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Una experiencia que refleja una realidad colectiva

De la supervivencia en la calle al acceso a derechos fundamentales

Dana Valiente es militante social. Combativa y sobreviviente de la prostitución. Lucha por una sociedad con igualdad de oportunidades y sin discriminación

domingo 24 de abril de 2022 | 6:05hs.
De la supervivencia en la calle al acceso a derechos fundamentales
La Asociación Civil De la Calle a la Dignidad es un espacio que busca la asistencia integral al colectivo disidente. Foto: Natalia Guerrero
La Asociación Civil De la Calle a la Dignidad es un espacio que busca la asistencia integral al colectivo disidente. Foto: Natalia Guerrero

El debate sobre la prostitución es inherente dentro del feminismo y transversal en las sociedades, existen opiniones y fundamentos. Lo cierto, también, es que hay quienes lo viven en primera persona. Las diversas personas reflejan la heterogeneidad de realidades que existen en el mundo. Esto es, los relatos y las múltiples experiencias pueden aportar, en principio, a entender que no hay un único modo de vivirlo.

A grandes rasgos, hay dos posturas que se forjan en los movimientos sociales que contemplan los derechos humanos. Por un lado, la prostitución como cortina de humo a problemáticas graves tales como la trata de personas, la pedofilia y el consumo de los cuerpos como objetos de descarte y, por otro, la prostitución como trabajo regularizado y reconocido por el Estado que permita el acceso a derechos laborales y a la desestigmatización de quienes deciden ejercerlo.

Nuestra provincia no es ajena a esta situación y mucho menos a esta disputa. En conversación con El Territorio, Dana Valiente, militante por los derechos de la comunidad LGTBIQ+, brindó una mirada sobre su propia experiencia que refleja aspectos de la realidad colectiva de la comunidad travesti trans en particular y a las identidades diversas en general.

Dana se define como combativa y sobreviviente. Así es que, de la mano de la Asociación Civil de la Calle a la Dignidad, trabaja cotidianamente para desarticular la invisibilización y las desigualdades que azotan al colectivo de las diversidades.

La esperanza de vida de las mujeres trans es de 35 años y Dana transitó ese tiempo, como lo denomina ella, en “situación de prostitución”. Hoy tiene 50 y, en este punto, afirmó: “De mi década no quedó nadie. Me salvé de milagro. Hoy en día no tendría que estar contando esto”.

Las carencias y violencias estructurales son el principal problema y la perspectiva de menos de 40 años de vida se debe, justamente, a “la falta de condiciones y la invisibilización’’. Esto es, la falta de vivienda digna, la falta de acceso a la salud, a la educación y al trabajo.

En términos legales, en la Argentina existe la Ley de Identidad de Género, lo cual significa la rectificación de nombre de pila y sexo en el Documento Nacional de Identidad, y la Ley de Cupo Laboral Trans, que establece que “las personas travestis, transexuales y transgénero, que reúnan las condiciones de idoneidad, deberán ocupar cargos en el sector público nacional en una proporción no inferior al 1% del total de los cargos”, sin embargo, la sociedad aún no responde a la demanda de la realidad.

“Sobreviví a la esquina”
Según el testimonio de Dana, el 70 por ciento de la población travesti trans del territorio misionero vive “en situación de prostitución absoluta. Eso es una estadística real y es notorio que la desigualdad está impuesta y los favorcitos políticos son para unos pocos”.

“Yo trabajé en la calle, fueron 35 años muy horrorosos”, expresó y definió su experiencia como nefasta, “porque se sobrevive a la marginalidad”.

Aseguró que “la persona vive en la noche, no tiene oportunidad de vincularse en la sociedad, no tiene oportunidad del trabajo digno, no tiene oportunidad de nada, entonces nos excluimos totalmente. Vivimos esa noche, esa madrugada, porque si no vamos a trabajar, no comemos al otro día, dependemos de la calle, no dependemos de otro recurso”.

“Treinta y cinco años sobreviví a la esquina, tuve que enterrar a mi compañera Macarena, después tuvimos que enterrar a Evelyn Rojas, después murió otra compañera Celeste, allá en Yapeyú, aplastada por un camión. Así se van yendo las trans”.

Dana aseguró que hay que sobrepasar la adversidad de la noche. La supervivencia al maltrato, a la violencia institucional, la persecución y los consumos problemáticos, con el tiempo, recae sobre el cuerpo, “te empieza a llegar la vejez y sentís el maltrato social que tenés, la falta de conexión social, la falta de educación, vas entendiendo todo”.

“Qué paradoja, ¿no? Los ejecutivos que nos castigan son los que más consumen”, ironizó sobre las coimas y problemas con la Policía y los poderes del Estado. Y confesó: “Ahora no hay problemas como antes, pero a veces salgo a monitorear las calles. Es la manera de custodiar los derechos de las compañeras”.

“Nosotras sabemos que esta población está siendo exterminada, lo que nosotros necesitamos es que realmente se promocionen los derechos. Debemos empezar a trabajar o vamos a seguir así como estamos”, advirtió.

Del otro lado de la vereda
Para Dana, su postura se basa en una ideología política “con entendimiento de los derechos integrales de la humanidad”. Si bien mencionó el respeto al derecho a elegir, afirmó que la prostitución no es un trabajo digno y aseveró: “Yo no estoy de ese lado de la vereda, no me interesa el mundo prostituyente y la gente que está en ese ámbito”.

Y amplió: “La situación de prostitución es muy deplorable porque desfigura la humanidad en su totalidad sin ninguna oportunidad de nada”. Aseguró estar en contra de la regulación, ya que, insistió, no quiere aportar “al mundo prostituyente”.

Su discurso es determinante, ya que aseguró que la prostitución es una “cortina de humo”. “No apoyo bajo ninguna índole el trabajo genuino ni federal ni autónomo, bajo ninguna circunstancia. Ni con carnet sanitario, con el ataúd incluido, yo no apoyaría”.

Esto último refiere a las demandas de los colectivos de quienes se consideran trabajadores y trabajadoras sexuales por lo que solicitan el reconocimiento del Estado para poder tener derechos laborales como, por ejemplo, ser reconocidos y reconocidas como tales, tener acceso a salud y aportes jubilatorios.

El denomiando regulacionismo, en palabras de Dana, “va a traer un flujo de trata de personas, más compañeras asesinadas, más gente en el ambiente de la drogadicción, más cortina de humo para la trata, para la pedofilia y persecución. Más niñas violadas, más pibas obligadas a parir, más chicos abusados, yo no estoy de ese lado de la vereda”.

De la Calle a la Dignidad
La Asociación Civil De la Calle a la Dignidad tiene su sede en Garupá, se fundó hace cinco años y allí realizan actividades con perspectiva laboral y asisten con alimentos a las personas en general y a la comunidad LGTBIQ+ en particular.

Al ser consultada sobre la creación de este espacio que propone lograr una asistencia integral, Dana comentó que en aquel momento miró alrededor, contempló los derechos ganados, como la Ley de Identidad de Género y el matrimonio igualitario, y dijo “alguien tiene que hacer algo”.

“Cuando creé la fundación fue por desesperación, por falta de políticas, por la violencia institucional, las torturas, la persecución que había con el colectivo LGTBI, no había nadie que defendiera nuestros derechos”.

“Me dije ‘yo voy a salir de la calle para poder llevar a mis compañeras a otra mirada política, a otras inclusiones igualitarias o a mujeres que se empoderen de sus derechos para poder salir adelante en este colectivo’”.

En la asociación brindan talleres de peluquería y próximamente abrirán uno de costura, según comentó la entrevistada. También tienen un taller de agricultura en el que participan alrededor de 15 jóvenes del barrio.Los talleres están vinculados al Potenciar Trabajo.

Asimismo, en la sede de la asociación reciben bolsones de comida que reparten gratuitamente y llevan adelante cuatro merenderos, uno ahí mismo y otros tres ubicados en barrios aledaños

Dana aseguró que los planes sociales colaboran con el funcionamiento de la asociación, pero no son suficiente en relación a la demanda de trabajo y sustento económico para quienes quieren salir de la calle o quienes intentan subsistir el día a día. Reclamó que a su organización “no le dan cupos” y asegura que está relacionado al velo de invisibilización que se pretende mantener con respecto a la comunidad travesti trans de la provincia.

Dana Valiente es militante por los derechos de la comunidad LGTBIQ+. Foto: Natalia Guerrero

En el contexto de lucha cotidiana, Valiente comentó que cuando recién empezaban a levantar las banderas de la asociación sufrieron un ataque del cual aún no se recuperaron. “Entraron seis tipos acá, rompieron todo y hay cosas que no recuperamos nunca más, como la computadora, por ejemplo. Pedimos los recursos y nadie nos dio nada, así que seguimos ahí, en la lucha, como todo el mundo”, aseguró.

“Tomamos la decisión como organización de realizar una demanda institucional si nos siguen ninguneando y de alguna forma vamos a indagar en este comportamiento arbitrario provincial”.

Finalmente, con la convicción que la caracteriza, Dana afirmó que tiene muchos proyectos para el colectivo ante los problemas de vivienda digna, trabajo, educación y salud.

En ese sentido, afirmó que el Instituto de Desarrollo Social acompaña y brinda asistencia dentro de las posibilidades del organismo. Sin embargo, la demanda fundamental es la intervención de los ministerios de Salud y Trabajo para lograr la asistencia integral que necesita el colectivo travesti trans ya que los problemas estructurales son históricos.

“Nosotros vamos a lograr lo que queremos: la igualdad de oportunidades para todo el mundo y vivir en un mundo sin discriminación”.

 

En cifras

70% De la población travesti trans de la provincia de Misiones vive “en situación de prostitución absoluta”, según Dana Valiente.

 

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