Los tocados parten de $80.000 y los espaldares pueden alcanzar $1,3 millones

Detrás de cada traje hay varios meses de trabajo, talleres y familias

Tatiana Kaleñuk creció entre plumas, telas y estructuras y hoy lleva adelante un emprendimiento que encuentra en la Estudiantina su principal fuente de ingresos
domingo 06 de septiembre de 2026 | 6:05hs.
En KZ Atelier, de Tatiana Kaleñuk, comenzaron a trabajar con colegios completos hace cuatro años. Fotos: Marcelo Rodríguez
En KZ Atelier, de Tatiana Kaleñuk, comenzaron a trabajar con colegios completos hace cuatro años. Fotos: Marcelo Rodríguez

KZ Atelier trabaja este año con ocho colegios y comienza a producir apenas termina el carnaval. Tocadistas, bordadores, proveedores y nuevas tecnologías forman parte de una actividad que mueve dinero durante varios meses

De cara a la mayor fiesta estudiantil de la capital provincial, tocados, espaldares, plumas, bordados, estructuras e impresión 3D son parte de una economía que se activa con varios meses de anticipación. El taller de Tatiana Kaleñuk es una muestra de ese movimiento. Al frente de KZ Atelier junto a su esposo, este año trabaja con ocho colegios completos. En 2025 fueron 16. La actividad es su principal fuente de ingresos y detrás de cada pedido hay horas de producción, compra de materiales y, en algunos casos, contratación de personal.

En KZ Atelier, los tocados parten de $80.000 y los espaldares pueden alcanzar $1,3 millones.

La pareja de trabajadores sostiene que la crisis cambió la manera de gastar.

 

Hace cuatro años comenzaron a trabajar con colegios completos, aunque anteriormente realizaban pedidos particulares de bordados, trajes especiales, espaldares, tocados de reina y coronas.

Su calendario laboral no empieza cerca de septiembre. “Cuando termina el carnaval, nos damos una semana para respirar, revivir, y ahí arrancamos Estudiantina”, contó Tatiana.

Hay colegios que realizan las primeras consultas en diciembre. Otros llegan en febrero y para marzo ya comienzan a pagar las señas. Eso significa que el dinero vinculado a la fiesta circula durante buena parte del año.

Los colegios también ponen en marcha su propia economía. Organizan rifas y actividades para reunir fondos, mientras las familias distribuyen los gastos en cuotas para evitar que toda la inversión se concentre cerca del desfile.

“Detrás de cada chica hay una familia”, sintetizó.

De $80.000 a $1,3 millones

Los números de un solo taller permiten aproximarse a la escala que puede alcanzar este mercado.

Un tocado básico de escuadra comienza en $80.000 y puede alcanzar los $198.000 cuando incorpora mayor cantidad y variedad de plumas, además del bordado. Entre los trabajos especiales, el tocado de mayor valor realizado este año llegó a $272.000. Entre los trabajos especiales, el tocado de mayor valor realizado este año llegó a $272.000.

En los espaldares, la escala es mayor. Los trabajos comenzaron este año en alrededor de $420.000, mientras que el más costoso alcanzó $1,3 millones y demandó entre 230 y 250 plumas.

Pero detrás de esos valores hay otra cifra menos visible: la cantidad de operaciones necesarias para terminar una pieza. Hay que comprar plumas, estructuras y elementos para bordar; diseñar; producir; realizar terminaciones y, según el trabajo, incorporar piezas realizadas mediante impresión 3D.

Parte de las plumas utilizadas son insumos cuyo costo está atado al dólar. Eso obliga a los talleres a comprar con anticipación y administrar los pagos recibidos para garantizar los materiales.

Así, el dinero que una familia destina a un tocado no queda concentrado necesariamente en una sola persona: se distribuye a lo largo de una cadena de producción.

Una fiesta que genera trabajo

En el caso de KZ Atelier, la actividad representa el ingreso principal del hogar. Tatiana se dedica exclusivamente al emprendimiento y su esposo trabaja en la producción de piezas mediante impresión 3D.

Cuando aumenta la cantidad de pedidos, también aparece la necesidad de sumar personal. “En temporada alta llegamos a trabajar hasta 25 personas”, explicó Kaleñuk.

La contratación depende de los tiempos de entrega y del volumen de trabajo, otra muestra de cómo la demanda generada por los colegios puede traducirse en oportunidades laborales.

El conocimiento necesario para producir las piezas también tiene un valor. Tatiana aprendió el oficio dentro de una familia ligada al carnaval de Concepción de la Sierra donde se destacó como pasista, con una tradición atravesada además por las raíces correntinas de su madre.

“Esto se aprende mirando, ayudando y trabajando. Yo crecí entre plumas, telas y estructuras”.

Ese saber transmitido entre generaciones hoy convive con nuevas herramientas. El taller utiliza impresión 3D para fabricar detalles y estructuras que serían difíciles de resolver solamente mediante alambre o soldadura. La Estudiantina termina así conectando actividades que a primera vista parecen distantes: técnicas provenientes del carnaval, trabajo artesanal, comercio de insumos y tecnología aplicada al diseño.

La crisis cambió el modo de gastar

El contexto económico también se refleja en los talleres. KZ Atelier pasó de trabajar con 16 colegios en 2025 a ocho este año.

Parte de esa caída no implica necesariamente que las instituciones hayan dejado de invertir, sino que cambiaron la estrategia. Algunos colegios decidieron reutilizar las bases producidas el año anterior y colocar nuevos bordados o modificar colores.

“Hoy las familias buscan cuidar más el bolsillo. Muchas veces reutilizan una estructura y cambian los detalles para poder seguir participando”, señaló Tatiana.

Las familias también comenzaron a anticiparse. Los pagos parciales desde marzo permiten distribuir un gasto que, realizado de una sola vez, tendría mayor impacto sobre el presupuesto del hogar.

Los talleres, a su vez, ajustan diseños a diferentes posibilidades económicas. Un traje especial no necesariamente debe alcanzar los valores máximos: puede modificarse la cantidad o el tipo de materiales para reducir el costo.

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