Proteger el medio ambiente, el proyecto de vida de Mirta, actual jefa del Parque Moconá
Determinación, fortaleza, convicción y pasión por cuidar y defender la flora y fauna misionera son cualidades que acompañan la trayectoria de Mirta Carballo. Criada en la chacra, donde tuvo sus primeros vínculos con la naturaleza, convirtió aquel sentimiento de protección por el entorno en una profesión y, con los años, en un verdadero proyecto de vida. Hoy, a sus 48 años, es la jefa del Parque Provincial Moconá.
Llegar a estar al frente de una de las áreas naturales protegidas más emblemáticas de Misiones representa un logro construido a base de esfuerzo, dedicación, capacitación constante y casi dos décadas de servicio como guardaparque provincial. Un camino que comenzó mucho antes de vestir por primera vez el uniforme y que tuvo como punto de partida un recorte de periódico que aún conserva donde la nota periodística hacía alusión a la carrera de Guardaparque.
Estaba terminando el quinto año de la secundaria cuando aquella publicación llamó su atención y le permitió descubrir una profesión que parecía reunir aquello que buscaba para su futuro. “Me crié en la chacra y desde entonces tenía el deseo de hacer algo que me permitiera conservar, proteger y cuidar el medio ambiente. Aquella oportunidad despertó en mí una vocación que con el tiempo se convirtió en mi proyecto de vida” indicó a El Territorio, Mirta Carballo, Jefa del Parque Provincial Moconá al contar cómo surgió ser una guardiana de la selva.
Se recibió de guardaparque en 2001. A partir de allí comenzó una extensa trayectoria por distintas áreas protegidas de la zona centro de Misiones, con funciones en el Parque Provincial Araucaria, Cruce Caballero, Caa Yarí, Esmeralda y dentro de la Reserva de Biosfera Yabotí, todos en San Pedro. El 1 de enero de 2027 cumplirá 20 años de servicio en la institución.
Durante buena parte de ese recorrido estuvo vinculada principalmente a tareas de control y fiscalización, funciones que requieren presencia permanente en territorio. Sin embargo, destaca que ser guardaparque implica educación ambiental, extensión, prevención y contacto con las comunidades son igualmente necesarias para alcanzar los objetivos de conservación.
“Uno de los aspectos más importantes de nuestra función es transmitir, concientizar y orientar a la sociedad sobre la importancia de cuidar y conservar nuestros parques y áreas protegidas, garantizando que sus recursos naturales puedan ser disfrutados y aprovechados de manera responsable por las generaciones presentes y futuras”, explicó.
Justamente allí radica buena parte de la satisfacción que encuentra en su profesión. No se trata únicamente de proteger un espacio determinado, sino de comprender que esa tarea genera un beneficio colectivo. “Lo que más disfruto de mi carrera es trabajar en algo que me genera una enorme satisfacción, sabiendo que mi aporte representa un beneficio para toda la sociedad”, afirmó.
Hace unas semanas, asumió la jefatura del Parque Provincial Moconá lo que significó alcanzar una meta que venía construyendo desde hacía tiempo. Para acceder al cargo debió atravesar un proceso de concurso que puso a prueba la experiencia y los conocimientos adquiridos durante su trayectoria.
“El proceso del concurso fue una experiencia que implicó tomar decisiones y responder con rapidez ante situaciones que representaban una oportunidad muy esperada. Era un sueño que venía construyendo desde hacía mucho tiempo”, señaló.
Detrás de ese logro existe un trabajo en conjunto, producto de años de reuniones, charlas e intercambio entre los propios guardaparques en torno a sus experiencias, responsabilidades, deberes y derechos. En lo personal, decidió asumirlo como un nuevo desafío dentro de su carrera, sostenida por una convicción “Nada es imposible y, cuando hay vocación, compromiso y trabajo en equipo, los objetivos se pueden alcanzar” sostuvo.
Hoy, estar al frente del Moconá tiene para ella un significado especial. “Representa un enorme privilegio y un orgullo. Es el resultado de una historia de trabajo continuo, dedicación, responsabilidad y, sobre todo, compromiso con el cuidado del medio ambiente”, manifestó con emoción.
El desafío de ser mujer guardaparque
La trayectoria de Mirta permite poner en valor otro aspecto de la conservación ambiental en Misiones: el lugar conquistado por las mujeres dentro de espacios y funciones que durante mucho tiempo tuvieron mayor presencia masculina.
“Creo que uno de los mayores desafíos dentro de la tarea de protección ambiental es ser mujer guardaparque. A lo largo de mi trayectoria esto ha significado atravesar procesos de cambio, aceptación, convivencia y adaptación al sistema”, reconoció.
Se trata de una profesión que requiere carácter y cierta valentía, ya que al momento de los operativos, los peligros son constantes y la densa selva demanda preparación y resistencia. Entre los paisajes maravillosos, atraviesan tramos inaccesibles, barro, días de lluvia, frío, en muchos lugares deben abrir camino a su paso con un solo objetivo, el de cuidar la selva, una tarea que se torna más complejas en una zona donde la caza furtiva continúa siendo uno de los delitos ambientales más recurrentes.
Detrás del uniforme, existen responsabilidades personales y familiares que forman parte de la realidad cotidiana de muchas trabajadoras. “Además de ser profesionales, somos mujeres con una historia detrás de cada una; muchas somos madres y tenemos una familia que también forma parte de nuestro camino. Por eso considero importante reconocer el esfuerzo que implica compatibilizar las responsabilidades laborales con la vida personal y familiar”, sostuvo.
Su historia refleja a su vez una realidad que cobra especial relevancia en San Pedro, donde mujeres guardaparques, profesionales, productoras e integrantes de organizaciones llevan adelante iniciativas relacionadas con la protección de la biodiversidad, la educación ambiental y proyectos sostenibles.
Esa participación resulta fundamental en un municipio atravesado por una enorme riqueza natural, con parques provinciales, reservas privadas y la Reserva de Biosfera Yabotí. En un territorio con estas características, conservar requiere profesionales capacitados, presencia en terreno y comunidades comprometidas con aquello que las rodea.
En ese escenario cumple además un rol importante el Instituto Superior San Pedro, donde se forman nuevos guardaparques. La posibilidad de capacitar profesionales en el propio territorio contribuye a fortalecer una actividad estrechamente vinculada con la identidad ambiental de esta región.
Casi veinte años de servicio después, ese vínculo con la chacra permanece intacto tanto que en los momentos libres comparte actividades en el campo con su padre. Cambiaron las responsabilidades y llegaron nuevos desafíos, hasta alcanzar la conducción del Parque Provincial Moconá, pero permanece la misma convicción que comenzó a tomar forma cuando aquel recorte de periódico llegó a sus manos.
Mirta todavía lo conserva. Es un pequeño testimonio del momento en que una joven criada en la chacra encontró una profesión que le permitiría hacer aquello que ya sentía como propio: cuidar, conservar y defender la naturaleza misionera y al mismo tiempo reforzar el mensaje de que vale la pena ir detrás de los sueños.