Tapé Arandú unirá los saberes ancestrales mbya con la enseñanza escolar

La propuesta reunirá a más de 100 estudiantes de cinco instituciones. Docentes y auxiliares indígenas planificarán las actividades junto con las comunidades.
miércoles 23 de septiembre de 2026 | 18:01hs.

Tapé Arandú comenzó su etapa de prueba piloto y despliegue territorial inicial con una propuesta que articulará los conocimientos de las comunidades mbya y los contenidos escolares mediante actividades en el monte. El proyecto alcanzará a más de 100 estudiantes de cinco instituciones y contempla caminatas pedagógicas, registros de campo y la elaboración de materiales bilingües, con la participación de docentes, auxiliares docentes indígenas, autoridades tradicionales y familias.

Las primeras acciones comprenden el diálogo con caciques y opygua, referentes espirituales de las comunidades, para solicitar los permisos de ingreso al territorio. Este proceso se lleva adelante junto con la Coordinación de Educación Intercultural Bilingüe y la Dirección de Nivel Primario del Consejo General de Educación (CGE). Desde la Coordinación Provincial de Innovación y Educación Disruptiva (Cied) se acompaña a los equipos escolares en la preparación de las primeras caminatas.

“El valor de Tapé Arandú está en que la escuela no llega a reemplazar los saberes de la comunidad, sino a reconocerlos y ponerlos en diálogo con los contenidos escolares. Queremos que los niños mbya puedan aprender, crear y proyectar su futuro sin alejarse de su lengua, su cultura ni su territorio”, expresó la coordinadora provincial de Innovación y Educación Disruptiva, Macarena Márquez.

La primera etapa reunirá a instituciones de la red de la Supervisión nº 10 del departamento 25 de Mayo. La Escuela nº 683 de la comunidad Tamanduá será el núcleo del trabajo territorial y del desarrollo metodológico. Participarán también la Escuela nº 351 de Tekoha Yakapau, la Escuela nº 562 de Dos de Mayo, perteneciente a la Red nº 2, el Aula Satélite nº 550 y la Escuela nº 514.

Los establecimientos fueron seleccionados por integrar una misma red territorial, recibir a estudiantes mbya y contar con docentes y auxiliares docentes indígenas (ADI) que trabajan de manera articulada. No todos pertenecen formalmente a la modalidad de Educación Intercultural Bilingüe (EIB). El esquema busca acompañar a los niños tanto en las escuelas de sus comunidades como en las instituciones asociadas, para evitar que el tránsito entre ellas provoque desarraigo cultural.

Otros criterios fueron el respaldo de las autoridades tradicionales y la disponibilidad de selva madura, denominada ka’aguy, y monte secundario, conocido como ka’apuará, para desarrollar las Aulas Vivas a Cielo Abierto. Las comunidades de Tamanduá, Yakapau y zonas aledañas participarán en el resguardo del arandu, su sabiduría, y en la orientación del Atlas del Arandú, un material que reunirá las experiencias y producciones del proyecto.

La elaboración de la propuesta comenzó con la presentación ante el aty, la asamblea comunitaria, y el pedido de permiso espiritual y territorial identificado en el documento como ñemboapyka. Allí se abordó la pérdida de conocimientos ancestrales. El proyecto reconoce que los primeros aprendizajes de los niños ocurren junto a sus padres, abuelos y demás integrantes de la comunidad, mediante la oralidad, la experiencia territorial y la transmisión del mbya reko, su modo de ser.

El diagnóstico de la Cied señala que la escuela formal desvinculó a estudiantes de su cosmovisión al tratar la selva como un objeto de estudio, sin contemplar las relaciones que la comunidad establece con ella. También advierte que los jóvenes pueden perder progresivamente conocimientos de su cultura sin adquirir, al mismo tiempo, las competencias técnicas, lingüísticas y jurídicas necesarias para interactuar con la sociedad no indígena, con consecuencias de marginación socioeducativa y desarraigo.

Frente a esa situación, las autoridades tradicionales y las familias intervinieron en las decisiones territoriales y metodológicas. Plantearon que los relatos comunitarios y el conocimiento ecológico occidental compartan el mismo reconocimiento pedagógico. También definieron qué saberes podrán registrarse y cuáles permanecerán en el ámbito del opy, el espacio sagrado. La alfabetización científica en castellano se propone como una herramienta de autonomía y defensa territorial, dentro de la formación que el documento denomina gestor biocultural.

La organización del trabajo entre los educadores toma como referencia la Resolución nº 251/19 y busca fortalecer al ADI como referente pedagógico, más allá de la traducción. Su tarea abarcará la orientación en el monte, la lengua mbya, la explicación de la cosmovisión y la mediación espiritual con los mayores y las familias. El docente no indígena aportará las herramientas de enseñanza, la sistematización, los contenidos curriculares, la ciencia y la tecnología.


“El docente y el Auxiliar Docente Indígena trabajarán como una pareja pedagógica. Ambos planificarán las actividades, tomarán decisiones y evaluarán lo realizado”, explicaron desde la Cied. “La propuesta busca que ninguno quede en un lugar secundario y que los dos saberes dialoguen en igualdad”, añadieron desde el organismo sobre la distribución de responsabilidades prevista para el desarrollo de las actividades.

Las secuencias didácticas se diseñarán antes de cada caminata y se evaluarán al cierre de la semana. La jornada comenzará en la comunidad con una ronda y un ñembo’e, oración o invocación conducida por el cacique o el opygua. En esa instancia se solicitará permiso a Ñande Ru y a los ija, espíritus protectores, para ingresar a la selva, como parte de los protocolos de respeto que acompañarán el aprendizaje.

Después se realizará el oguata, la caminata guiada por la pareja pedagógica, con abuelos y familiares que puedan concurrir. Los chicos observarán plantas, animales, cursos de agua y sonidos mientras escuchan relatos sobre su origen, utilidad y significado para la comunidad. Entre las referencias del recorrido estarán la floración del tajy, el lapacho, y las almohadillas de musgo en las vertientes, que permitirán explorar el entorno de manera táctil y sensorial.

La indagación se organizará mediante el aprendizaje basado en proyectos. Durante las salidas, los estudiantes trabajarán en parejas y registrarán hallazgos con dibujos, anotaciones y esquemas en bitácoras de campo. En momentos específicos se incorporarán fotografías de detalles de plantas y grabaciones del paisaje sonoro, como el murmullo del agua o el zumbido de las abejas yateí, con la mediación de los docentes y auxiliares indígenas.

Al regresar, el patio escolar será el espacio para ordenar los registros y conversar en guaraní y castellano sobre lo observado. Allí se vinculará la experiencia con los contenidos de clase y se prepararán relatos, micros radiales y páginas del Atlas del Arandú. El recorrido por el monte y el trabajo posterior forman parte de una misma secuencia de enseñanza, que integra la exploración, el registro y el procesamiento de la información.


En Matemática se prevén cálculos de alturas mediante la triangulación de sombras, mediciones del perímetro de los troncos con hilos de yute y análisis de formas geométricas y simetrías en las hojas. En Lengua se fortalecerá primero la alfabetización en la lengua materna, con discriminación de sonidos y asociación entre letras y fonemas, antes de la transición al castellano. El documento propone trabajar, por ejemplo, la letra T con tajy, tapé y tatachina.

Los contenidos de Ciencias Naturales incluirán las redes alimentarias, la función de los depredadores, la botánica, la farmacología y el ciclo del agua. La planificación atenderá también al calendario agroecológico y espiritual mbya. Una de las referencias será el paso del ára yma, o año viejo, al ara pyau, tiempo nuevo, marcado en la propuesta por la floración del lapacho, para articular el calendario escolar con los tiempos de la comunidad.

El documento técnico encuadra las actividades en las leyes provinciales VI nº 273 de Creatividad Espacial, XVI nº 80 de Educación Ambiental, VII nº 212 de Educación Disruptiva y VI nº 209 de Educación Emocional. Desde ese marco, concibe al entorno natural como un tercer maestro y relaciona la propuesta con la protección de la biodiversidad, las tecnologías de aprendizaje y comunicación, y el bienestar psicosocial y espiritual de los niños.

Entre las dificultades identificadas se encuentran la degradación del monte y el debilitamiento de la transmisión de conocimientos entre generaciones. También aparece la necesidad de compatibilizar la estructura escolar con los tiempos comunitarios. Para responder a estos desafíos, Tapé Arandú plantea flexibilizar los espacios y horarios mediante las Aulas Vivas a Cielo Abierto, organizar las actividades con las comunidades y priorizar la restauración biocultural.

La tecnología tendrá un uso puntual y progresivo. En esta etapa de nivel primario se priorizarán lápices, papel, lupas, ilustraciones y escritura manual. Los niños dibujarán plantas como el tajy y el amba’y, trazarán formas de hojas, registrarán huellas y escribirán palabras bilingües. Los celulares y las grabadoras permitirán conservar sonidos, imágenes o relatos en momentos específicos, sin sustituir la observación directa ni la transmisión oral.

El esquema está pensado para funcionar sin conexión a internet, con captura y procesamiento de archivos en los equipos escolares. El documento técnico contempla además que, en etapas posteriores, los docentes utilicen herramientas como NotebookLM para la curaduría y maquetación de los micros radiales. El cuadernillo impreso incorporará códigos QR vinculados a archivos multimedia almacenados e instalados localmente en las netbooks del establecimiento.

“La regla principal es clara: nada se registra ni se difunde sin autorización de la comunidad. Cada audio, imagen, relato o ilustración deberá ser revisado y aprobado por las autoridades tradicionales y la asamblea comunitaria”, señalaron desde la Cied. “Los saberes sagrados, las oraciones, ciertos conocimientos medicinales y otros contenidos reservados no formarán parte de las grabaciones ni del cuadernillo”, precisaron.

El resguardo se basa en la soberanía de datos bioculturales y la autodeterminación de los pueblos originarios. La revisión de los materiales corresponderá a los caciques, los opygua y las asambleas involucradas. Los audios y videos educativos permanecerán en los dispositivos de las escuelas para uso interno, sin subirse a redes sociales ni a plataformas abiertas de reproducción en la nube, conforme al criterio de propiedad intelectual colectiva previsto por la propuesta.

La protección alcanzará también a la imagen de los niños, especialmente de las primeras infancias, cuyos rostros no se publicarán de manera expuesta. Los registros visuales priorizarán plantas, huellas y otros elementos del monte, detalles de manos dibujando o trabajando con materiales, y tomas de contexto de espaldas o en sombra. Estas pautas forman parte de los cuidados de privacidad visual y biométrica establecidos para las actividades.

La evaluación se apoyará en pedagogías activas, entre ellas el aprendizaje basado en proyectos y en juegos, y no quedará limitada a pruebas escritas. Se observarán la participación, el desarrollo motor, la curiosidad, las preguntas y la capacidad de expresar lo vivido en mbya y castellano. También se considerarán el vínculo con el territorio, el respeto por los acuerdos comunitarios y la aplicación de contenidos de Lengua, Matemática y Ciencias.

El seguimiento contará con rúbricas cualitativas organizadas en tres ejes. Identidad y territorio contemplará la pertenencia cultural, los protocolos del monte y el vocabulario mbya. Indagación y creatividad atenderá a los dibujos, esquemas, registros y desafíos matemáticos resueltos durante las salidas. El tercer eje considerará la habilidad para relacionar los relatos comunitarios con las explicaciones científicas escolares y comunicarlos mediante producciones analógicas o multimedia en ambas lenguas.

La consolidación del Atlas del Arandú será uno de los principales resultados esperados y una herramienta para extender la experiencia. Además de las producciones estudiantiles, reunirá secuencias didácticas de Aulas Vivas, orientaciones metodológicas para la planificación conjunta de docentes y ADI, y criterios de gestión ambiental destinados a directivos. El material permitirá disponer de las actividades y procedimientos desarrollados durante esta primera etapa para trabajar en otras instituciones.

Tapé Arandú forma parte de una iniciativa de la Cied que será presentada en el Parlamento de Educación Disruptiva 2026, vinculado en el documento con la Ley VI nº 344. Allí se buscará su tratamiento como proyecto de ley para establecer un marco permanente de educación biocéntrica. Si avanza, permitirá sostener las Aulas Vivas, prever la formación continua de parejas pedagógicas y distribuir las herramientas del Atlas en otras escuelas y comunidades mbya de Misiones.

“Para la educación misionera, este proyecto es una oportunidad para demostrar que innovar también es escuchar, aprender del entorno y construir una escuela más viva, cercana e inclusiva”, destacó Márquez.

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