“Los socios también son amigos”, apuntaló

Un todoterreno que se ganó el cariño vitalicio del Tacurú

Juan Wojcik (55) representa al ambiente golfístico en el club posadeño. Llegó con 10 años de edad para ser caddie y entabló lazos para toda la vida. Hoy cumple una labor clave
domingo 02 de junio de 2024 | 6:05hs.
El Pola está siempre en la galería, justo delante del hoyo uno.  Foto: Marcelo Rodríguez
El Pola está siempre en la galería, justo delante del hoyo uno. Foto: Marcelo Rodríguez

Cuando un golfista se apresta a emprender los 18 hoyos del Tacurú no puede hacerlo sin antes pasar por la aduana del Polaco. La galería es el box de salida para cualquier torneo o encuentro amistoso, y allí se ubica él, justo delante del tablero y detrás de su humilde escritorio cargadado de tarjetas.

Juan Ramón Wojcik es sinónimo del club de la Hormiga. Con 55 años el posadeño lleva décadas facilitando la tarea al socio y hasta puede presumir de ser un psicólogo sin título en el momento que lo requieran. Sin dudas un todoterreno que ya forma parte de la historia del club.

El Pola llegó a los diez años de edad para así forjar lazos estrechos con el Tacu. “Fue junto a unos amigos y en 1979 empecé la labor de caddie. Me trajo Javier Cardozo, hoy profesor, para llevar palos”, inició.

“Así fue por nueve años hasta que hice toda la escuela secundaria y me fui a Santa Fe a estudiar profesorado de educación física. Allá trabajé los fines de semana en el club El Paso -todavía sigue en pie-”, recordó Wojcik, quien también descubrió al mismo tiempo su otra pasión: las maratones.

“En principio era caddie para tener ingresos; así conseguí sponsor para correr maratones gracias a un golfista adinerado que era gerente de Posadas Refrescos”, remarcó.

“Los fines de semana seguía viniendo al Tacurú hasta que empecé la colimba y más tarde me fui a Santa Fe… nunca pensé en dedicarme al golf profesional porque no confiaba en mi juego y sinceramente mi pasión estaba puesta en correr”, se sinceró.

Con su retorno a Posadas el Pola sabía que su destino estaría ligado al club de Miguel Lanús. Eso nunca lo dudó hasta que llegó la oportunidad que esperaba.

“Tuve un impasse de tres años hasta que me dediqué a organizar torneos en el Tacurú los viernes, sábados y domingos. Tenía 36 años y un día Ramón González -gerente del club- me ofreció hacer las tarjetas”.

“Cuando asumió Jorge Resek en la directiva me pidió que me quedara en la organización porque le trataba bien a la gente. Me dijo que las personas tenían que irse con ganas de volver al otro día, si alguien venía con un problema no tenía que irse con uno más”, describió.

“Me tocó estar en el otro lado y puedo decir que en muchos lugares donde corrí la gente me trataba mal. Aprendí de eso. Hoy viene un socio con un problema y hay que tratar de solucionarlo todo”.

“Si te pide un carrito o guante tenemos que tenerlo a disposición. Además, al golfista le gusta charlar cuando termina de jugar, te cuenta sus problemas o molestias… hay que estar”, siguió.

Wojcik entabló lazos fuertes con su puesto de trabajo y así pudo conocer hace 12 años a Graciela, la madre de su hija Magda que hace siete años bendice a la pareja.

Por eso hoy, más que nunca, el Pola agradece la oportunidad de ser emblema del Tacurú y lo devuelve con creces.

“Soy un polifuncional. Trabajo desde 7.30 de la mañana y me quedo hasta que se va el último golfista”, dijo. “Es algo que me gusta hacer con esmero. Los socios son patrones pero también amigos”.

“El Tacurú es todo, es una vida. Nos fuimos y volvimos, me abrió puertas y hoy es parte de la familia. Vivo a dos kilómetros del club y vengo trotando (entre risas). Es una pasión”, cerró el personaje más reconocido del condado del palo y la pelotita. Un símbolo que lleva con orgullo esa bandera que le toca portar.

Temas de esta nota
¿Que opinión tenés sobre esta nota?