Félix de Aguirre y el epílogo de las Misiones

Viernes 20 de diciembre de 2019
Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador

La década de 1820 se caracterizó en las provincias del Litoral por su permanente estado de anarquía y agitación. Al no existir autoridades nacionales y al haber sido derrotado José Artigas quien había conformado la Liga de los Pueblos Libres que funcionó como un estado independiente en el territorio rioplatense entre 1813 y 1820, las provincias litoraleñas intentaron mantenerse bajo un régimen de pactos y alianzas más o menos efímeras. No obstante, la concurrencia al Congreso General reunido en Buenos Aires en 1824, mostró que, a pesar de las diferencias existía en las provincias una voluntad de constituir una república constitucional. El Congreso duró hasta 1829 y dentro de ese período se desarrolló la Guerra con el Brasil. El triunfo de las Provincias Unidas del Plata afirmó ese espíritu de unidad y ratificó la voluntad de construir una nación.
Misiones en la década de 1820 y como resultado del fracaso del artiguismo se constituía en un territorio habitado por grupos miserables que circulaban por muy provisorios campamentos constituidos, por necesidad institucional, en entes urbanos que se repartían el título de capitales de lo que quedaba de su carácter provincial. Se sucedieron en ese sentido, San Miguel, San Roquito, Asunción del Cambay. Misiones sólo formalmente poseía el carácter de provincia. Pero la realidad era que después del artiguismo el territorio quedó reducido a la hegemonía de caudillos transitorios, permanentemente enfrentados entre sí.
Pero al mismo tiempo que los antiguos pueblos jesuíticos, arruinados, incendiados, destruidos en las duras luchas de Andrés Guacurarí eran abandonados, se advierte la necesidad de muchas familias guaraníes o mestizas, de buscar refugio y paz donde no le alcanzaran las miserias de las interminables guerras.
José Artigas en 1819 buscó ordenar la jurisdicción misionera, ya sin Andresito en el escenario, agrupando al remanente de las familias sobrevivientes a las guerras en dos pueblos pegados al río Miriñay, San Roquito y Asunción del Cambay, sendas capitales de los restos de la provincia misionera en diferentes momentos. El triunfo del entrerriano Francisco Ramírez sobre su antiguo aliado José Artigas llevará a la formación de la República Entrerriana (1820-1821) transformándose Misiones en un departamento de aquella. El Comandante Francisco Javier Sity, sucesor de Andresito y Pantaleón Sotelo en el gobierno de Misiones, se resistió a ese esquema siendo derrotado y alejado del territorio misionero.
Pero la muerte de Ramírez y, por consiguiente de su ambiciosa creación, la República Entrerriana, traerá como consecuencia una serie de intentos aislados por la supervivencia institucional de Misiones. Los acuerdos de San Nicolás en 1821 y del Cuadrilátero, en 1822 fueron reuniones donde Misiones reclamó la protección de las autoridades firmantes de estados signatarios.
En esas circunstancias aparece la figura de Félix de Aguirre, ostentando el liderazgo de la deshecha jurisdicción misionera. Correntino de Mburucuyá, había participado en las luchas de Artigas y, durante la República Entrerriana fue Comandante del pueblo de San Miguel, fundado por familias guaraní-misioneras del departamento de Candelaria que habían sobrevivido a las invasiones militares paraguayas ordenadas por Rodríguez de Francia en 1817 y 1821.
Félix de Aguirre fue el elegido por los gobernadores de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe para que representara a Misiones en el Cuadrilátero, con la oposición de Corrientes que desconocía el carácter provincial de Misiones. En ese encuentro se reconoció a Misiones como entidad política con territorio propio y admitida como una provincia más de la Liga. Pero, paradójicamente, al mismo tiempo y en ausencia de Aguirre, los cabildos de San Roquito, Loreto y San Miguel, firmaban su incorporación a Corrientes.
El Ing. Alejandro Larguía escribió hace unos años un libro titulado sencillamente “Félix de Aguirre”. Allí Larguía recorre toda la historia misionera posterior a la revolución de Mayo ubicando el rol que ocupaba Aguirre en los diversos momentos de ese período. Y esto constituye la gran originalidad del trabajo. La lectura de este libro nos permite ver que Félix de Aguirre no aparece como por arte de magia comandando las desvalidas familias guaraní-misioneras a partir del Tratado del Cuadrilátero, cuando Misiones recupera su carácter provincial. Larguía lo hace aparecer a Félix de Aguirre ya en los tiempos de Andresito. Era un viejo conocido de los líderes que lo sucedieron. Por eso su representatividad entre los cabildantes de las endebles aldeas sobrevivientes al período artiguista.
Este período, que significa el capítulo final de la Misiones postjesuíticas ha sido poco atendido por la historiografía regional. Los intentos por la supervivencia institucional de Misiones, cuyo territorio era disputado por Corrientes, el Paraguay y Río Grande do Sul, la presencia misionera en la Guerra con el Brasil, la relación con las provincias del Litoral en el crítico ciclo político rioplatense de la década de 1820, son analizados en este trabajo de Larguía que significa un punto de partida para desmitificar aspectos poco conocidos de nuestra historia regional.

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