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Pinceladas de historia

La herencia religiosa misionera

domingo 31 de marzo de 2024 | 6:00hs.
La herencia religiosa misionera

En toda la región influenciada por las Misiones Jesuíticas de guaraníes ha quedado una profunda huella religiosa como uno de los principales legados culturales. Se venera a la Virgen María en diversas advocaciones, así como a los santos e incluso a los restos de algunos curas jesuitas que han sido enterrados en los pueblos que hoy se conservan en ruinas.

La oración y la veneración, cargadas de matices propios, populares, fueron adquiriendo diferentes formas a lo largo de la historia posjesuítica en esta región, combinando las formales de la Iglesia Católica con algunas propias de la idiosincrasia del guaraní. El dogma y la superstición interactúan sin conocerse, y quizás, sin plantearse, las diferencias entre uno y otro. La concepción del milagro está muy arraigada en esta región guaraní-misionera. Las fuentes documentales procedentes del período jesuítico-guaraní abundan en testimonios de fe y milagros ocurridos en la vida cotidiana. Así, curaciones milagrosas por la intercesión del P. Antonio Ruiz de Montoya a quien acudía a rezar a sus restos enterrados en el pueblo de Loreto o intervenciones de la Virgen o de algún santo son constantes en el relato histórico y vivenciados como muy reales por la población guaraní.

La decadencia de los pueblos ocurrida inmediatamente después de expulsados los Jesuitas no quitó en la población guaraní-misionera esa particular concepción de la fe y el milagro. Lo que ocurrió fue un proceso de lenta transformación de la formalidad del culto en la génesis de una particular religiosidad popular, llena de matices locales. La necesidad de la práctica de la fe cristiana tropezaba con la ausencia de sacerdotes y una estructura religiosa organizada en pueblos muy dispersos unos de otros y de muy difícil comunicación.

Las imágenes religiosas, talladas con admirable creatividad en los talleres de los pueblos jesuíticos, actuaron como un “pajé” en los guaraníes de los primeros tiempos de la conquista religiosa. Hechizaron al pueblo guaraní, como también los hechizó la cruz cristiana, según indican Branislava Susnik o Darko Sustersic, estudiosos de este tema. “Los guaraníes veían en esta cruz un poder mágico similar al que el chamán podía tener en su mano con la sonaja, la mbaraca, instrumento musical que, según la creencia antigua guaraní, contenía en su interior un ayvu, un alma… la interpretan como un poder mágico y no como un fundamento doctrinario…”, indica Susnik. Y ese poder mágico, ese “pajé”, puede ser aplicado también a las imágenes, al principio pinturas sobre tela, que los jesuitas llevaron como único elemento evangelizador en sus primeros viajes misionales. Y fue tal la reacción inicial ante estos objetos de culto que los misioneros le dieron una gran importancia a la labor artesanal de los talleres de producción de imágenes. Las imágenes talladas en los talleres jesuíticos no fueron concebidas exclusivamente con una finalidad artística, sino que se las construyó con una funcionalidad muy presente en el escultor, la de la seducción del inconciente colectivo de su condición chamánica. La imagen tenía un efecto de poderoso “pajé” que conquistaba a los guaraníes, según el relato de Sustersic.  En la época posjesuítica pervivió con mucha fuerza esa función chamánica de las imágenes, como se aprecia en las nuevas fundaciones de los guaraníes como Loreto y San Miguel, a orillas del Iberá.  Allí volvieron a cumplir sus funciones de presidir y estabilizar las fundaciones de los nuevos pueblos y los nuevos hogares que los contuvieron durante la diáspora.

La oración y el milagro asociados a determinados sitios y sus elementos convocantes constituyen una peculiaridad que pervive en la región misionera. La veneración popular a la Virgen de Itatí quizás sea el caso más reconocido. Pero existen otros ejemplos en nuestra zona como la veneración a la Virgen de Loreto, hoy reconocida como patrona de la provincia de Misiones.

La conmemoración de la festividad del Santo Patrono del pueblo constituye otro ejemplo de una tradición que persiste desde los tiempos reduccionales. El día correspondiente al santo patrono constituía en tiempos misionales un motivo de festejos que convocaba incluso a los habitantes de los pueblos cercanos. Hoy esa tradición se mantiene viva en pueblos como San José, Concepción, San Carlos, etcétera en nuestra provincia como muchos de los estados  vecinos del Paraguay y Corrientes.

Los ejemplos podrían seguir citándose. Toda la región misionera se halla plena de sitios de significación religiosa que encuentran sus fundamentos en el pasado reduccional. A ello se suma una faceta de la mentalidad del habitante de le región misionera íntimamente vinculada a esa cultura religiosa: la profunda convicción en el milagro, la promesa, los efectos de la oración. Ello ha dado origen al universo cultural del “promesero”, enraizado en una historia religiosa y de una magnitud profunda que envuelve y da sentido a la vida cotidiana de muchísimos habitantes de esta región.

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