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Pasó 29 días en coma por una broncoaspiración que sufrió cuando estaba internado

Guerrero de mil batallas

Genaro Báez fue diagnosticado con el síndrome de Guillain-Barré y su vida cambió en cuestión de horas, pero su poder de adaptación le permitió superar las adversidades

domingo 04 de septiembre de 2022 | 6:05hs.
Guerrero de mil batallas
Desde enero de este año Genaro viene realizando su rehabilitación en un gimnasio ubicado en la costanera de Posadas.
Desde enero de este año Genaro viene realizando su rehabilitación en un gimnasio ubicado en la costanera de Posadas.

“Lo que me pasó fue como volver a nacer. Yo nací de nuevo y tuve que aprender a moverme. Al que le toca le toca y yo fui el elegido”. Con esas palabras, Genaro Báez (20) resumió parte de lo que le está tocando vivir a él y a su familia desde el año pasado. Es que Genaro literalmente volvió a nacer: en dos ocasiones su corazón se detuvo y estuvo muerto, pero los doctores lograron reanimarlo.

De un momento para otro, su vida, que giraba en torno al deporte, la facultad, su familia, sus amigos y su novia, se transformó en una lucha constante por intentar recuperarse del síndrome de Guillain-Barré (ver Características generales del Guillain-Barré), un trastorno poco frecuente en el cual el sistema inmunitario del organismo ataca los nervios. Los primeros síntomas suelen ser debilidad y hormigueo en las manos y los pies.

Genaro junto al equipo de trabajo que lo ayuda en su recuperación. Fotos: NICOLÁS ARCE

Justamente la debilidad fue el primer llamado de atención para Genaro, que a principios del 2021 había cumplido el sueño de jugar en la primera división del equipo de rugby de Centro de Cazadores, club en el cual también jugó su papá, juega su hermano y al que él va “desde que estaba en la panza” de su mamá. Una familia ligada al rugby y al Cazador.

Cuando todo transcurría de la mejor manera y Genaro se preparaba para afianzarse con el equipo de primera, pero la vida le tenía preparada una batalla mucho más difícil que la que se le podía presentar en una cancha de rugby.

Todo cambió en tres horas

“A fines de abril (de 2021) una noche fui al cumpleaños de una amiga y me empecé a sentir sin fuerzas. Pensé que podía ser fiebre o algo así. Con el correr de las horas me fui sintiendo cada vez peor así que decidí volver a casa. Me costaba girar la llave para arrancar la camioneta de mi viejo”, recordó Genaro durante su relato.

El joven de 20 años planea viajar con amigos y volver a jugar al rugby. Foto: N. ARCE

Era viernes por la noche y Genaro salió a festejar con amigos, pero al día siguiente ya no se pudo levantar de la cama porque no tenía fuerzas para hacerlo. Así de rápido cambió su vida y la de su familia, que con el correr de las horas y los días pasó del club al hospital. Primero en el René Favaloro y luego en el Ramón Madariaga. Fueron meses de muchísimo sufrimiento, pero en los que se mantuvieron unidos y siempre con mentalidad positiva.

Una de las grandes dificultades que tuvo Genaro al principio fue que los profesionales de la salud no podían detectar qué era lo que lo afectaba. Pensaron que podría ser dengue porque hubo varios casos en el club, pero Genaro no tenía fiebre.

Así pasó una semana en la cama y en ese tiempo el síndrome (que hasta ese momento no se sabía que tenía) avanzó rápidamente y fue atacando sus músculos hasta llegar a su sistema respiratorio y digestivo. “Llegó el jueves y yo ya no podía tragar el agua”, explicó Genaro. En ese momento sus padres decidieron internarlo. Cabe recordar que todo esto pasó en mayo del 2021, cuando la pandemia de Covid estaba en uno de sus peores momentos en el país y en Misiones y conseguir una cama para internación no resultaba para nada sencillo.

“Un doctor en el Favaloro me dijo que lo que yo tenía no era dengue, que se trataba del Guillain-Barré. Pero como en el Favaloro no tenían para hacerme esos estudios me trasladaron al Madariaga”, relató Genaro en el living de su casa acompañado por su madre.

Un error que pudo ser fatal

Su llegada al hospital Madariaga le tenía preparada otra durísima batalla a Genaro y a su familia. Quizá la más difícil de todas porque fue la que lo puso al borde de la muerte. Luego de varios días internado y alimentándose por suero, Genaro tuvo la posibilidad de volver a comer algo sólido, pero el menú fue un gran error del que nadie supo darse cuenta.

 “A todo esto yo tenía ‘una lija’ porque venía de varios días sin poder comer. Me dieron unas empanadas de carne de almuerzo y ahí se produjo una broncoaspiración (el paso accidental de alimentos sólidos o líquidos a las vías respiratorias). En un momento no podía respirar y mi mamá llamó a los enfermeros. Eso fue lo último que recuerdo porque ahí ya me dormí”, detalló Genaro Báez, quien a raíz de ese episodio pasó 29 días en coma y tuvo dos paros cardíacos.

Sin embargo, su espíritu de lucha, su juventud y su buena salud gracias a haber realizado deportes desde los cuatro años, lo mantuvieron a flote. Nada hubiese sido posible sin el acompañamiento de sus padres y su familia, que estuvieron ahí para acompañarlo cuando todo era incertidumbre.

“Lo de la broncoaspiración pasó a las 2 de la tarde y recién a las 8 de la noche los doctores nos informaron que pudieron estabilizarlo. Ahí le salvaron la vida”, explicó su mamá Claudia Woloszyn, quien destacó que su cuerpo resistió gracias a la preparación física que tenía Genaro por haber jugado al rugby toda su vida.

“Fueron 29 días en terapia intensiva en lo que los médicos nos decían que hasta que él no saliera de ahí no podían asegurar que iba a estar bien. Nosotros todos los días esperábamos que nos digan que había una mejoría”, detalló.

Genaro junto a su papá Ariel en cancha de Centro antes del Guillain-Barré.

Luego de esos 29 días Genaro comenzó a mejorar y, de a poco, a ganar nuevamente la batalla. El primer paso de la recuperación comenzó dentro de la terapia intensiva y fue cuando le quitaron el respirador. “En esos días me tocaba quedarme en terapia intensiva y yo estaba despierto. Era el único despierto en la sala y vi cosas terribles. Vi morir gente, vi otro lado de la vida que yo no conocía”, contó Genaro. Todos esos momentos lo fueron volviendo cada vez más fuerte a este joven posadeño que por esos días tenía 19 años.

“Yo venía con otro ritmo de vida. Iba a trabajar, entrenaba, me juntaba con mis amigos. Yo creo que me salvó el hecho de haber tenido una vida saludable, de ser sano. Mi prioridad siempre fue el rugby, me perdí de hacer muchas cosas por el deporte pero creo que fue lo que me salvó”, dijo.

Valorar la vida

“Lo que me pasó me ayudó a valorar mucho más las cosas. Lo que uno tiene y lo que no tiene también. A mí familia, mi novia, mi cuñada, mis abuelos, mis tíos. Tengo una familia de fierro y tuve una contención increíble”, destacó.

Genaro hoy se encuentra en una etapa bastante avanzada de su recuperación. Su estilo de vida previo al trastorno lo obligó a tratar de recuperarse lo más rápido posible y para eso nuevamente el deporte volvió a ser fundamental.

Desde enero que concurre a un gimnasio en el cual realiza su rehabilitación y hace unos meses que juega al básquet adaptado. “Yo necesitaba hacer algo en equipo, necesitaba volver a sentir eso de jugar con amigos y gracias al básquet adaptado lo recuperé”.

Motivación en lugar de tristeza

Según Genaro, uno de los factores clave para salir adelante en los peores momentos, fue la ayuda de su familia, especialmente de sus padres, quienes en lugar de mostrarse débiles y tristes, transformaron esa adversidad en una fortaleza y eso fue lo que le transmitieron a Genaro cada vez que le tocaba visitarlo en la sala de terapia intensiva.

“Mi viejo me motivaba como si fuera que estaba por salir a la cancha a jugar un partido. Me hacía recordar determinados momentos de partidos míos y eso me hacía apretar el puño y querer salir a comerme al mundo”, compartió el joven que el próximo 31 de octubre cumplirá 21 años. 

“Esto no es fácil. Hay días en los que no me quiero levantar, que me duele todo, pero sigo porque me tengo que recuperar”, reconoció.

La recuperación de Genaro avanza a paso firme y con el correr de los meses está ganando cada vez más fuerza para movilizarse sin depender de los demás. Uno de sus objetivos inmediatos es sostener esa recuperación para poder hacer un viaje con sus amigos en febrero del 2023.

“Me dijeron que eso me va a hacer bien para descansar un poco de todo lo que me pasó”, dijo. Y en cuanto al deporte, su amor por el rugby sigue a flor de piel y los objetivos son mayúsculos.

“La gran mayoría de las personas que padecen este trastorno recuperan el 100% de sus capacidades. El tema es que no se sabe cuánto puede ser el tiempo que lleve esa recuperación, se puede tratar de meses o años. Por suerte yo estoy muy bien y quiero seguir recuperándome. Cuando vuelva a jugar al rugby quiero ser campeón con Centro. No quiero volver sólo para entrenar y jugar partidos, quiero que el club vuelva a ser lo que en algún momento fue. Que nos reconozcan”, finalizó.


Características generales del Guillain-Barré

El síndrome de Guillain-Barré es un trastorno poco frecuente en el cual el sistema inmunitario del organismo ataca los nervios. Los primeros síntomas suelen ser debilidad y hormigueo en las manos y los pies. Estas sensaciones pueden extenderse rápidamente y, con el tiempo, paralizar todo el cuerpo. La forma más grave del síndrome de Guillain-Barré se considera una emergencia médica.

La mayoría de las personas con esta afección deben ser hospitalizadas para recibir tratamiento. La causa exacta del síndrome de Guillain-Barré se desconoce. Sin embargo, dos tercios de los pacientes aseguran haber tenido síntomas de infección en las seis semanas anteriores.

Estas incluyen una infección por Covid-19, infecciones respiratorias o gastrointestinales, o el virus de Zika. Hasta el momento, no hay una cura para el síndrome de Guillain-Barré, pero varios tratamientos pueden aliviar los síntomas y reducir la duración de la enfermedad.

Si bien la mayoría de las personas se recuperan por completo del síndrome de Guillain-Barré, algunos casos graves pueden ser mortales. Aunque la recuperación puede tardar varios años, la mayoría de las personas pueden caminar otra vez seis meses después de que hayan comenzado los síntomas. Algunas personas pueden tener efectos persistentes, como debilidad, entumecimiento o fatiga.

 

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