El último tango del capitán

El amor entre el 10 y la Selección tuvo su capítulo final

Messi puso fin a su historia como jugador de Argentina en una noche cargada de lágrimas y ovaciones. Ante un estadio lleno, el rosarino coronó una despedida inolvidable a puro festejo
miércoles 07 de octubre de 2026 | 6:08hs.

Un cocinero español le avisó a la delegación argentina que en Barcelona había un pibe que la rompía y que no quería jugar con España, quería ponerse la celeste y blanca. Llegó un video que sorprendió a todos en la AFA, llegó el llamado, llegó la citación.

En un partido armado de la noche a la mañana, Lionel Andrés Messi se puso la camiseta argentina y empezó, en una fría noche de 2004, uno de los amores más lindos de los últimos tiempos.

Nada fue sencillo. Hubo momentos muy críticos en ese amor, pero por terceros, no entre Messi y la Selección. Hubo que superar las malas, porque como dice esa canción bien futbolera: “En las malas mucho más, las buenas ya van a venir”.

Y las buenas vinieron. Llegaron los títulos y llegó la copa más ansiada: Qatar 2022 marcó a fuego ese amor entre Messi y los hinchas argentinos.

Ayer y en un Monumental repleto, pero con el aliento de millones de argentinos en el país y alrededor del mundo, el 10 se despidió del lugar en el que siempre quiso estar. Cerró una etapa con Argentina, la de jugador, la de capitán, la del líder dentro del campo de juego.

Fue una jornada, en realidad lo fueron los días previos también, muy emotiva. Emotiva para los hinchas y para el 10. Hubo en el Monumental una sensación agridulce. El total agradecimiento al capitán, que marcó una era en el fútbol argentino y sobre todo en la selección y la desazón lógica que producen las despedidas.

Messi marcó la vida de millones y aunque la despedida estaba cerca, igual generó nostalgia cuando el propio capitán lo anunció.

La dedicatoria de siempre, el capitán señaló el cielo, compartiendo su última gran alegría en la Selección. Fotos: AP

 

Benín fue una excusa. La excusa para que los hinchas le agradecieran, pero la excusa para que miles a lo largo y ancho del país se juntaran a ver al 10, por última vez, con la camiseta que mejor le queda.

Se cerró una era. No habrá otro Messi, como no hubo otro Maradona. Seguramente llegará otro gran jugador, porque en esta tierra nacen grandes futbolistas. Di Stéfano, Maradona, Messi son únicos y todos nacieron en el mismo suelo que San Martín, Belgrano y los pibes de Malvinas, que esta selección tanto enalteció.

Hubo tiempo para todas las ovaciones posibles, aunque nadie quería que el partido termine. Otamendi recibió la suya y Scaloni (pedido de renovación de por medio) también.

En el juego, propiamente dicho, hubo tiempo para que los africanos demostraran que podían jugar cuando los dejaban y que Argentina cuando apretaba el acelerador llegaba con toques. Cambian los nombres, pero no el estilo: paciencia para esperar el espacio y lastimar.

La albiceleste tuvo que esperar hasta el inicio del complemento para romper el cero y fue otro que decía adiós: Nicolás Otamendi.

Y como un guiño para sellar la transición, Nico Paz clavó un golazo. La vieja guardia y la nueva sangre.

Faltaba la frutilla del postre. Llegó también el gol de Messi. El 10 cambió por gol un penal y desató los festejos en el Monumental.

Después fue el tiempo que nadie quería que llegue: la despedida. Desde que era un pibe que tuvo que dejar su Rosario natal soñó con ponerse la celeste y blanca. Las espinas en el camino fueron muchas, pero dudas del amor entre el 10 y la Selección jamás hubo.

Se terminó la era Messi en Argentina. Se va con títulos, con récords, con la tranquilidad de haberlo dejado absolutamente todo por la camiseta que siempre quiso vestir, pero por sobre todas las cosas se fue con el amor del pueblo futbolero de Argentina.

 

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