2026-10-03

En Panambí, por ejemplo, el espacio dejó de funcionar

Centros de Pami en Misiones afrontan un año sin subsidios

Desde diciembre de 2025 que, según acusan, las entidades no reciben el aporte del organismo nacional. Se reinventan con actividades para cubrir los gastos básicos.

Los centros de jubilados que trabajan con Pami en Misiones atraviesan un escenario crítico para sostener su funcionamiento. Según advirtió María Teresa Nilsson, ex consejera nacional por la zona centro de la provincia, en lo que va del 2026 no se recibió ningún subsidio que el organismo nacional otorgaba mensualmente para afrontar gastos de funcionamiento.

La referente del trabajo con adultos mayores e integrante de la Dirección de Gerontología del Ministerio de Salud Pública, indicó que el último aporte llegó en diciembre de 2025 y desde entonces “ningún centro percibió nada”.

Nilsson, quien tuvo bajo su representación a 43 centros de jubilados, señaló que algunos espacios de esa región dejaron de funcionar en vinculación con el organismo nacional. Mencionó los casos de Guaraní, Bonpland y Panambí. En algunos municipios, las organizaciones lograron continuar sus actividades con acompañamiento local.

En el caso de Guaraní, explicó que el espacio dejó de funcionar como centro vinculado a Pami y comenzó a operar bajo otra modalidad. En Panambí, en tanto, el grupo que llevaba adelante la organización consiguió continuar el trabajo junto al municipio.

El problema central, según describió, está relacionado con la falta de recursos para afrontar los gastos cotidianos. Hasta diciembre del año pasado, los centros recibían un subsidio que, estimó, era de unos 70.000 pesos mensuales por institución.

“Este año no vino nada”, afirmó Nilsson. Si bien desde Pami se habría exigido a las instituciones regularizar su documentación y presentar la información correspondiente, hasta el momento no se concretaron nuevos desembolsos: “Muchos centros se pusieron al día, pero hay que buscar todo y armar las carpetas, hacer ese envío, pero hasta el día de hoy no llegó ninguna ayuda”, aclaró.

Cómo sostener los espacios

Ante la ausencia del mínimo subsidio para el pago de servicios y mantenimiento de los espacios, los propios integrantes de los centros buscan generar recursos para mantener abiertas las instituciones. Nilsson explicó que las actividades son diversas y que en muchos casos se organizan comidas, ventas y eventos para recaudar fondos.

“La gente no tiene de dónde sacar y tiene que tratar de hacer cositas”, describió. Entre las iniciativas que mencionó aparecen almuerzos, venta de tarjetas, galetos y bingos.

A ese esfuerzo se suma, en algunos casos, la colaboración de los municipios. Nilsson aclaró que el acompañamiento no es uniforme y depende de cada localidad, aunque destacó experiencias en las que los gobiernos municipales trabajan junto con los centros.

Para Nilsson, estos lugares cumplen una función que excede la realización de actividades recreativas. En distintas localidades, los centros representan uno de los pocos espacios de encuentro para personas mayores que viven solas o tienen a sus familias en otras ciudades.

“Hoy por hoy el adulto mayor de Pami no está bien en la provincia, no tiene la contención que debería tener”, afirmó.

En aquellos centros que todavía mantienen actividades vinculadas con Pami, continúan funcionando talleres y servicios como computación, gimnasia, peluquería, enfermería, manicura, masajes y yoga. Sin embargo, Nilsson remarcó que el alcance de esas prestaciones se encuentra condicionado por la situación de cada institución.

En el interior provincial, además, observó una fuerte participación de mujeres en estos espacios y señaló que la realidad de las personas mayores debe analizarse también desde las particularidades culturales de cada localidad.

Pasar económico que se dificulta

La situación de los centros no se entiende de manera aislada al escenario nacional y provincial de deterioro de las condiciones de vida de los adultos mayores. Así lo observó Nilsson, quien sostuvo que las dificultades para afrontar medicamentos, consultas médicas y alimentación son cada vez más frecuentes.

“El adulto mayor en este momento, no la está pasando muy bien”, afirmó. Explicó que muchas personas que antes podían destinar parte de sus ingresos a medicamentos, alimentos y otros gastos hoy deben restringir sus consumos.

“Ya no es más como antes, que decían: ‘Me sobra para el medicamento, me sobra para esto, puedo comprar realmente la verdura y la fruta que debo comer o consumir’. Y creo que se está limitando muchísimo su alimentación y sus consumos”, graficó.

En ese contexto, señaló que también aumentó la necesidad de recurrir al sistema público de salud. Según relató a partir del contacto con adultos mayores, son frecuentes los pedidos de ayuda para conseguir turnos con especialistas cuyos honorarios resultan difíciles de afrontar.

“Hay estudios cardiológicos que rondan los 60.000 o 70.000 pesos, y la gente nos pide que les asistamos para lograr un turno en el hospital”, ejemplificó.

A las dificultades económicas se suman otras problemáticas que Nilsson comenzó a observar con mayor frecuencia en el trabajo territorial. Entre ellas mencionó un crecimiento del consumo de alcohol y de situaciones vinculadas con consumos problemáticos desde la pandemia.

“Desde la pandemia creció muchísimo el consumo de alcohol en adultos mayores”, advirtió. También señaló casos de estafas que afectan a personas mayores, particularmente mediante el uso de celulares y herramientas de home banking.

Para Nilsson, estas situaciones requieren una respuesta que no se limite a la asistencia económica. Su trabajo desde el área de Gerontología del Ministerio de Salud Pública incluye el contacto con centros, hogares y otros espacios vinculados con personas mayores, además de la posibilidad de trasladar las problemáticas detectadas hacia el sistema sanitario. “Es una tarea hermosa y grande, pero muy comprometida, que necesita muchísimo apoyo".

Casi la mitad de hogares con ancianos no llega a fin de mes

La situación de los centros se inscribe en un contexto más amplio de dificultades económicas que atraviesan a los adultos mayores y sus hogares. Según datos de la Universidad Católica Argentina (UCA), correspondientes al período 2017-2025, cuatro de cada diez hogares con personas mayores presentan insuficiencia de ingresos.

El indicador alcanzó en los últimos dos años al 46% de los hogares con personas mayores, frente al 45,4% registrado entre los hogares sin mayores. En comparación con el período 2024-2025, la insuficiencia de ingresos aumentó en ambos tipos de hogares, aunque el incremento fue mayor entre aquellos que cuentan con personas mayores.

La incidencia también muestra diferencias marcadas según el nivel socioeconómico. Entre 2024 y 2025, la insuficiencia de ingresos alcanzó al 71,1% de los hogares del nivel muy bajo, al 55,2% del nivel bajo, al 33,1% del medio bajo y al 13% del medio alto.

La medición de la UCA también permite observar otras expresiones de las dificultades económicas. La inseguridad alimentaria -cuando un hogar manifiesta que redujo involuntariamente el acceso a comida o que pasó hambre durante los últimos 12 meses- alcanzó al 18,4% de los hogares con personas mayores durante el último bienio. En los hogares sin mayores, el indicador fue del 24,5%.

De acuerdo con el informe, se trata de una carencia que viene en aumento dentro del período 2017-2025 de análisis. La incidencia crece a medida que disminuye el nivel socioeconómico y, entre los hogares con personas mayores del nivel muy bajo, alcanza aproximadamente a uno de cada tres.

Otro indicador relevado es la imposibilidad de pagar algún servicio público por razones económicas durante los últimos 12 meses. En el bienio 2024-2025, esa situación alcanzó al 21,3% de los hogares con personas mayores, frente al 26,4% de los hogares sin mayores. En comparación con el período anterior, entre los primeros se registró un aumento de 3,4 puntos porcentuales.

Dentro de los hogares con personas mayores que presentan insuficiencia de ingresos, la proporción que dejó de pagar algún servicio público subió al 38,1%, mientras que entre aquellos sin insuficiencia de ingresos, fue un 7%.

Temas de esta nota
Te puede interesar