Habló la mamá de uno de los sobrevivientes del vuelco en ruta 14

“Pensó que el colectivo iba a volver a caer”: lo que dejó la tragedia del Yazá

Emilio Giménez volvió a subirse a un ómnibus de media distancia nueve meses después del siniestro en Campo Viera. Su familia valoró su recuperación y fortaleza
domingo 09 de agosto de 2026 | 6:05hs.
En noviembre, y después de cirugías, llegó la anhelada alta médica.
En noviembre, y después de cirugías, llegó la anhelada alta médica.

A nueve meses del siniestro vial que dejó nueve muertos y 29 heridos sobre el puente del arroyo Yazá, Carolina Haiber contó cómo atraviesa hoy la recuperación de su hijo Emilio Giménez, uno de los estudiantes de la Unam que sobrevivió al accidente. El joven recién este invierno volvió a subirse a un colectivo para viajar a Eldorado.

Pronto se cumplirá un año de aquella madrugada del 26 de octubre en la que un colectivo de dos pisos cayó desde la ruta nacional 14 al arroyo Yazá, en Campo Viera. La mayoría de los que viajaban eran estudiantes universitarios que regresaban a sus casas para ejercer el voto en las elecciones legislativas provinciales. Otros para, simplemente, compartir con sus seres queridos.

Nueve de los pasajeros no regresaron y toda una provincia aún los duela. Quienes sobrevivieron y pudieron contarlo, todavía padecen las secuelas psicológicas de esa madrugada en la que un Ford Focus chocó y provocó el vuelco del colectivo Sol del Norte.

La familia de Emilio Giménez, oriundo de Eldorado, agradeció con emoción el poder tenerlo con vida. Un joven que reconstruyó su camino: hoy cursa una nueva carrera en la Facultad de Artes y Diseño de la Unam en Oberá, en un proceso de recuperación que, valoraron sus padres, sigue a paso firme y bien acompañado.

“Todavía estamos un poco afectados. Pero él más que nada, la está llevando bastante bien”, resumió su madre, Carolina Haiber, al recordar cómo atraviesan el proceso de recuperación.

Emilio volvió a Oberá en febrero para retomar sus estudios y hace apenas unas semanas regresó a Eldorado por primera vez en colectivo desde el accidente.

“En febrero se fue porque lo llevó el tío en auto y en colectivo vino ahora recién, en julio. Yo le di su tiempo para que él decidiera, porque tampoco lo quiero presionar por lo que pasó”, explicó en esta entrevista a El Territorio.

Ese primer viaje volvió a enfrentar al joven con los recuerdos que durante meses parecían dormidos. “Esta vez me contó que se dormitó en el colectivo y cuando el colectivo se movió tuvo miedo. Me dijo: ‘Pensé que el colectivo se iba a volver a caer’”.

Carolina reconoce que recién ahora su hijo comienza a procesar verdaderamente lo ocurrido.

“En realidad, recién ahora cae en lo que pasó. Él ni siquiera recordaba que el colectivo cayó del puente. Para él, el colectivo nunca cayó; lo que recordaba era que había quedado sobre el asfalto. Cuando despertó en el hospital nosotros le contamos todo lo que había pasado”.

Angustia y desesperación

Aunque el tiempo pasó, Carolina recuerda cada minuto de aquella mañana de elecciones legislativas.

“Yo me levanté temprano y le mandé un mensaje: ‘¿Viajás?’. Eran las cinco de la mañana. No le llegó el mensaje y pensé que capaz estaba en la ruta y no tenía señal”.

Volvió a dormirse y, dos horas y media después, salió junto a su esposo para ir a votar.

“Cuando llegamos a la escuela donde él votaba, me quedé en el auto. Agarré el teléfono, entré a Facebook y lo primero que me apareció fue la noticia del colectivo. Ahí me agarró una desesperación porque yo no sabía nada de mi hijo”.

Las llamadas no encontraban respuesta. “Empecé a llamar y a llamar... El teléfono de Emilio sonaba. Me desesperé más todavía”.

Buscando alguna certeza, llamó al compañero con quien el joven vivía en Oberá. “Le pregunté: ‘¿Emilio viajó?’. Y cuando me respondió ‘Sí, señora, su hijo viajó’, me largué a llorar. Sabía que estaba en ese colectivo y no sabía si estaba vivo, muerto... no tenía idea qué había pasado con mi hijo”.

Su esposo logró comunicarse con personal del Ministerio de Salud, quienes les informaron que había dos personas con su apellido internadas en terapia intensiva.

“Sabíamos solamente que había dos Giménez en coma con politraumatismos, pero no sabían cuál era mi hijo”.

La familia salió inmediatamente hacia Oberá. En medio del viaje recibieron la versión de que Emilio había sido derivado a Posadas, por lo que cambiaron de rumbo. Sin embargo, poco después les avisaron que seguía internado en Oberá y tuvieron que regresar.

“Cuando llegamos eran como las dos y media de la tarde. Cuando vi a mi hijo en esas condiciones... la verdad quería ser yo la que estuviera en su lugar. Todavía me acuerdo y me dan ganas de llorar. Fue muy fuerte”, se lamenta.

Carolina reconoce que durante mucho tiempo la acompañó un sentimiento de culpa. “Yo le pedí que viniera, pero él no quería venir. Pasa que para el Día de la Madre no había podido viajar, entonces yo le insistí y le dije que lo iba a buscar cuando llegara y después lo iba a llevar otra vez para que regresara a Oberá. Cuando pasó todo eso me sentí culpable”, confesó.

Acompañamiento psicológico

Ese peso comenzó a aliviarse recién durante el acompañamiento psicológico. “La psicóloga me dijo: ‘No tenés que sentirte culpable. Era algo que él hacía siempre. ¿Cómo ibas a imaginar que iba a pasar esto?’”.

Emilio también inició tratamiento cuando recibió el alta médica. “Yo lo llevé al psicólogo porque en el hospital no le habían dado ese acompañamiento. Me dijeron que, dentro de todo, estaba bien psicológicamente”.

El alta llegó en noviembre y significó uno de los momentos más felices para toda la familia. “Yo quería traerlo a casa. La sorpresa que nos prepararon los vecinos fue muy emocionante. No nos la esperábamos. Fue muy lindo sentir ese cariño. Nunca me sentí sola. Muchísima gente nos acompañó, incluso personas que no conocíamos y gente de la facultad. Eso hizo más llevadero un proceso tan difícil”, valoró.

Desde aquello, la rutina familiar y el mismo sentimiento por la vida, cambiaron para siempre, reconoció la mujer. “Como mamá, cada vez que él viaja estoy pendiente. No puedo dormir hasta que llega. Recién ahí me tranquilizo. Las rutas de Misiones son peligrosas y no están en buenas condiciones”, sumó.

Es con esos ojos atentos y cariñosos que también observa cambios profundos en su hijo. “Su forma de ver la vida cambió. Ahora valora mucho más la vida, a las personas y a su familia. Antes quizás no era tan así”.

El 2025, recordó, fue uno de los años más difíciles de su vida. En abril había sufrido un accidente cerebrovascular y, seis meses después, llegó la tragedia del Yazá. “Fue un año para el olvido, pero por desgracia nunca nos vamos a olvidar”. Siempre le digo: ‘Dios te apartó una vez más’”.

Memoria en la comunidad universitaria

La tragedia del Yazá podría inscribirse como el siniestro de mayor magnitud en los últimos cinco años en Misiones.

Allí perdieron la vida Gabriela Paola García (26), Katia Bupvilofsky (24) y Rafael Jordan Gonzalo Ortiz (34) -conductor del Ford Focus-, todos ellos de Oberá; Magalí Belén Amarilla (22), de Campo Ramón; Ángelo Tadeo Alpuy (19), Jonás Luis Dávalos (20) y Enzo León (19), de Eldorado; Elian Natanael Álvez (25), de El Alcázar y Brian Hobos (19), oriundo de la localidad de Wanda.

Siete de ellos eran estudiantes e ingresantes de las casas de estudio de la Unam en Oberá. Sus historias y lo padecido aquella madrugada están presentes en cada acto institucional en el ámbito universitario.

Es por eso que, desde el 2025, cada 26 de octubre se conmemora el Día del Estudiante del Interior en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Misiones. La fecha, agregada al calendario académico de ese establecimiento, fue aprobada mediante resolución 331/2025 del Consejo Directivo.

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