Una frontera seca única en sus características

Irigoyen mantiene un vínculo físico natural y cultural con Barracao y Dionisio Cerqueira

Una zona donde el principal puente de unión está basado en la convivencia cotidiana y natural. El intercambio desde el comercio, el idioma y la música
domingo 08 de marzo de 2026 | 6:05hs.
De un lado Brasil y del otro Argentina con sólo cruzar la vereda.  Foto: F. Acosta
De un lado Brasil y del otro Argentina con sólo cruzar la vereda. Foto: F. Acosta

Mientras en otras partes de Misiones intentan establecer puentes como vínculos físicos, la relación entre Bernardo de Irigoyen y sus pares de Brasil, tanto Barracao (Paraná) como Dionisio Cerqueira (Santa Catarina), integra uno de los núcleos urbanos transfronterizos más singulares de Sudamérica. Allí no existen barreras físicas ni de convivencia, porque se respira en dos idiomas. Tanto las casillas de Migraciones como de Aduanas para los pobladores tienen poca razón de ser, según lo sintetizó el intendente de Irigoyen, Edgardo “Chichín” Aquino. Allí, son los turistas los que suelen usar ese paso oficial para registrarse en el ingreso o egreso de uno y otro país. Para los habitantes del lugar es sólo cruzar una calle para estar en Brasil o Argentina. La historia nos enseña que antes de ser ciudades divididas por tratados, la zona era conocida simplemente como “Barracón”. Fue a finales del siglo XIX que brasileños y argentinos se asentaron en el lugar para la extracción de yerba mate, por entonces silvestre.

Hay tres fechas claves que permite entender la divisoria legal. En 1895, fue el laudo de Cleveland el que puso fin al litigio territorial, asignando la zona a Argentina. De esta manera, hace 105 años se fundaba, en 1921, el municipio argentino como Barracón. Pero en forma posterior, en 1936, a fin de evitar confusiones con la vecina Barracao y reforzar la identidad nacional, se cambia el nombre a Bernardo de Irigoyen, en honor al canciller que defendió estos límites.

Desde entonces, como ahora, los temas a resolverse no son problemas internacionales sino vecinales. Se abordan de manera natural los temas culturales en esta frontera seca, donde con sólo cruzar una calle que separa a ambos países, se puede disfrutar de un sertanejo o chamamé, mientras fluye el comercio según las devaluaciones o cotizaciones del momento de cada moneda. Cuando el valor del peso está bajo, se llena de brasileños en vinotecas o supermercados de Irigoyen y al contrario, los argentinos, como ahora, cruzan a comprar cuando el real se deprecia. Es una constante histórica, no se necesita ningún puente para cruzar de un lado del otro de ambos países a lo largo de casi 40 kilómetros de frontera.

 El intendente sostiene que el control migratorio rígido, lejos de ordenar, produce atraso. Al estar instalada la cuestión cultural de cruzar de manera frecuente y natural de un lado a otro, el control migratorio no tiene razón de ser.

El presidente de la Cámara de Comercio de Irigoyen, Walter Feldman, coincidió en igual sentido.

Resaltó la gran relación comercial y cultural que existe en la frontera seca, donde esos pasos que dicen ser ilegales en realidad los utilizan los propios pobladores para evitar largas esperas para cruzar de un lado a otro en las casillas de Migraciones, porque el movimiento es diario y habitual.

Por eso, Feldman se preguntó “en qué otro lugar del mundo una persona pasa la frontera para ir a comprar un pote de dulce de leche para comer a la tarde”, o “pasa a comprar dos paquetes de pollos o un pollo para hacer al mediodía” o “pasa a comprar un kilo de helado”.

Para quienes viven la frontera es como salir a un supermercado más cercano, la divisoria no existe. Este es el concepto que intenta hacer entender a las autoridades nacionales, que desconocen de estas realidades culturales, “con una Aduana que fue hecha hace más de 50 años para 2.000 habitantes; hoy somos 30.000 habitantes”. 

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