen reunir nuevamente a quienes integran el ambiente.
El público también marca los límites de ese circuito. Insaurralde describe al metal como parte de una movida contracultural que funciona dentro de un espacio reducido. Según su experiencia, en los recitales locales no suelen superarse las 150 personas. Aun así, sostiene que la respuesta del público los impulsa a seguir tocando, compartir fechas con bandas de distintos estilos y generar nuevas propuestas.

“Hay que mantenerse activo, tocando, generando música”, afirmó. En esa insistencia encuentra una manera de atravesar los períodos de menor movimiento sin abandonar el proyecto.
La autogestión es otra parte central de esa continuidad. Deadly se sostiene mediante la venta de remeras, discos y otros productos de la banda. Para viajar, en ocasiones solicitan que les cubran el combustible de ida, una ayuda que les permite afrontar parte de los costos de cada presentación.
Cada salida implica organizar recursos y generar contactos. Para Insaurralde, sin embargo, esos esfuerzos tienen una recompensa que excede lo económico. Los viajes les permiten conocer gente nueva, hacer amigos y mantener vivos los vínculos dentro del circuito.
Malena, una amiga bajista
La historia de Manuela Giménez dentro de Deadly también está atravesada por la amistad. Se incorporó como bajista hace dos años, pero conoce a sus compañeros desde hace alrededor de dos décadas. Antes de sumarse, había seguido la trayectoria del grupo desde afuera y había compartido con sus integrantes una cercanía que hizo natural su llegada.
“Se dio todo orgánicamente, fue muy lindo y muy fácil porque justamente hay una amistad”, contó en diálogo con El Territoro. Para ella, formar parte de la banda significó ingresar por primera vez a un proyecto de metal, aunque su experiencia musical ya incluía otras formaciones.
Giménez también toca en Vonchekotwans, una banda de rock, y anteriormente integró Terror Manija, un grupo de chicas posadeñas en el que tocaba la batería.
Su recorrido le permite observar la escasa presencia femenina, otra característica del ambiente metalero.
“La escena del metal, desde sus inicios, siempre fue mayormente masculina”, señala. Aunque reconoce la importancia de las exponentes que formaron y forman parte del género, considera que todavía son menos en comparación con sus pares varones. En el circuito local suele compartir recitales con Flor, baterista de Desollador, y plantea que sería positivo que más mujeres se animaran a formar bandas o incorporarse a proyectos existentes.
En los viajes, asegura, la diferencia se vuelve visible. En otros lugares donde tocaron encontró una mayor presencia de chicas dentro de la escena.
Para Giménez, el vínculo entre el grindcore, el punk y la autogestión ayuda a explicar la identidad de Deadly. “Tiene mucho de autogestión y de comunidad que para mí es muy importante, eso es lo que nos une”, aseguró. Y volvió sobre una idea que atraviesa el relato de ambos integrantes: la posibilidad de construir un proyecto musical con amigos.
Su relación con la música va más allá del escenario. Además de tocar en bandas, pasa música en vinilo, crea contenido y trabaja en actividades vinculadas con ese universo. “Es mi estilo de vida, cuando uno hace lo que le hace bien todo se va alineando alrededor de la música”, afirmó Manuela, quien comparte sus trabajos a través de sus redes: @manuelagimenezlutgen.
En Deadly, esa manera de vivir la música se traduce en ensayos, canciones, viajes y recitales, incluso cuando la escena local atraviesa momentos de menor actividad. Con un nuevo disco en preparación y fechas que los conectan con públicos de otras ciudades y países, la banda sostiene su lugar en el metal misionero a partir de una combinación que sus integrantes consideran esencial: amistad, pasión y autogestión.
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