2026-09-22

Una noche de emoción y hermandad que volvió a unir a Posadas y Encarnación

La Gala Día de la Solidaridad Posadeña-Encarnacena colmó el auditorio Montoya, con vecinos, autoridades, artistas y descendientes de sobrevivientes, a cien años del ciclón que marcó la historia compartida de ambas ciudades.

La noche del lunes, el auditorio del Instituto Montoya se colmó de posadeños y encarnacenos para vivir una velada atravesada por la emoción, la memoria y la hermandad entre dos pueblos que, hace un siglo, supieron tenderse la mano frente a una de las mayores tragedias de la región.

Bajo el lema “100 años del Ciclón: memoria que une, resiliencia que inspira”, la gala cerró en Posadas una serie de actividades binacionales destinadas a recordar no solo el ciclón que devastó Encarnación el 20 de septiembre de 1926, sino también la solidaridad que nació entre ambas comunidades. La jornada fue coordinada por la Secretaría de Estado de Cultura, con apoyo del municipio de Encarnación y de muchas otras instituciones.

La velada comenzó con la proyección de “Flores de Tiza”, cortometraje realizado con IA de Marcelo Cabral que relata, desde la mirada de una niña, el impacto del ciclón y la capacidad de un pueblo para reconstruirse.

Uno de los momentos centrales fue el recuerdo de la solidaridad posadeña. El historiador Julio Cantero puso en valor el vínculo entre ambas ciudades, mientras que Aldo Fernando Pérez y Carlos Navarro, de la Logia Roque Pérez, recordaron cómo esa institución abrió sus puertas antes de su inauguración para asistir a los heridos provenientes de Encarnación.

Música, danza y poesía para reencontrarse
Terminadas las palabras, la música y la danza fueron los grandes lenguajes de la noche. La soprano Alba Álvarez fue la encargada de entonar los himnos de Argentina y Paraguay, en uno de los momentos que marcaron simbólicamente el encuentro entre ambas naciones.

Luego, la Orquesta Juvenil Ciudad de Encarnación, bajo la dirección del maestro Adolfo Arrúa, ofreció un repertorio vinculado con la cultura y las costumbres paraguayas. La presentación comenzó con “Itapúa Poty” y recorrió diferentes obras antes del cierre de Alba Álvarez con “Mi dicha lejana”.

El Ballet Folklórico Municipal de Encarnación, dirigido por la profesora Norma Almirón Tilleria, llevó al escenario la fuerza de la danza paraguaya con “Galopera” y otros clásicos del repertorio. El broche de oro fue la danza con las botellas en la cabeza, que llegaron a ser media docena, logrando el aplauso del público.

La Academia Integral de Artes Rocemi, bajo la dirección de la profesora Noemí Brítez, presentó una intervención artística inspirada directamente en la tragedia y en el vínculo solidario construido entre ambas ciudades. A través de la poesía y la actuación, el elenco dio vida a “Gratitud”, evocando además la figura del poeta paraguayo Manuel Ortiz Guerrero.

La emoción volvió a crecer hacia el final de la gala con la participación de Ángel “Pato” García, ícono de la música misionera y artista profundamente vinculado a la cultura paraguaya. Con la ininterrumpida ovación del público como telón de fondo, García llevó al escenario “Alma Guaraní” y otros clásicos de su repertorio. El pedido insistente de “una más” extendió su actuación y convirtió el cierre en un momento de celebración compartida.

Así, cada presentación fue sumando una perspectiva diferente a una misma historia: la de dos pueblos que encontraron en la cultura una manera de mantener vivo un vínculo nacido en uno de sus momentos más difíciles.

Dos ciudades, una memoria compartida
La presencia de autoridades, referentes culturales, historiadores y descendientes de sobrevivientes reforzó el carácter profundamente humano de la conmemoración.

Entre los representantes institucionales de ambas orillas, estuvo el secretario de Estado de Cultura, Joselo Schuap, junto al subsecretario Ernesto Lozina; la concejal municipal Zulma Memmel (nieta además de Don Jorge Memmel, aquel héroe del ciclón junto a padre reuser); el secretario de la Juventud de la Municipalidad de Encarnación, Moisés Sanabria Escobar; el director de Educación de la Municipalidad de Encarnación, Fernando Scholz; y la directora de Cultura de la Municipalidad de Encarnación, Fabiola Castelnovo Paredes.

También participaron representantes de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM, entre ellos su decano Cristian Andrés Garrido y el secretario de Extensión y Vinculación Tecnológica, Alexis Rasftópolo; el director general de Cultura de la Municipalidad de Posadas, Matías Klein; el Museo Regional Aníbal Cambas, representado por el arquitecto Marcelo Insfrán; integrantes de la Junta de Estudios Históricos de Misiones, del Instituto Montoya, de la Rama Pasiva del IPS y de distintas instituciones vinculadas a la conmemoración.

Asimismo, la presencia de Carlos y Emilio Castelnovo, descendientes de sobrevivientes del ciclón, aportó una dimensión íntima y familiar a una historia que, cien años después, continúa transmitiéndose de generación en generación. También estuvieron presentes integrantes de la comisión de recordación de los 100 años del ciclón y miembros de la Sociedad de Escritores del Paraguay, filial Itapúa, quienes presentaron el libro “Encarnación en 100 años del Ciclón”, obra coordinada por Roberto Zub y cuya comitiva estuvo encabezada por Julio Benítez Capli.


Una memoria que sigue uniendo
La gala dejó una certeza: cien años después, aquella tragedia sigue siendo también una historia de solidaridad. Como expresó el secretario de Estado de Cultura, Joselo Schuap, cuando un pueblo necesita al otro, “las fronteras pierden sentido y la solidaridad se convierte en puente”.

Así, en un Montoya colmado, Posadas y Encarnación volvieron a encontrarse. Esta vez, no desde el dolor, sino desde la memoria, la cultura y un abrazo fraterno que el paso del tiempo no logró borrar.

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