Informe de Domingo

A 100 años del tornado más devastador de Latinoamérica

Fue conocido como el Ciclón de Encarnación. Ocurrió el 20 de septiembre de 1926. Sobre las aguas del río Paraná se formó una tromba, que avanzó sobre el muelle de la ciudad baja y destruyó todo a su paso. Dejó unos 400 fallecidos. Fue la mayor muestra de solidaridad y asistencia brindada desde Posadas
domingo 20 de septiembre de 2026 | 1:30hs.
Imagen de archivo.
Imagen de archivo.

Aquella primavera de hace 100 años fue la jornada más trágica y luctuosa para Encarnación. El descomunal tornado se produjo en vísperas y en medio de los preparativos del mes de la juventud.

Aquel lunes 20 de septiembre de 1926, sobre las aguas del río Paraná se formó una tromba, transformándose en un tornado, con vientos que se elevaron a unos 250 kilómetros por hora, que avanzó sobre el histórico muelle de 100 metros de piedra construido en 1918, orgullo del progreso local, que quedó en segundos despedazado. El temporal destruyó todo a su paso, arrojando un saldo estimado de 400 muertos -nunca se pudo establecer el número exacto de fallecidos-, más de mil heridos y una ciudad en ruinas. Se salvaron sólo dos edificios importantes de la época: la Aduana y el Correo.

El evento climático se produjo tras varios días de lluvias intermitentes, un sol ardiente y sofocante como de aquella jornada preprimaveral. En pocos minutos, se estima pasadas las 18.30, el cielo encarnaceno se teñiría con el color del fin del mundo y desataría uno de los mayores destrozos de la historia regional. Aquel gigante negro de agua y viento entró por el muelle de la ciudad paraguaya, devorando todo a su paso y hundiendo instantáneamente cerca de veinte embarcaciones.

Sería el rastro que dejaría el vórtice a su paso, destrozando casas, monumentos, árboles, borrando del mapa la Bajada de Encarnación, conocida como Villa Baja.

Crónicas de la época dan cuenta de que el fenómeno se abrió camino por la calle Mariscal Estigarribia dejando a su paso rastros de destrozos y personas fallecidas.

Fue “el fenómeno meteorológico más devastador registrado hasta hoy en Latinoamérica”, recuerda el licenciado Favio Cabello, jefe de Meteorología de la ciudad de Posadas. Al repasar este informe se podrá apreciar que hay una diferencia en cuanto a la categoría, en la que se había elevado aquel tornado de grandes proporciones. Cabello lo calificó en la categoría 5, mientras en Encarnación refieren que fue similar en intensidad al de un tornado categoría 4, similar a aquella devastación de hace 17 años que sufriera el paraje Tobuna, en San Pedro, ocurrido el 7 de septiembre de 2009 y que provocó alto destrozo, pero con un número de víctimas mucho menor, al contabilizarse 11 muertes.

Lo que se conocería desde entonces como el Ciclón de Encarnación resultó de una fuerza descomunal en casi dos horas de duración.

Algunas personas pudieron reaccionar tratando de preservar vidas, tal como lo hizo el responsable de la usina, Juan Pedotti, al cortar el suministro eléctrico de toda la ciudad y quedar electrocutado en tal misión.

Apenas terminado el temporal, el experto canoero Daniel Rodríguez Genés logró que una embarcación atravesara el río Paraná, para que el comerciante Jorge Memmel y el sacerdote José Kreusser solicitaran auxilio en Posadas. Los citados abordaron una pequeña embarcación para cruzar en medio del caos el río Paraná. Así llegaron a la costa de Posadas, donde irrumpieron en una reunión presidida por el entonces gobernador del Territorio Nacional de Misiones Héctor Barreyro y hasta la sede de la logia Roque Pérez que actuó luego de hospital de sangre.

Barreyro activó un operativo de emergencia civil sin precedentes. Entre otras acciones fue disponer la atención de los heridos, por lo que médicos, enfermeros, alimentos y ropa cruzaron incesantemente hacia el Paraguay para atenderlos allá y los que eran cruzados de este lado, recibían atención médica en Posadas. Las sociedades de beneficencias en esta parte del país, abrieron sus puertas e instituciones como la Logia Roque Pérez, atendían a los heridos y desde la Logia Unión y Progreso, organizaron colectas que se clasificaban y eran enviados en los ferrobarcos. Los carpinteros posadeños, construyeron féretros que no daban abasto.

La administración del Territorio Nacional de Misiones, recibió 24 horas después de la catástrofe, un telegrama firmado por el ministro del Interior Nacional autorizando los gastos que fueren necesarios para auxiliar a las víctimas encarnacenas. A partir de allí, comenzó el más grande plan de contingencia del que se tenga conocimiento en la región. De forma inmediata, miles de posadeños se sumaron para rescatar y brindar asistencia, asilo y comida, entre otros recursos, a los principales damnificados.

En el 2006, el Concejo Deliberante de la ciudad de Posadas y la comisión del Mercosur declararon el 20 de septiembre como el Día de la Confraternidad y de la Solidaridad entre los pueblos fronterizos de Posadas y Encarnación, a causa de la ayuda incondicional que la ciudad de Posadas brindó a Encarnación luego de la tragedia que devastó la ciudad.

Por eso hoy, a 100 años, la memoria de aquel hecho está intacta y lo recuerdan las autoridades y vecinos de ambas fronteras, como también lugares como el parque República del Paraguay en Posadas, donde se erige un majestuoso Monolito de la Unión y Hermandad. Aquel hecho, de solidaridad, marcó para siempre una hermandad indisoluble entre encarnacenos y posadeños. 

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