Reconvirtió la librería para no perder el negocio familiar
lunes 11 de mayo de 2020 | 6:00hs.
Las librerías, en conjunto con otros rubros ligados a la educación, vivieron momentos de incertidumbre por el cierre de sus puertas, en el marco del aislamiento social obligatorio que se inició el 20 de marzo. En este sentido, y con el objetivo de seguir en pie, apostaron a modificaciones y estrategias que son parte del nuevo escenario que se configuró en el país a raíz del avance del coronavirus, por lo menos, para seguir en pie con una actividad necesaria.
Con 36 años en el rubro, Daniel Cybulka es el propietario de una de las librerías más antiguas que permanecen en la ciudad de Leandro N. Alem y su caso refleja el duro momento que debieron sobrellevar -al menos hasta ahora- quienes tuvieron que mantener cerradas sus puertas, para luego ir adaptándosea otros sistemas de ventas que, en definitiva, repercutieron fuertemente en sus finanzas.
El comerciante, de profesión contador público, pero que decidió seguir la tradición familiar del comercio, dijo en diálogo con El Territorio que hasta ahora “podemos sostener toda la estructura porque trabajamos en familia y el local es propio, si tuviéramos que pagar alquiler, la situación sería mucho más compleja”.
Según Cybulka, entre los días que tuvo cerrado y los que pudo vender por medio de sistema de mensajes y delivery, “hubo una pérdida superior al 50 por ciento en las ventas de los artículos”.
Esta parálisis de ingresos los afectó “fundamentalmente con los proveedores, ya que había que cumplir con los compromisos de pago con todos ellos”, aseguró el pequeño empresario.
En ese sentido, señaló que en la actualidad lo que más cuesta son las compras, ya que “estábamos operando con pagos diferidos y hoy nadie te quiere vender con cheques, así que es casi al contado”.
Esto los lleva a buscar alternativas para mantener el stock, “pero es muy difícil”.
Reconversión
La idea de reconvertirse surgió ante la necesidad de trabajar y también de cumplir con los habituales compradores.
“Los clientes tenían nuestros teléfonos y a medida que a los chicos les pedían tareas, nos empezaban a pedir cosas para la escuela, con videollamadas, WhatsApp y mensajes, tratando de llevarles a sus casas a través de nuestros propios medios”, detalló Cybulka.
Aunque reconoció que “la mitad de mis clientes son de pueblos cercanos y las colonias de San Javier, Dos Arroyos, Bonpland, Gobernador López, Arroyo del Medio, por ejemplo, y es imposible mandarles un delivery”.
Pese a esta modalidad, “no es mucho lo que podemos vender porque un gran porcentaje de las ventas tiene que ver con que la gente vea la mercadería exhibida y lleve las cosas que necesite”.
“Armar cada pedido por mensaje es un tiempo muy grande el que se tiene que usar y después llevarle”, se quejó el comerciante.
Horarios y competencia
Cybulka dijo que sintió una suerte de competencia desleal, ya que por ejemplo, servicios dentro de los esenciales como supermercados o farmacias también venden productos de su rubro, como librería y juguetería.
En ese sentido contó que reclamó “en varias oportunidades en forma individual y también respaldado por los pedidos de la Cámara Regional de Industria y Comercio de Alem (Crica) que se permitan las aperturas aunque sea que la gente pueda hacer su pedido y venir a retirar a la puerta del local”.
Manifestó que “también hay que ver los horarios porque hoy estamos trabajando de 8 a 17, pero nuestra gente tiene incorporada la siesta y no está acostumbrada a los horarios corridos, así que esas son horas perdidas porque recién después de las 15.30 se empiezan a hacer pedidos”.
Con 36 años en el rubro, Daniel Cybulka es el propietario de una de las librerías más antiguas que permanecen en la ciudad de Leandro N. Alem y su caso refleja el duro momento que debieron sobrellevar -al menos hasta ahora- quienes tuvieron que mantener cerradas sus puertas, para luego ir adaptándosea otros sistemas de ventas que, en definitiva, repercutieron fuertemente en sus finanzas.
El comerciante, de profesión contador público, pero que decidió seguir la tradición familiar del comercio, dijo en diálogo con El Territorio que hasta ahora “podemos sostener toda la estructura porque trabajamos en familia y el local es propio, si tuviéramos que pagar alquiler, la situación sería mucho más compleja”.
Según Cybulka, entre los días que tuvo cerrado y los que pudo vender por medio de sistema de mensajes y delivery, “hubo una pérdida superior al 50 por ciento en las ventas de los artículos”.
Esta parálisis de ingresos los afectó “fundamentalmente con los proveedores, ya que había que cumplir con los compromisos de pago con todos ellos”, aseguró el pequeño empresario.
En ese sentido, señaló que en la actualidad lo que más cuesta son las compras, ya que “estábamos operando con pagos diferidos y hoy nadie te quiere vender con cheques, así que es casi al contado”.
Esto los lleva a buscar alternativas para mantener el stock, “pero es muy difícil”.
Reconversión
La idea de reconvertirse surgió ante la necesidad de trabajar y también de cumplir con los habituales compradores.
“Los clientes tenían nuestros teléfonos y a medida que a los chicos les pedían tareas, nos empezaban a pedir cosas para la escuela, con videollamadas, WhatsApp y mensajes, tratando de llevarles a sus casas a través de nuestros propios medios”, detalló Cybulka.
Aunque reconoció que “la mitad de mis clientes son de pueblos cercanos y las colonias de San Javier, Dos Arroyos, Bonpland, Gobernador López, Arroyo del Medio, por ejemplo, y es imposible mandarles un delivery”.
Pese a esta modalidad, “no es mucho lo que podemos vender porque un gran porcentaje de las ventas tiene que ver con que la gente vea la mercadería exhibida y lleve las cosas que necesite”.
“Armar cada pedido por mensaje es un tiempo muy grande el que se tiene que usar y después llevarle”, se quejó el comerciante.
Horarios y competencia
Cybulka dijo que sintió una suerte de competencia desleal, ya que por ejemplo, servicios dentro de los esenciales como supermercados o farmacias también venden productos de su rubro, como librería y juguetería.
En ese sentido contó que reclamó “en varias oportunidades en forma individual y también respaldado por los pedidos de la Cámara Regional de Industria y Comercio de Alem (Crica) que se permitan las aperturas aunque sea que la gente pueda hacer su pedido y venir a retirar a la puerta del local”.
Manifestó que “también hay que ver los horarios porque hoy estamos trabajando de 8 a 17, pero nuestra gente tiene incorporada la siesta y no está acostumbrada a los horarios corridos, así que esas son horas perdidas porque recién después de las 15.30 se empiezan a hacer pedidos”.
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