2026-09-22

Caza furtiva en San Pedro: Los operativos en la Biosfera Yabotí exponen la fragilidad de la frontera

En el recorrido destruyeron cebaderos, mangrullos y campamentos utilizados para la caza y pesca ilegal y secuestraron cinco motocicletas de origen brasileño, utilizadas por los cazadores para desplazarse dentro del territorio argentino.

Los operativos realizados los días 17, 18 y 19 de septiembre por guardaparques del GOS Zona Centro en sectores de la Reserva de Biosfera Yabotí y el área de amortiguación del Parque Provincial Esmeralda dejaron al descubierto la dificultad para ejercer un control efectivo sobre una extensa y compleja zona de frontera; problemática que va más allá de la protección de la fauna. 

Durante los patrullajes, 11 guardaparques recorrieron más de 200 kilómetros en vehículos y otros 25 kilómetros a pie, atravesando los lotes CMF, Orozco y Mocheta, en jornadas condicionadas por el frío, las lluvias y las dificultades propias del monte. En el recorrido destruyeron cebaderos, mangrullos y campamentos utilizados para la caza y pesca ilegal y secuestraron cinco motocicletas de origen brasileño, utilizadas por los cazadores para desplazarse dentro del territorio argentino.

La logística encontrada resultó significativa. Los campamentos estaban ubicados en sectores próximos al río Pepirí, a escasa distancia de la frontera, mientras que las zonas donde se desarrollaría la actividad de caza se encuentran unos kilómetros más adentro. Las motocicletas permitirían cubrir esas distancias y moverse rápidamente por sectores de difícil acceso.

El dato central que dejan estos procedimientos es que la caza furtiva aparece como la manifestación visible de un problema más amplio. Los guardaparques cumplen una función esencial en la protección de los recursos naturales, pero cuando las incursiones involucran personas y vehículos provenientes de otro país, la situación adquiere una dimensión vinculada al control y resguardo de la frontera.

La extensión de la zona, los cientos de kilómetros de monte y la cercanía con Brasil plantean un desafío que excede las posibilidades de un cuerpo destinado principalmente a la conservación ambiental. Por eso, estos operativos vuelven a poner en escena la necesidad de una mayor presencia y articulación de las fuerzas federales, capaces de ejercer las funciones específicas de control fronterizo.

El trabajo de los guardaparques permite detectar y desarticular estas estructuras, pero cada campamento encontrado y cada vehículo secuestrado  deja una pregunta sobre la capacidad de vigilancia de una frontera extensa y de difícil acceso. El problema ya no es solamente cuántos animales son víctimas de la caza ilegal, sino qué tan controlado está esa parte del territorio argentino frente a quienes ingresan para explotarlo ilegalmente.

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