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La historia de la lanza que atravesó el cuerpo de Cristo, fue buscada por Napoleón y robada por los nazis

Según la tradición cristiana, un soldado romano perforó con ella el costado de Jesús y se transformó en un objeto sagrado. Pasó por las manos de Carlomagno y Federico Barbarroja, entre otros. Hitler se la llevó de Viena y tras la guerra fue recuperada

jueves 11 de enero de 2024 | 19:48hs.
La historia de la lanza que atravesó el cuerpo de Cristo, fue buscada por Napoleón y robada por los nazis

“Entonces los judíos por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo, rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas y fuese quitados de allí. Vinieron pues los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”.

Esta narración corresponde al evangelio de San Juan, el único de los canónicos que hace referencia al episodio de la lanza que atravesó el cuerpo de Jesucristo colgado de la cruz. La escena habría ocurrido luego de la crucifixión en el Gólgota, cuando debido a la inminencia del Sabat, los soldados se dispusieron a acelerar la muerte de los condenados aplicando el crurifragium, un cruel método que aseguraba el rápido fallecimiento de los reos, ya que al perder todo posibilidad de apoyo en las piernas, no podían erguirse para respirar y morían asfixiados.

Los otros tres evangelistas, Mateo, Marcos y Lucas, no dan cuenta de este pasaje que cita Juan. Este hizo esa breve descripción, pero no identificó al soldado que atravesó el cuerpo de Cristo con la lanza, como tampoco ninguno de los evangelios canónicos le pone nombre al militar romano ni a los ladrones que fueron crucificados junto a Jesús. Para esto hay que remitirse al evangelio apócrifo de Nicodemo -llamado también Hechos de Pilatos, datado en el siglo IV-, quien menciona al soldado como Longinos y a los ladrones crucificados los llama Dimas y Gestas.

Foto: Cuadro de Fray Angélico que reproduce la escena de Longinos atravesando con su lanza el costado de Cristo en la cruz

La estatua de San Longinos, en la Basílica San Pedro. En su mano lleva la lanza de Cristo
Lo que sí relatan Mateo, Marcos y Lucas es la conversión de un centurión romano, quien al presenciar algunos de los excepcionales sucesos que habrían ocurrido en paralelo a la expiración de Jesús -resurrección de santos, rasgamiento del velo del Templo, tinieblas que cubrieron el Gólgota, temblores-, habría dicho “verdaderamente éste era Hijo de Dios”. Más adelante, la tradición cristiana unificó los dos episodios y el soldado Longinos pasó a ser centurión, signado como el protagonista de ambos hechos.

Versiones posteriores del acervo cristiano aseguran que Longinos tenía un problema en la vista y fue curado al tomar contacto con la sangre de Cristo. Parte de la tradición también sostiene que ayudó a José de Arimatea a preparar el cuerpo de Jesús para su sepultura tras el descenso de la cruz. Otros lo señalan como el soldado que acercó una esponja a los labios sedientos del crucificado, buscando mitigar su sufrimiento. No está claro cuál fue el destino de Longinos, aunque algunas narraciones señalan que su conversión al cristianismo le terminó costando una muerte violenta y por ello es venerado como mártir de la Iglesia. Actualmente hay una estatua de San Longinos en la Basílica San Pedro, en el Vaticano.

El derrotero de la lanza y todas sus versiones
La lanza usada por Longinos -Lancea Longini-, conocida actualmente como Lanza del Destino, Lanza Sagrada, Lanza de Longinos o Lanza de Cristo, pasó a ser un objeto sagrado de veneración por el supuesto contacto que tuvo con la sangre de Cristo, pero además cobró fama de hacer invencible a quien logre poseerla. En este punto comienzan a mezclarse la historia con las leyendas y la fantasía. A esto debe sumarse que, tal como ocurre con otros objetos sagrados del cristianismo, existe más de una lanza y son varios los lugares que se disputan el privilegio de poseer la original.

En la actualidad son al menos cuatro las lanzas conocidas. Una se encuentra en el Vaticano, aunque no está exhibida al público y se resguarda en uno de los cuatro pilares de la basílica de San Pedro. Otra forma parte de una muestra permanente del museo del palacio Hofburg, en Viena, la tercera se encuentra en Cracovia, Polonia, desde el siglo XIII (algunos especialistas dicen que se trata de una copia de la exhibida en Viena), y la cuarta es la llamada Lanza de Antioquía, custodiada en la catedral armenia de Echmiadzin.

Foto: La Lanza de Antioquía, exhibida en la catedral de Echmiadzin (Armenia)

Había una quinta, en Francia, pero desapareció. Fue traída desde Palestina y comprada por el rey Luis IX para adornar la Sainte Chapelle de París, pero tras la revolución de 1789 fue llevada para protegerla junto a otras reliquias a la Biblioteca Nacional, donde se perdió su rastro para siempre.

En cuanto a los personajes históricos que la poseyeron, algunos relatos ubican la lanza en manos de Constantino el Grande, quien la habría usado como talismán para derrotar a Magencio en la batalla de Puente Milvio, en el siglo IV. Otras historias hablan de que fue clave para la victoria del emperador Teodosio frente a los Godos, que el poder del arma sagrada hizo retroceder a Atila y que el franco Carlos Martel frenó con ella el avance de los árabes en el año 773.

La santa lanza aparece también mencionada como parte del conjunto de reliquias de la Pasión veneradas en Jerusalén, en la Iglesia de Sión, en el siglo VI, mientras que el Cronicón Paschale -las crónicas cristianas del siglo VII- afirma que fue robada por los persas de Jerusalén, luego recuperada y enviada a Constantinopla.

La lanza también aparece asociada a las cruzadas y la leyenda asegura que durante la primera de estas fue clave para salvar a los cruzados de una situación difícil. San Andrés se habría aparecido en sueños a un campesino para revelarle la existencia de la reliquia en el sótano de la catedral de Antioquía. Allí fue encontrada y utilizada para un combate exitoso. Las fechas, los lugares y los nombres se cruzan y se superponen. A esta altura del relato es difícil saber cuál de las lanzas conocidas aparece en cada ocasión.

Foto: La lanza de Longinos que forma parte de una muestra permanente en Viena (crédito Museo Hofburg)

La reliquia también habría pasado por las manos de Carlomagno, Enrique el Pajarero y Federico Barbarroja, asegurando siempre la victoria al caudillo que la empuñase en combate. En el año 1796, Napoleón habría intentado hacerse de una lanza de Cristo, que estaba en Nuremberg, pero antes de la llegada de las tropas francesas a esa ciudad fue enviada a Viena, custodiada por el barón Von Hugel. Sin embargo, este decidió vendérsela a los Hasburgo, junto a otros objetos puestos a resguardo, pasando a formar parte de lo que luego sería conocido como tesoro imperial. Se trata de la lanza y el tesoro exhibidos actualmente en el museo del Palacio de Hofburg y que fue robado por los nazis en los años 30 del siglo pasado.

El objeto en cuestión, la punta de la lanza, tiene unos 30 centímetros, está partido en dos y unido por una funda de plata y oro. En la parte del mango hay dos pequeñas cruces de oro. En el canalillo central, en la punta, fue añadido en el siglo XIII uno de los supuestos clavos de la crucifixión. Al igual que ocurre con la lanza y con otras reliquias del cristianismo, existen varios clavos de Cristo o parte de ellos dispersos a lo largo del planeta, exhibidos o atesorados en distintos templos.

Hitler y la lanza del destino
Es bien conocida la fascinación que tuvieron muchos dirigentes nazis por el ocultismo y que los llevó a la búsqueda de reliquias y objetos sagrados a la largo del mundo. Con este fin, el todopoderoso Heinrich Himmler creó la Ahnenerbe -sociedad de estudios para la historia antigua del espíritu-, que realizó expediciones a lugares tan distantes como el Himalaya, Bolivia o España, y que en entre otras cosas se dedicó a dilucidar el misterio de la supuesta existencia de la Atlántida. También dedicó esfuerzos a la búsqueda de objetos mitológicos como el martillo de Thor, la espada de Turingia o la calavera del destino. Como no podía ser de otra manera, la lanza del destino fue uno de los objetivos apuntados por esta delirante asociación pseudo científica.

Algunas versiones afirman que Hitler vio por primera vez la lanza exhibida en Hofburg durante su estancia en Viena, en su juventud, cuando aspiraba a ser un artista, un deseo que terminó mal, al ser rechazado dos veces por la Academia de Bellas Artes de la capital austríaca. Los años pasaron, Hitler llegó al poder en 1933 y cinco años más tarde, en marzo de 1938, dispuso el Anschluss, la unión con Austria, su país natal.

Foto: Parte del tesoro real que fue robado por los nazis junto a la lanza del destino (crédito Museo Hofburg)

Así fue que en agosto de 1938 Hitler le pidió al ayuntamiento de Nuremberg que presente una petición oficial, reclamando la restitución de la lanza y del resto de los objetos que habían sido comprados por los Habsburgo. Un tren blindado, custodiado por tropas de las SS, partió de Viena con el tesoro de reliquias el 29 de agosto con destino a Nuremberg, donde fue depositado en la cripta de la iglesia de Santa Catalina. Allí permaneció durante casi toda la guerra, pero debido a los constantes bombardeos sufridos por Alemania -Santa Catalina quedó en ruinas por los ataques- los objetos, entre los que estaban los símbolos imperiales, fueron evacuados y escondidos en una cámara blindada, dentro de una serie de túneles, bajo una fortaleza. El acceso desde afuera fue disimulado tras una pared falsa en el garaje de una casa.

Los incesantes ataques aéreos provocaron que una bomba destruyera la vivienda en la que estaba la entrada secreta, quedando las puertas blindadas a la vista de todos. Frente a esto, parte del tesoro fue trasladado al sótano de una escuela. Finalmente, la ciudad cayó en manos de los norteamericanos y oficiales de inteligencia del Séptimo Ejército de los Estados Unidos estuvieron dedicados a la búsqueda del tesoro imperial. Quiso el destino que la lanza fuese encontrada el 30 de abril de 1945, el mismo día en que Adolf Hitler se quitó la vida en su búnker de Berlín, derrotado y asediado por el Ejército Rojo. Tras la caída del Tercer Reich, los Aliados decidieron que el tesoro de los Habsburgo vuelva a su exhibición en Hofburg, donde actualmente se puede visitar.

La lanza del destino y sus supuestos poderes extraordinarios son tema de mención en series, libros y películas. Por ejemplo, en la primera versión cinematográfica de Hellboy (2004) hacen referencia a la reliquia, dicen que está bajo custodia de una unidad especial que trabaja con fenómenos paranormales y que su poderío multiplica por diez la capacidad militar de quien la use. También aparece a lo largo de Constantine (2005), protagonizada por Keanu Reeves. La lanza de esta película es similar en su forma a la que se exhibe en Viena, la que fue robada por Hitler. De hecho, cuando en la filmación es descubierta, enterrada en un algún lugar de México, está oculta dentro de una caja, envuelta en una bandera nazi. La lanza también es parte de los diálogos en la última película de Indiana Jones, estrenada en 2023, y tiene presencia en versiones de animé, como Evangelion, al igual que en numerosos comics y novelas.

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