El mundo está loco…loco…loco…(XLIV)

domingo 04 de octubre de 2026 | 6:00hs.

Por Roberto Carlos Abínzano Profesor Emérito Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Universidad Nacional de Misiones

La complejidad de la situación internacional actual, en diferentes niveles: económicos, bélicos, ecológicos, jurídicos, culturales, sociales, etc., es quizá la razón de la inestabilidad del escenario que, persistentemente, se reconfigura de una manera reiterada y que impide su comprensión, más allá de las esferas en las que se adoptan las decisiones fundamentales. Imaginemos que aplicamos a un mapa de medio oriente, por ejemplo, un diagrama de flujos, es decir un esquema, con ayuda de la geométrica, que nos permita visualizar la relaciones entre los catorce países que forman parte de esta región. Algunos autores incluyen a más estados. Yo me inclino por los siguientes: Israel, Irán, Siria, Afganistán, Irak, Jordania, Kuwait, Bahrein, Turquía, Jordania, Irak, Egipto, Libano, Oman, Qatar, Chipre, Palestina, Arabia Saudita, Yemen, Omán y Emiratos Árabes Unidos. Ahora, deberíamos establecer cuales son los flujos de comercio, militares, culturales, religiosos, ideológicos, que unen a estos estados y graficarlos con líneas que terminarán formando una red compleja. Cada línea debe poseer formas de distinguirse por su grosor, color, etc. Este lenguaje gráfico permite distinguir si los flujos son comerciales, de personas, de información, de armamentos, etc. Es solo una aproximación al tema. Obviamente, después, hay que dar significado a cada contacto o interrelación. Como se trata de un proceso, los significados cambian y a cada cambio, en un punto de la red, pueden producirse otros en diferentes lugares de la misma. Pensemos, por ejemplo, en el pacto de La Meca mencionado en el artículo anterior. Que tipo de vínculos existían entre Pakistán Turquía y Arabia Saudita y cuales se inician ahora, y cómo esto repercute en el resto de la red. Hay que incorporar luego, los vínculos externos a la región, en una red mucho más amplia que puede llegar a ser global.

Pero, asimismo, hay que analizar, como posibles contendientes de la guerra actual, a estados que pertenecen a la red y que, ahora, solo son combatientes potenciales.

No quiero apabullar al lector con estos planteos, pero al menos dar una breve idea de a que nos enfrentamos, para evitar centrar las causas principales en el comportamiento individual de los líderes. Pensar, por ejemplo, que Trump está loco o que Netanyahu es un genocida y los Ayatolá unos terroristas maniáticos y criminales. Ellos son solo la expresión de las causas subterráneas. Pensar, por ejemplo, que las políticas erráticas y contradictorias de Trump, solo están causadas por él mismo, es erróneo. Detrás del líder existe un denso sistema de intereses, que otro presidente, también representarán, aunque sea con otro estilo y matices diferentes. EEUU está en un momento de incertidumbre ante la no resolución de los conflictos que desató de manera apresurada. Para ejemplificar la complejidad de interrelaciones actuales en el escenario de la guerra veamos lo siguiente: Los hutíes están controlando el estrecho de Bab el Mandeb con consecuencias enormes sobre la economía mundial. Están enfrentados al gobierno de Yemen que “a su vez”, recibe ayuda de Arabia Saudita, que, “a su vez” ha firmado una alianza con Turquía y Pakistán. Yemen mantiene tensas relaciones con Omán, que “a su vez” está negociando con Irán el control y cobro de peajes en el estrecho de Ormuz. Irán ataca todas bases norteamericanas de la Península Arábiga, y Arabia Saudita pide apoyo militar a EEUU que, por el momento, lo niega. Irán tuvo algunos conflictos fronterizos con Turquía que “a su vez” impugna a Netanyahu y sus políticas genocidas en Gaza y Cisjordania. Israel sigue atacando a los palestinos y ahora se expande al Líbano y Siria. Lo cierto es que, más allá de estos conflictos localizados, lo que existe es una expansión de la guerra en todos los niveles que ya hemos mencionado. China, Rusia, EE.UU., La CE, Corea del Sur y Corea del Norte, y otros países, están implicados en mayor a menor grado. Más allá del horizonte de medio oriente, observamos jugadas muy peligrosas que van creciendo

Las relaciones entre EE.UU. y la comunidad europea se han ido enturbiando por la agresiva política exterior de los americanos. Trump propició la confección de un mapa de América del Norte cubierto totalmente con la bandera de su país. La reacción de México, Canadá y Francia no se hizo esperar. Los primeros, están impulsando un acuerdo con la CE y encuentran un eco favorable. Los reclamos a diversos países para que se involucren activamente en sus guerras, permiten inferir que, se trata de un ajuste de cuentas por las veces que EEUU intervino para ayudarlos a salir de algunos atolladeros de la historia: Europa (guerras mundiales), Corea, (guerra de Corea) Japón, Guerra Fría en múltiples países, Israel, etc. Por eso pide un compromiso mayor con fuerzas armadas y sobre todo un resarcimiento económico. Mientras tanto Rusia sigue atacando a Ucrania, sosteniendo que esta guerra se justifica como una forma de rescatar a los rusos de Dombas y Lugansk de la opresión nazi de la ultraderecha ucraniana. Por su parte, China continúa manteniendo su presión sobre el mar de China y, cada vez más, sobre Taiwán. Su enorme poder económico y tecnológico le permite, por ejemplo, planear una vía terrestre de miles de kilómetros cruzando Afganistán, con el que posee una pequeña frontera, hasta llegar a Irán y tener acceso al petróleo retenido en Ormuz.

Si miramos ahora a nuestra América Latina, vemos que la marea de ultraderecha apoyada por la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) se expande cada vez más y algunos países, como Argentina, se involucran en los conflictos lejanos, extraños y ajenos. Esto es, sin dudas, muy peligroso. La proliferación de bases y programas de ayuda y asesoramiento, ¿es una preparación para un posible futuro que se espera violento y definitivo entre las potencias?. La presencia de marines en la Patagonia y Tierra del Fuego es muy perturbadora. No podemos ignorar la situación global, cayendo en ingenuidades suicidas. Hay que pensar en términos de los más amplios escenarios mundiales. Mañana todo puede cambiar. El que avisa no traiciona, es culpa de la realidad. En la próxima analizaremos la asamblea de la ONU.

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