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Pablo Fernández Long, militante agrario, dirigente montonero en los 70 y exiliado

“Elijo hablarles a quienes tengan un interés genuino en la historia”

El sociólogo que perdió compañeros de lucha durante la dictadura, hoy hace de transmitir la memoria una de sus causas principales, y ayer estrenó un documental

domingo 24 de marzo de 2024 | 6:05hs.
“Elijo hablarles a quienes tengan un interés genuino en la historia”
Pablo Fernández Long señala el nombre del docente y dirigente misionero desaparecido Juan Figueredo en el monumento en Buenos Aires.
Pablo Fernández Long señala el nombre del docente y dirigente misionero desaparecido Juan Figueredo en el monumento en Buenos Aires.

En una atmósfera negacionista inédita desde el retorno de la democracia, tanto porque su aire es insuflado desde el mismo Estado y porque sus argumentos rancios resquebrajan los cimientos del consenso colectivo sobre memoria e identidad, llega otro 24 M.

Se sucederán este domingo y también toda la semana marchas y otras actividades para reivindicar la bandera del Nunca Más y recordar los atroces crímenes cometidos por la última dictadura cívico militar eclesiástica.

Unas impunidades, unas herencias, unos objetivos de aquellos días de plomo del autoproclamado Proceso de Reorganización Nacional que instauró el golpe del 76, se sienten en este presente de políticas de ajuste brutal al pueblo y de imperio del neoliberalismo a cualquier precio.

Por ello, frente a unos vientos que buscan borrar el pasado reciente para instalar la idea de un futuro venturoso individualista y sin memoria que tiene su propaladora falaz en las redes sociales y en los medios de comunicación hegemónicos y que seducen a jóvenes y viejos incautos, es urgente rescatar y poner a circular los testimonios vividos de aquella época oscura de la Argentina. Hombres y mujeres que en carne propia han sufrido la crueldad de la dictadura o han perdido familiares. 

Ante la comprobación irrefutable de la represión, desaparición, tortura y muerte, socarronadas canallas como la frase proferida por el presidente en la apertura de sesiones del Congreso: “Si hubiéramos hecho las cosas como un país mediocre (en la pandemia) hubiéramos tenido 30 mil muertos, ‘de verdad’ (alza la cabeza mira al auditorio de acólitos aplaudidores) mientras tuvimos 130 mil con el dolor enorme que eso significa”, son sólo una muestra de provocación, un pobre botón del paradigma de este momento histórico mundial de tiranías del poder del capital y de crisis globales y regionales y neofascismos.                        

A 48 años del golpe, el compromiso con la Memoria, Verdad y Justicia sigue intacto, vigente y muy paciente también para cuidar la democracia y desmontar cada uno de los mitos instalados para agitar la teoría de los dos demonios, que siempre reaparece con distintas percepciones.  

La dictadura en Misiones

“Hoy casi a tiempo completo me dedico a hacer memoria, a recordar y recordarles a los jóvenes (y a los viejos también) por lo que hemos pasado (en la dictadura), con compañeros recorremos escuelas para responder las preguntas de los jóvenes que tienen la curiosidad y el deseo de conocimiento de esta parte de la historia de nuestro país, y específicamente de la historia de Misiones. Y si es posible, contribuir para que haya una cierta comprensión del riesgo que estamos corriendo en este momento en nuestro país recorriendo caminos que ya experimentamos muchas veces y que nunca dieron un resultado muy positivo para el pueblo”, dijo Pablo Fernández Long al comenzar la entrevista con El Territorio sobre su compromiso con la memoria y con el rescate de las luchas agrarias de los 60 y 70, cuyos referentes fueron el blanco predilecto de la represión en la tierra colorada.         

Fernández Long es sociólogo, en los primeros años de los 70 y recién egresado de la Universidad Católica Argentina de Buenos Aires, llegó a Misiones y se sumó al Movimiento Agrario de Misiones (MAM); en 1975 y por el Partido Auténtico (PA) ligado al peronismo de Montoneros, resultó electo diputado provincial, al igual que Juan Figueredo, después del golpe fue parte de la conducción nacional de Montoneros y en 1979 debió exiliarse en Suecia.

Con el advenimiento de la democracia hace varios viajes a Argentina, pero recién se radica nuevamente en Misiones en 2007.

El militante del movimiento agrario realizó unas publicaciones que testimonian los 70, en tanto que ayer se estrenó la película documental M.A.M. Resistencias Misioneras, dirigida por Ayelén Magnin y Fernández Long.

Y desde su casa en Leandro N Alem sostuvo esta charla telefónica.

Hay un discurso muy de moda hoy, que dice que hay que dejar el pasado atrás y mirar al futuro para ser un “país normal”, una Argentina desde cero, pero sin embargo usted sostiene que es importante hacer memoria…

Para mí es inevitable hablar del pasado, contar sobre ese pasado porque no quedó atrás del todo… Miles de personas desaparecieron de sus familias, fueron capturadas, desaparecidas, encarceladas, asesinadas, algunas aparecieron vivas, otras se identificó sus restos y otras todavía hoy no aparecen. Para conocer hay que poner un poquito de empeño, y yo quiero reflexionar, relacionar aquello que pasó con lo que está pasando ahora en el presente. Me parece  importante. Lo que está pasando ahora son los mismos objetivos, promovidos por los mismos intereses económicos de poderosos empresarios, que en democracia no han utilizado la tortura, la desaparición, las fuerzas de seguridad como antes, pero sí han aprovechado el temor que dejó la dictadura, la disipación de la lucha social, el desinterés que se generó también en los 90 con el  liberalismo y sus valores y, hoy lograron a través de medios que les son adictos, crear una especie de ignorancia que acepta promesas, proyectos, que en realidad son en contra de la mayoría del pueblo.

¿Hay continuidades con esa historia?

Fijate en relación a eso, yo estaba recordando que la dictadura se alzó con los pequeños productores de Tucumán, Chaco, etcétera, y cómo hoy están haciendo lo mismo, hace pocos días supimos que destruían lo que es la Agricultura Familiar, un área dentro del gobierno nacional que ha permitido ayudar y salvar a los sectores de producción más chicos, (en Misiones tenemos las ferias francas como un modelo de esta pequeña producción) y al mismo tiempo que le destruyen una estructura que podría ayudar al desarrollo de estas formas de producción, abren la importación de productos como la yerba, algodón y otros, con lo cual ellos están dando un golpe al riñón del pequeño productor. Hay que tener memoria, pero hay que tener también un poco de atención, abrir los ojos y ver lo que está pasando a nuestro alrededor, porque a lo mejor nos pasamos horas estudiando lo que pasó, y no nos damos cuenta de que nos está pasando ahora lo mismo.

¿Hay una preocupación o una vocación en la sociedad por hacer memoria?  

Yo creo que en este 24 de marzo en particular, hay que hacer una reflexión doble, mirar el pasado, pero mirar muy atentamente el presente también, qué es lo que está pasando, las escuelas tienen una función en esta construcción y rescate de la memoria; los que quedamos de esa época, siempre en torno a esta fecha o durante todo el año visitamos los colegios, charlamos con docentes y estudiantes. Yo veo que en los últimos años ha aumentado mucho el interés de los jóvenes y de los docentes. Pero hay algo que hay que tener en cuenta, esta semilla de memoria que se siembra va muy despacio comparado con los discursos que se difunden por los medios de comunicación, por las redes sociales, y resulta difícil contrarrestar esa ignorancia de lo que pasó, y esa ignorancia de lo que está pasando.

Hoy vemos que hay otras ideologías y otras formas de explicar lo que pasó que de cierta forma prenden en los jóvenes: ¿le preocupa eso, esa derechización, podríamos llamarlo así? ¿A quiénes les habla cuando habla de nuestra historia?    

Cuando la dictadura dijo que había una guerra, ellos lo definieron como una guerra, pero en realidad fue una guerra de exterminio, de personas, ideologías, organizaciones sociales. Pero nunca fue una guerra, en el sentido de que para que haya una guerra tiene que haber dos grupos o bandos enfrentados  medianamente con la misma fuerza. Aquí fue una guerra de exterminio realizada por el Estado, yo le llamo una guerra contrarrevolucionaria, pero no fue una guerra en el sentido tradicional, lógico, de la palabra. Lo que sí hubo fue una metodología de exterminio que consistía en la  desaparición forzada, tortura y hasta la muerte. Hoy se discute la cifra de desaparecidos, como si eso restara en algo la responsabilidad de la dictadura de este plan sistemático de exterminio. Se dice si fueron 30.000 o 40.000 o 5.000, en realidad fueron muchísimos más y eso hay que explicarlo. Hay una cifra de desaparecidos que no volvieron a aparecer o que se halló e identificó sus restos pero hubo otros desaparecidos que luego volvieron, pero estuvieron desaparecidos por el Estado, sin posibilidad de defensa y con una Justicia que fue cómplice. 

Me preguntás a quien les hablo, yo para ser conciso, en esta oportunidad elijo hablarles a las personas, a los jóvenes sobre todo, que tienen un interés real y genuina por el conocimiento, que están atentos a escuchar todo y a analizar de manera crítica. 

Yo podría dirigirme a los que ya conocen la historia y que conmemoran el 24M, pero yo creo que no hace falta. También están los que la niegan a la historia, el negacionismo, los que fueron cómplices, porque por distintas razones se la niega. En la sociedad argentina, yo nací en 1945, vi hacerse el peronismo y vi crecer el antiperonismo también, que es muy irracional y muy complejo de tratar de explicar en pocas palabras. Pero entonces hay gente que considera que todo lo que tenga que ver con la memoria, con derechos humanos y denuncia de la dictadura es cosa de peronistas y que por eso es falso. Y bueno, creo que tampoco nos vamos a dirigir a ellos, porque es absolutamente inútil.

A los que hoy todavía, sea por la causa que sea, están convencidos de que en Misiones no pasó mucho durante la dictadura ¿que les diría, qué cosas les contaría? 

Perfecto, yo me voy a concentrar en lo que pasó aquí en Misiones, y dentro de un marco general, el marco general que fue la dictadura del 76, para decir que sí pasaron cosas en Misiones. Años antes de los 70, ya el Ejército argentino comienza a frecuentar la escuela de guerra francesa, que decía que en el futuro el arma de guerra iba a ser la inteligencia, y eso fue lo que vivimos en Argentina durante la dictadura. La inteligencia fue la base para el plan de represión. Y en Misiones hasta el último rincón fue controlado por el Batallón 601, los grupos de tarea eran manejados por inteligencia de las fuerzas y Campo de Mayo fue un lugar central para el exterminio, tortura y desaparición. Y esta guerra, voy a ser muy breve porque es un tema muy largo, ellos la dirigieron, la empezaron a fomentar y armar en Tucumán, en los años 60, con la idea de destruir al pequeño agricultor cañero tucumano, porque ellos tenían la teoría de que eso sería la base de un Vietnam, una serie de disparates, apoyados por los empresarios azucareros, obviamente. Esa teoría usaron para destruir al pequeño productor, porque el pequeño productor exigía precios justos, hacía huelgas, y en Tucumán lograron destruir bastante al pequeño productor y concentrar la producción en grandes manos.

Y lo que sucedió en Tucumán es también una expresión de lo que había pasado aquí en Misiones. La gran batalla que llevó adelante la dictadura fue contra el pequeño productor. ¿Y por qué? Porque el pequeño productor en aquella época era un sector muy importante de la producción, en la actualidad, la mayoría abandonó la producción, se fue a las zonas urbanas, vendió sus tierras a bajos precios, los grandes productores yerbateros por ejemplo se  apoderaron de muchísimas tierras y hoy el pequeño productor no tiene la potencia que tenía en ese entonces. Y aquí en Misiones la dictadura se centró en la destrucción del pequeño productor que se nucleaba para reclamar por sus derechos. Si alguien quiere saber más sobre cómo la dictadura tuvo su núcleo duro yendo contra los trabajadores agrarios, pueden visitar Acaraguá en Campo Grande, allí se  estableció el campo de concentración principal, donde llevaban a las personas de las chacras,  vecinos, colonos, colonas, a sus hijos. Algunos desaparecían por días o para siempre, otros iban presos y los soltaban. Pero desde allí implantaron el régimen de terror que terminó por dispersar a ese movimiento, destruirlo, y lograron uno de sus objetivos, que fue el control de las producciones del agro en Misiones.

¿Piensa que hay una deuda hoy de los actores de la dictadura con la sociedad o con un sector de la sociedad?

Muchos de los que tienen esa deuda hoy están llevando adelante la destrucción de los intereses populares, y es una deuda tan enorme y vigente que yo diría que sería injusto hablar de que es solamente  con algunas personas que sufrieron directamente o que estuvimos perseguidos o con algunos sectores sociales que fueron desmantelados. Yo creo que es una deuda con toda la sociedad argentina, una deuda monstruosa y que va a llevar mucho tiempo ser saldada, todavía forma parte de un futuro incierto para nosotros, yo creo que estamos todavía en este drama como para poder hablar de futuro y de una salida y de una recuperación. Ahora estamos viendo cómo crear una conciencia, un conocimiento de la gente de qué es lo que está pasando, porque si no hay memoria se repite el pasado. 

 

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