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Cursa cuarto año en la facultad y quiere ser cirujano

De niño derrotó a un extraño tipo de cáncer, hoy sueña con ser médico

Matías Melnik padeció un tumor maligno en el oído. Fue diagnosticado a los 7 días de vida y operado en el Hospital Italiano, de Buenos Aires. Ahora estudia Medicina

domingo 09 de abril de 2023 | 6:05hs.
De niño derrotó a un extraño tipo 	de cáncer, hoy sueña con ser médico
Actualmente se divide entre clases y prácticas en el Hospital Madariaga. Foto: Joaquín Galiano
Actualmente se divide entre clases y prácticas en el Hospital Madariaga. Foto: Joaquín Galiano

Su caso rompió todos los pronósticos. Su recuperación no encajaba en los estereotipos. La manera de sobrellevar el tratamiento despertaba intriga y admiración en quienes lo atendían. El alta médica fue el corolario de una conjunción imbatible, la medicina y la fe.

Matías Ezequiel Melnik era muy pequeño cuando el cáncer irrumpió. No recuerda el revuelo que generó en aquellos años cuando su vida transcurría entre habitaciones y quirófanos. Sin embargo, gracias al relato hablado de su principal escolta, su madre, Clarita Nélida Klimczuk, él sabe que es un sobreviviente.

A los siete días de haber nacido le detectaron un nódulo detrás de la oreja, meses después el diagnóstico era el más temido, sobre todo por lo extraño de la patología: tumor neuroectodérmico primitivo en la glándula parótida del oído medio. Cuando ya no había nada por hacer en Posadas, Clarita y Matías se trasladaron a Buenos Aires, mientras Carlos Melnik se quedó en Posadas trabajando para financiar la odisea.

En el Hospital Italiano, lo operaron cuando tenía casi 2 años, el 31 de julio de 2003. Y en 2009 le dieron el alta oncológica definitiva. Hoy, a sus 21 años, cursa cuarto año de Medicina en la Universidad Católica de las Misiones (Ucami). Su andar es testimonio de fortaleza ante la más difícil de las batallas: está sano, venció al cáncer.

“Desde que nací, a los siete días aproximadamente me detectaron un nódulo en la parte derecha de la cara. Fue desde el 2001 hasta el 2003, el año en el que me hicieron la cirugía para sacarme el tumor. Después, fueron cinco años consecutivos de controles hasta que me dieron el alta”, comenta Matías en diálogo con El Territorio y agrega: “Tuve un recuerdo hace poco, en el hospital haciendo prácticas, de la sala de oncología. Me acuerdo de los sillones de living donde la gente se sienta para hacer el tratamiento. Eso revivió un poco lo que padecí, pero de haber sufrido o de alguna dolencia no me acuerdo de nada, era muy chiquito. Siempre estuvo mi mamá ahí”.

El nódulo se detectó cuando era bebé.

Clarita es clave en la historia de superación de su amado hijo. “Mati es un nene que hizo su tratamiento con una sonrisa. Tuvo dolores, pero en el momento en que estaba bien era un niño normal. Los médicos nos habían dicho que iba a tener muchísimos problemas para estudiar, problemas cognitivos. Gracias a Dios, aparte de la secuela estética que es típica del tumor que le sacaron, él no quedó con ninguna secuela. Desde chiquito comenzó la escuela, la salita a los 3 años, a los 4 años ya leía. Nos sorprendió porque los médicos nos decían que no iba a tener estabilidad y que iba a tener una motricidad limitada. Pero nada, no fue así. A los 5 años o 6 comenzó a ser arquero, jugó en distintos clubes de Posadas. En ese aspecto, no le quedaron secuelas”, manifiesta orgullosa la mujer.

“Era un cáncer de los más malos. En ese momento no se tenía registro”, señala la madre, que para acompañar a Matías tuvo que dejar a su otro hijo, de 2 años, al cuidado de su madre que vivía en Oberá.

“Estuvimos en Buenos Aires. Nos tocaron profesionales excelentes acá porque él era muy chiquito y no sabían qué era, qué tenía. Nadie nos daba una solución; primero era una papera infantil, ecografías, estudios y nadie nos daba una solución. Entonces la pediatra, a la que le estamos muy agradecidos, nos dijo que su ciencia llegó hasta acá y que su única sugerencia era ir a Buenos Aires, al Italiano o al Garrahan. Nos consiguieron un turno en el Italiano y estuvimos ahí un año y un mes. En ese tiempo no vinimos a Misiones porque era una época donde no había terapia infantil especializada para casos así”, relata.

“Él tenía que tener muchos cuidados por el tratamiento, por las quimios. Hizo catorce protocolos de quimioterapia, que son los días que se le pasa droga, después descansa quince días y vuelve otra vez. Y tiene 28 sesiones de rayos. Antes de los rayos le hicieron una cirugía en la que cerraron los demás quirófanos porque todos los médicos estaban en el caso de Mati. Fue algo único. En esa época no había la tecnología que hay ahora. Cada médico que viajaba llevaba el problema de Mati para ver qué había que hacer, fueron a España, Alemania”, rememora Clarita.

Después de una compleja intervención quirúrgica de 15 horas, fue sometido a rayos. Hasta que finalmente llegó la etapa de los controles. “Comenzamos a viajar cada tres meses por dos años. Después ya íbamos cada seis meses y una vez por año, hasta que se cumplieron los 6 años, que le dieron el alta definitiva”, detalla la madre.

Lo extraño del tumor
“El tumor neuroectodérmico primitivo surge de las neuronas, de las células del sistema nervioso, durante el desarrollo del embrión. Generalmente se da en gente adulta y, más que nada, en riñones y testículos. Es muy raro que se dé en la cara, en la cabeza y el cuello. Era súper extraño. Incluso ahora, me puse a investigar y encontré muy pocos casos, contados con los dedos. El tumor estaba en la parótida del oído medio, alrededor de la oreja” explica Matías, que siendo adulto y como futuro profesional de salud, investigó sobre su caso.

¿Por qué Medicina? ¿Se relaciona con tu experiencia contra el cáncer?, se le pregunta, a lo que Matías responde con firmeza: “Tiene que ver con eso, porque yo me crié en el hospital, todo el tiempo. Después, una vez que entré en la adolescencia me di cuenta de que algunas partes de la secuela que habían quedado no me gustaban y me sometí a cirugías reparatorias. Ver a mis médicos, que se las re ingeniaban en todo, y yo pensaba ‘cómo hacen’. Verlos como héroes me motivó a elegir Medicina y hasta ahora sigo con la misma idea y pasión. Me gusta cirugía, todavía no decidí bien, pero un poco me tira la cirugía reconstructiva o, como segunda opción, la anestesiología”.

 

El peregrinar de una familia

“Comenzó a los siete días de haber nacido, pero chiquitito, como un ganglio. Después fue creciendo rapidísimo. Cuando lo llevamos a los tres meses a Buenos Aires, por recomendación de la pediatra, le hicieron unos estudios y la primera impresión era que era un tumor benigno, que se llamaba hemangioma de parótida. Nos explicaron que era un tumor que al año empezaba a involucionar y que tuvieron otros casos de hemangioma. Le dieron corticoides y todo para desinflarle eso y no hubo caso. Al contrario, cuando Mati cumplió 1 año hizo una parálisis facial. Ahí urgente fue a Buenos Aires otra vez y cuando le hicieron una punción y otros estudios, los médicos no podían creer que se había malignizado. Ahí comenzó nuestro peregrinar”, describe Clarita Nélida Klimczuk. “Cuando nos llamaron, nos tuvieron 40 días esperando porque no sabían qué hacer con él. Mati tenía 14 meses cuando comenzó la quimio, en julio del 2003 le operaron, la cirugía duró quince horas. Los médicos nos dijeron que únicamente se podía esperar un milagro por la zona en la que estaba el tumor”, recuerda cada palabra y hasta la mirada de los médicos.

“Nos pusimos a las manos de Dios y la ciencia y Mati nos sorprendió a todos. Decían los médicos que era un marciano porque era el único que comía y jugaba haciendo quimio. No entró nunca a terapia intensiva. Estuvo dos días en terapia intermedia después de la cirugía de quince horas, que también nos decían que no se iba a poder sentar, que no iba a poder caminar. A los dos días, estaba caminando de la mano del papá y los médicos venían a ver porque no podían creer”.

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