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Del autor del crimen se tiene su ADN, pero nunca pudo ser identificado

Lucía Maidana, un femicidio que marcó y el peligro latente de un violador serial libre

La estudiante universitaria fue asesinada en 2013 y pruebas genéticas confirman que el asesino atacó a otras tres víctimas. El tiempo transcurre hacia la impunidad

domingo 25 de abril de 2021 | 6:05hs.
Lucía Maidana, un femicidio que marcó y el peligro latente de un violador serial libre
El asesino generó un incendio en la habitación para eliminar rastros y pruebas, pero su ADN quedó. Foto: El Territorio/Archvo
El asesino generó un incendio en la habitación para eliminar rastros y pruebas, pero su ADN quedó. Foto: El Territorio/Archvo

Lucía Maidana fue asesinada el 6 de abril del 2013 y el pedido de justicia por su muerte es grito y bandera en cada movilización de colectivos feministas y estudiantiles y ante cada reclamo por una muerte a causa de la violencia machista en Misiones. La joven tenía 23 años, era oriunda de Capioví y estudiaba Comunicación Social en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Unam.

Lucía fue asesinada cinco meses después de que se incorporara el agravante de femicidio al Código Penal. Ese contexto de debate y lucha, más la búsqueda incansable de la familia y el gran impulso de la comunidad estudiantil que terminó por instalar el término en los medios misioneros, lo convierten en un hecho de gran conmoción en toda la provincia aún ocho años después.

Sobre todo porque es una gran deuda de la Justicia, ya que son hechos aún impunes y no se puede descartar que este asesino y violador serial pueda volver a atacar en cualquier oportunidad. Es un peligro latente. El último hecho que se le atribuye ocurrió en 2018, pero también violó en 2016 a otras dos estudiantes.

La estudiante fue hallada sin vida en su departamento del barrio El Palomar, con gran parte del cuerpo quemado, golpeada ferozmente en la cabeza y con signos de haber sido abusada. El autor, además de golpearla fuertemente varias veces en la cabeza, incendió la habitación para borrar todo tipo de huellas.

Por el hecho fue detenido Nicolás Sotelo -ex vecino-, quien posteriormente fue liberado y lucha por su desvinculación de la causa. La investigación se alejó cada vez más de su persona con el paso del tiempo, hasta que los cotejos de ADN en el marco de diferentes causas hallaron un patrón y revelaron la presencia de un abusador sexual serial que no es él.

Las dos víctimas del 2016 son estudiantes de Eldorado que cursaban sus carreras en la Facultad de Ciencias Sociales de la Unam. Los hechos ocurrieron en enero y marzo, con muchas coincidencias entre sí. Esos fueron los indicios que terminaron en la conformación de un solo expediente para investigar todos los casos atribuidos a este NN.

El último de ellos ocurrió el 10 de marzo, alrededor de las 5.15, en el primer piso de un departamento ubicado en la intersección de las calles Tucumán y Roque Sáenz Peña. El agresor ingresó a la habitación por el balcón, escalando por un árbol y una estructura de cemento del tendido eléctrico.

Según consta en la denuncia, el sujeto utilizó un cuchillo y la maniató, para luego concretar el ultraje ahorcándola con un cordón. La joven dijo que el atacante la amenazó diciéndole “que no se te ocurra denunciar a la Policía ni a nadie, que la única que va a pasar vergüenza sos vos”.

En diálogo con El Territorio, la madre de la joven que tenía por entonces 19 años, dijo: “Espero que la Policía lo encuentre, esto no fue al azar. Mi hija no estaba caminando sola por la calle, estaba durmiendo en su departamento”.

Dos meses antes, en la madrugada del 3 de enero, el ataque ocurrió en un albergue cercano a la intersección de las calles San Luis y Catamarca. Según la denuncia, todo se habría desarrollado mientras la joven se estaba duchando en un baño compartido, fuera de su departamento.

Cuando salió para volver a la pieza, que estaba sin llaves, fue abordada por el atacante, que al parecer la venía siguiendo desde la calle. El agresor, sin mediar palabras, le propinó un fuerte golpe con un ladrillo y la llevó a la pieza donde concretó el hecho. El depravado también le dijo en ese entonces a la víctima que la conocía de la facultad y que por eso le convenía guardar silencio.

Investigación y nuevo ataque
Todos estos hechos demarcaron una zona de influencia clara: el asesino de Lucía caminaba por los pasillos de la facultad de Humanidades y se movía en el centro de Posadas. También se estableció que se trataría de un sujeto alto (de entre 1,85 y 1,90 de estatura), fornido. Por sus habilidades se especuló entonces que no superaría los 30 años de edad.

Las investigaciones por parte de la Justicia, llevadas a cabo por la Secretaría de Apoyo para las Investigaciones Complejas (Saic) del Poder Judicial y la Policía de Misiones, no dejaron de buscar a este asesino. Primero lo hicieron en silencio y, aunque era una sospecha de muchos, sin dar a conocer la coincidencia de un patrón genético. Sin embargo eso cambió en 2018 y también -creen- precipitó un nuevo ataque.

La víctima en este caso fue una joven estudiante de Ciencias Económicas, abordada cerca de la medianoche del 23 de febrero, sobre la calle Líbano del barrio El Palomar. La chica estaba llegando a la casa de una compañera de estudio, cuando fue abordada en la oscuridad de la zona, entre Pedro Méndez y Rebollo.

El sujeto actuó con una violencia desmedida al punto que pudo convertirse en su segundo femicidio. La vida de la universitaria corrió riesgo durante varios días y necesitó una operación en el cráneo debido a que la golpearon contra una pared.

Completamente ensangrentada y al borde del desmayo, la víctima se refugió en la galería de una vivienda. “Estaba encerrada, en eso escucho un golpe contra la pared seguido de gemidos y llantos. Pensé que era un perro, sonaba así. Por eso abrí despacio la puerta y me quedé paralizada al ver a la chica tirada toda ensangrentada”, dijo una testigo en su momento.

Los resultados de las pruebas genéticas extraídas de la víctima, que fueron cotejadas con los registros de los casos anteriores confirmaron que se trataba del serial suelto. El perfilado de distintos profesionales, entre ellos psicólogos, arrojó que el ataque había sido una respuesta ante la trascendencia al público de la identificación de su ADN en todos ellos, pocas semanas antes. Se detectó enojo en su accionar.

En la actualidad, ante cada caso de violación se activa un protocolo para establecer si no es el asesino de Lucía. Para muchos investigadores atraparlo es una espina que no saben si se van a sacar. Insisten que, pasado este tiempo, no se puede descartar que esta persona, al que se le conoce sólo su patrón genético, esté presa o se haya ido para siempre.

O peor, que se haya muerto sin pagar por lo que hizo.

 

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