Reconocidos como los guardianes del Oriental

Cabeza Oviedo y Rossana Ledesma, compromiso y amor por Tokio

Son dos figuras emblemáticas del club capitalino, cada uno con una historia única y una pasión compartida por el deporte y los colores que cambiaron sus respectivas vidas
domingo 02 de junio de 2024 | 6:05hs.
Los protagonistas de lindas historias, exhibiendo algunos de los trofeos importantes que cosechó el histórico club. Fotos: Guadalupe De Sousa
Los protagonistas de lindas historias, exhibiendo algunos de los trofeos importantes que cosechó el histórico club. Fotos: Guadalupe De Sousa

Inelfonso “Cabeza” Oviedo (61) y Rossana Ledesma (51) son dos figuras emblemáticas del Club Tokio, cada uno con una historia particular y una pasión compartida.

Inelfonso, conocido cariñosamente como Cabeza, lleva 36 años trabajando en el club. Oriundo de Ituzaingó, Corrientes, llegó por casualidad y comenzó su carrera en el rol de maestranza. Desde entonces vivió en las instalaciones durante 31 años desempeñando diversas tareas.

Apasionado del deporte y por el fútbol desde niño, se enamoró también especialmente del básquet, que le brindó muchas alegrías. Es una figura querida por todos, desde los más pequeños hasta los veteranos que alguna vez vistieron la camiseta del club. Su dedicación y amor por los colores lo convirtieron en un héroe silencioso y en un profeta fuera de su tierra.

Por otra parte, Rossana trabaja en la secretaría hace más de diez años, desempeñando roles importantes y múltiples funciones. Anteriormente fue periodista deportiva, pero dejó esa carrera al convertirse en madre. En 2008, llevó a su hijo Lautaro al club por primera vez cuando cumplió 8 años, convirtiéndose en una mamá más entre la comunidad.

Su hijo menor, Mariano, también entrenó y jugó en el Japonés, y hoy en día es asistente del cuerpo técnico de la primera en la Liga Federal y trabaja en las formativas.

Rossana comenzó su labor en 2014, después de que Tokio se quedara sin secretaria; así, se convirtió en una figura fundamental en la última década, conocida por su compromiso, calidez y trabajo. Muy querida también por cada uno de los niños y niñas que pasan sus tardes entrenando.

Ambos comparten el sueño de ver a Tokio lograr el ascenso esta temporada y coronarse como campeones de la Liga Federal. Para ellos, el club es más que un lugar de trabajo, es su hogar y una gran familia.

En diálogo con El Territorio Cabeza Oviedo se animó a contar su maravillosa historia con el club oriental.

“Soy empleado del club desde hace 34 años, la verdad que el día a día es muy lindo en este lugar, el club es como mi casa, es muy familiero. El Club Tokio me dio todo en esta tierra misionera”, comenzó.

“En 1990 llegué a Posadas desde Ituzaingó (Corrientes), anteriormente trabajaba en las obras en mi provincia y venía con la idea de poner un negocio. Un día pasé por el club y estaba el cantinero Duterio Morínigo, que tenía una propuesta de trabajo. La prueba duró una semana y desde ese momento comencé a trabajar en este lugar”, recordó.

Cabeza siempre se identificó con el deporte, desde pequeño pateaba todo lo que se parecía a una pelota y hasta el día de hoy sigue de la misma manera, incluso, jugando al fútbol con los veteranos en sus ratos libres.

“Siempre me gustó el deporte y soy un apasionado, nunca me imaginé y no estaba en mis planes trabajar en un club, pero la verdad es que me dio muchísimas alegrías y me abrió las puertas”.

“Desde el primer día que comencé a trabajar me quedé a vivir en el club y recién me mudé hace cinco años acá a la vuelta, muy cerquita, estoy más acá que en mi casa”, expresó Oviedo.

Anécdotas y alegrías
El título conseguido en 2017, aquel bicampeonato de Tokio en la Liga Provincial de básquet con un final de película, quedará por siempre en la memoria de Cabeza y de la familia oriental.

“Una alegría muy grande que tuve y nunca me voy a olvidar, es cuando jugábamos contra Tirica la final del Provincial y perdíamos faltando dos décimas de segundo. El entrenador Horacio Santa Cruz pide minuto después de que Pipi Paredes metió un triple y quedaron arriba en el marcador, ellos ya estaban festejando”, comentó.

Inelfonso “Cabeza” Oviedo
Cabeza es una de las personas más queridas y representativas de Tokio.

“Yo me empecé a sentir mal, me empecé a descomponer, no quería mirar más el partido porque no teníamos tiempo y empecé a caminar para el fondo de la cancha. En un momento quedó todo en silencio el estadio y fue cuando Daniel Tabbia lanzó un triple en esos segundos y la pelota comenzó a caer en dirección al aro, me doy vuelta y parece que se detuvo el tiempo por un momento por lo tensión que se vivía. Finalmente la pelota ingresó, el estadio explotó de alegría y ganó Tokio en la última por 68 a 67. Se me pasó todo el malestar en ese segundo”, expresó entre risas.

Tokio fue el primer club en tener la superficie de parquet en la provincia y por supuesto que Oviedo recordó esas épocas de los años 90.

“El club siempre fue creciendo y eso hay que destacar, recuerdo que antes las canchas eran todos de piso, no existía el parquet. Este fue el primer club que tuvo parquet y fue ahí donde Luz y Fuerza comenzó a jugar acá de local porque anteriormente lo hacía en el Instituto del Deporte, pero era muy chico el lugar. Jugó la final del ascenso acá y no entraba un alfiler, fue impresionante”, comentó.

“Una linda época para el básquet misionero, en ese momento Rubén Magnano era el entrenador de Luz y Fuerza y él siempre me pedía que le prestara una tele de 14 pulgadas que yo me había comprado en La Placita en ese momento”.

“Les sentaba a todos los jugadores en los bancos de madera, entre ellos los estadounidendenses, y las figuras frente a mi televisor y le mostraba videos y partidos, se pasaban horas. La verdad que conocí y me hice amigo de personas increíbles y mi televisor fue útil en ese momento”, contó con alegría.

Con respecto a cómo ve al club que lo adoptó hace más de tres décadas, destacó que “lo importante es que el club sigue creciendo, son muchas familias y muchos socios que hacen posible todo esto. Los técnicos, jugadores y directivos, son pasajeros, pero el club queda y cada vez que entro y veo el símbolo de Tokio me pongo muy feliz porque vamos por buen camino”.

Para finalizar Cabeza se ilusiono con lograr el ascenso: “Uno de mis sueños es que consigamos el ascenso esta temporada en la Liga Federal, en el 2001 también estuve pero creo que Tokio se merece por el trabajo que vienen realizando los dirigentes, cuerpo técnico y jugadores. Tenemos que volver a estar en lo más alto”, sentenció.

En la misma sintonía
Otra de las personas más reconocidas en el club es Ledesma, quien compartió su historia tan peculiar con Tokio.

“Yo comencé acá en el club cuando mi hijo Lautaro cumplió 6 años. En el 2008 comencé a venir con él y comencé a entrar acá en el club como una mamá más. Después comenzó a entrenar mi hijo más chico, Mariano, quien hoy en día es asistente del cuerpo técnico de la mayor en la Liga Federal y trabaja en las formativas”, expresó.

“En el 2014 me habló un día Aníbal Velázquez si podía ayudar en la secretaría porque se habían quedado sin la suya y en ese momento también ingresó como tesorero Nicolás Fulquet. Me pidieron que trabajara con ellos y hasta hoy continuamos”, agregó.

“Lo que más me gusta de trabajar en el club son los chicos y chicas de las infantiles, con la alegría que vienen a entrenar y bueno con los más grandes también, tengo una muy buena relación con todos”, destacó Rossana.

Asimismo, contó también que “conozco a todos los que pasan por la puerta, algunos con nombres y otros por los apodos porque algo típico de los chicos es ponerse sobrenombres así que la mayoría tenemos algún apodo gracioso”.

“Mi tarea diaria en el club es hacer de todo un poco, estoy con la tienda, después también soy intendente de cancha, estoy con la organización cuando se viaja al interior, con las formativas, de todo en general”, mencionó.

Anécdotas y alegrías
“Cuando ganan los chicos... por ahí parece una pavada, pero cuando los chicos ganan sus primeros partidos y más los chiquitos que por ahí recién comienzan uno se emociona al verlos. Cuando mi hijo jugaba también fue muy emotivo, eran todos los fines de semana que teníamos que viajar a otras provincias con el torneo Argentino de Clubes en ese momento y ellos quedaron terceros, fue muy lindo”, expresó emocionada.

Rossana también recordó su historia: “Antes de mi labor en el club me recibí de periodista y tuve algunos trabajos hasta el día que nació mi hijo más grande, después de eso me dediqué a la maternidad”.

Rossana Ledesma
Rossana Ledesma junto a las chicas de las formativas, sus ‘pollitas’ como las llama.

“Con la intención de acompañarlos a mis hijos con el tiempo fui al club y de todas maneras terminé trabajando en el ámbito deportivo”, subrayó.

Por otra parte, Rossana comentó también que su familia estuvo siempre ligada al deporte. “Siempre en lo familiar estuvimos relacionados con el deporte, mi abuelo era Jaime Baigual y por muchos años ocupó el cargo de presidente del Club Unión y después también trabajó en la Sociedad Española. Siempre estuvimos ligados al básquet y al fútbol, todos los domingos era ir a mirar partidos en el estadio de Atlético Posadas o la cancha de Guaraní, que eran los que mejor se desempeñaban en esa época”, comentó.

“El deporte siempre en la sangre, desde los abuelos, la familia y los hijos. Lautaro estuvo en el club hasta que se fue a estudiar a Buenos Aires y ahora está Mariano que está trabajando con el coach Ponissi”, agregó.

Con respecto a algún sueño por cumplir en la institución, Ledesma manifestó que le gustaría que los chicos que están compitiendo en Liga Federal puedan ascender y salir campeones esta temporada.

Es común ver a Rossana en la entrada del club, en cada partido o alguna ocasión especial controlando y manteniendo el orden; también viajó con los planteles dentro y fuera de la provincia.

Para finalizar, manifestó que “el ambiente es re lindo, los chiquitos son mis pollitos cuando uno se lastima siempre estoy ayudando también, los acompaño si hay que ir al hospital”.

Ella trabaja todos los días en el club, excepto en los que Tokio juega de visitante. “Se extraña cuando no están los chicos”, cerró.

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