lunes 05 de diciembre de 2022
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Javier Alcaraz vive en España desde hace más de dos años, junto a su esposa e hijas

Emprender nuevos rumbos para disfrutar y seguir creciendo

En 2003 partió de la Tierra Colorada. Vivió en Perú, México y actualmente en Mallorca, España. Resalta la importancia de adquirir nuevas experiencias y gozar todas las oportunidades de la vida

domingo 06 de noviembre de 2022 | 6:05hs.
Emprender nuevos rumbos para disfrutar y seguir creciendo
Hace poco más de dos años, el misionero reside en la ciudad de Campanet, Mallorca, junto a su familia.
Hace poco más de dos años, el misionero reside en la ciudad de Campanet, Mallorca, junto a su familia.

Javier Alcaraz dejó su Misiones natal hace ya mucho tiempo. Siendo muy joven, y tras graduarse como diseñador editorial, decidió emprender nuevos caminos y recorrer otros lugares en busca de mejores oportunidades.

En pocos meses cumplirá 20 años fuera del país y asegura que el desarraigo no le costó mucho trabajo. Quizás su personalidad y espíritu aventurero lo ayudaron en el proceso, aunque también cree que, cual puerta hacia lo desconocido, “cada lugar nuevo es una gran oportunidad para crecer y aprender”.

Actualmente reside en Mallorca, España, junto a su esposa y sus dos hijas. Pero no es el único lugar en el que se instaló por un tiempo. En 2003 partió de la Tierra Colorada rumbo a Perú, allí se estableció por al menos dos años. Luego, viajó a México, en donde pasó mucho tiempo. Vivió en la atiborrada ciudad capital unos 15 años.

Allí construyó su carrera profesional y decidió que podría desempeñarse en el rubro editorial como trabajador independiente. Creó su propia marca y con el desarrollo del internet, estableció conexiones y trabajos en diferentes lugares del mundo. Podría decirse que conoció el teletrabajo -popularmente conocido como home office- un poco antes de que la pandemia por coronavirus permitiera el desarrollo de esta herramienta que facilita nuevas maneras de intercambio y producción. 

“Siempre trabajé en diseño editorial y tipográfico, me dediqué siempre a esto. Es lo que me gusta y disfruto hacer, y me alegra tener la posibilidad de dedicarme profesionalmente a lo que estudié”, reflexionó en diálogo con El Territorio, destacando que muchos otros diseñadores no pueden dedicarle tiempo a la profesión en la que se formaron ya sea por falta de trabajo u oportunidades, porque no les resulta rentable la profesión o por cualquier otra razón que los aleja del rubro.

“Con lo que sucedió en los últimos años, ese estilo de trabajo se solidificó mucho más y es una buena opción. Me permite establecerme en un lugar y trabajar en otro, siempre que tenga buena conexión. No necesito tener trabajo en el lugar donde me radico. Hoy elijo España porque me siento bien aquí”, agregó destacando que su lugar de residencia hoy se debe más a una cuestión de elección personal que laboral.

Y además de explotar el rubro editorial, Javier también le dedica tiempo a enseñar lo que aprendió a lo largo de su trayectoria. Comenzó a brindar cursos de formación en línea, con alumnos  de diferentes lugares.

“Desde hace un tiempo, sobre todo después de la pandemia, desarrollo el trabajo remoto. Eso me permite no estar necesariamente en un lugar fijo, sino poder trabajar con personas de diferentes lugares, como Estados Unidos, México o la India, sin estar viviendo en el mismo lugar. Con las clases me pasa lo mismo, tengo alumnos de diferentes ciudades”, detalló.

La raíz es la familia

En paralelo a su desarrollo profesional, Javier también formó su familia. En México conoció a Rosario Kuri, argentina como él. Juntos, tuvieron dos niñas, Pauline (8) y Felipa (6).

La crianza de ambas y la necesidad de disfrutar de la paternidad en un ambiente más tranquilo y cómodo, los motivó a establecerse en un espacio diferente al ajetreado México. Así, partieron de la populosa ciudad, en plena pandemia, y se asentaron en Campanet, un pequeño pueblo rural al norte de Mallorca (España), donde tienen planes de residir por tiempo indeterminado.

Se trata de un espacio tranquilo, con alrededor de 2 mil habitantes y un ritmo de vida lento y placentero. 

“Nos mudamos pensando, sobre todo, en brindarles una buena calidad de vida a nuestras pequeñas”, contó Javier explicando por qué decidieron cambiar de aires.

“Desde que somos familia esta fue nuestra primera mudanza internacional. Nos tocó hacerlo en pandemia también y fue un poco complicado. Pero ya estamos instalados hace más de dos años y nos sentimos muy cómodos en España”, agregó el misionero.

Además, reflexionó sobre todo lo que implicó mudarse en familia, a diferencia de cuando vivía solo:  “Cuando uno es joven y solo, quiere conocer lugares, culturas, personas o comerse el mundo, como suele decirse y es un poco más sencillo todo porque uno es más independiente. Pero cuando tienes familia, las cosas cambian un poco. Ya hay que pensar en la escuela, en la cercanía de los familiares, el vínculo de los niños con los abuelos, los primos, los amigos y muchas otras cosas. Por eso, decidimos establecernos aquí y quedarnos por tiempo indeterminado. No tenemos planes de mudarnos”. 

Es que en Campanet, el ritmo de vida es pausado y familiero, ideal para disfrutar del día a día. “Llevamos a las nenas a la escuela caminando. Por el camino nos cruzamos con algunas cabras y otros animalitos de campo. Pasamos mucho tiempo en familia El día comienza temprano y también termina tempranito. La vida aquí es más íntima, más lenta”, detalló sobre el día a día en la ciudad mediterránea.

Crecer con libertad 

En pocos meses, Javier cumplirá 20 años fuera de su tierra natal. Y, aunque asegura que extraña a sus afectos, se destaca como un hombre curioso y dispuesto a siempre conocer algo nuevo, por eso no regresa.

“Uno es movimiento, dice Drexler. Yo creo que es la mejor manera de definirnos. En mi caso, el desarraigo nunca me costó ni me complicó tanto. Siempre fui muy abierto a conocer y aprender sobre el lugar nuevo en el que estoy y traté también de siempre evitar los vetos”, detalló señalando que su objetivo siempre fue alejarse de las comunidades argentinas en los lugares en los que residió.

Es que dejar la tierra segura y emprender en rumbos extraños no es tarea muy sencilla pero según Javier, sí merece el esfuerzo:  “Conocer lo nuevo es una gran oportunidad. Y eso no quiere decir traicionar las raíces. No veo porqué debe haber un conflicto. Está súper bien sentirse bien en un lugar distinto a donde naciste, está bien sentirte cómodo, está bien darse la oportunidad de explorar cosas y lugares nuevos, transformarse, cambiar y conocer otras cosas”.

Y agregó: “Resistirse a conocer lo nuevo por miedo a olvidarte de quién sos, es un poco infundado. Creo que al abrirse hay mucho más para ganar que para perder”.

 

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