El rugby fue oportunidad y refugio

Los Juegos Evita dejaron experiencias inolvidables para la delegación misionera. El deporte ovalado marcó su huella en Mar del Plata
domingo 08 de noviembre de 2026 | 6:05hs.

Hay equipos que se construyen desde los entrenamientos, en las tardes después de la escuela, en el esfuerzo de las familias y en las oportunidades que aparecen cuando alguien abre una puerta. Para las jóvenes rugbiers misioneras, llegar a representar a la provincia en los Juegos Nacionales Evita 2026 fue mucho más que afrontar una competencia.

Detrás de la camiseta de Misiones había once historias, con diferentes nombres, edades y procedencias. Chicas de familias trabajadoras y humildes -muchas de ellas de localidades del interior- que crecieron en hogares donde los padres pasan gran parte del día ocupados en sus trabajos para sostener a sus familias.

En esta oportunidad, el seleccionado prejuvenil de rugby seven reunió a jugadoras de Posadas, Montecarlo y Eldorado, además de representantes de otros puntos de la provincia. La convocatoria incluyó a Judith Balmaceda, María Pía Aguila, Brisa Barboza, Candelaria Bergara Ruiz, Valentina Micheli Franco, Tiara Violeta Olivera y Maytena Marta Suárez -todas de Capri-, Solange Kober, de Carayá; Rocío Ortiz y Victoria Marilín Vera, de Mamangá; y Saira Silvero, de Aguará.

Pero la conformación del equipo no fue algo improvisado. Detrás hubo un proceso de búsqueda, acercamiento y seguimiento que comenzó el año pasado. La tarea estuvo encabezada por la referente de la disciplina en la Unión de Rugby de Misiones, Romina Cadena, junto a la entrenadora Araceli Aramburu, quienes recorrieron clubes y localidades.

El contacto se fue construyendo también a partir de las competencias y los encuentros. Después de un primer torneo amistoso, las jugadoras recibieron la invitación para inscribirse en el sistema de los Juegos y así pudieron ser contactadas.

Conocerlas también significó conocer un poco más de sus realidades. En una de las charlas que compartieron durante la concentración, alrededor de un fogón, las entrenadoras propusieron un espacio para escucharse y descubrir aspectos de cada compañera que no siempre aparecen durante un entrenamiento.

Allí surgieron distintas historias. Una de las jugadoras, por ejemplo, atravesó dificultades en su entorno más cercano y debió asumir desde muy joven responsabilidades de una persona adulta propia de una hermana mayor, ocupándose de cuestiones cotidianas y aprendiendo a salir adelante a cargo de sus hermanos. En ese recorrido encontró el acompañamiento de una prima, quien fue la que le acercó el rugby y le permitió descubrir un lugar donde sentirse parte.

Para la mayoría, el viaje a los Juegos Evita tuvo otro significado especial: era la primera vez que salían de Misiones, la primera vez en una habitación de un hotel. Apenas cuatro integrantes del plantel tenían experiencias anteriores de viajes fuera de la tierra colorada.

“La mayoría no salió de la provincia, no contaba con una buena alimentación e incluso con los elementos básicos en un hogar, como bañarse con agua caliente. Encontrar todas las instalaciones en una habitación fue algo que sorprendió a muchas”, contó Cadena. Esa diferencia hizo que el viaje tuviera un significado particular para el grupo.

El primer encuentro con el mar fue uno de esos momentos que quedaron guardados. Las entrenadoras organizaron una visita para que pudieran conocerlo y disfrutar de una experiencia diferente a la que habían ido a buscar.

“Yo pensé que veníamos solamente a jugar y no tener tiempo de pasear”, recordó Cadena que le dijo una de las jugadoras cuando le preguntaron qué esperaba del viaje. “Todas entraron al agua y fue un experiencia que jamás van a olvidar”, contó. Después llegó el momento de volver a concentrarse en el objetivo deportivo, pero aquella experiencia ya formaba parte del viaje.

La participación en los Juegos fue, además, el resultado de un esfuerzo colectivo. Sostener el rugby femenino y darle continuidad a las competencias requiere organización, tiempo y recursos. Durante el año, el grupo tuvo que afrontar dificultades económicas y buscar alternativas para poder viajar y competir.

La respuesta para recaudar ese dinero llegó a través de distintas iniciativas y, además, hubo acompañamiento para cubrir gastos de traslados.

Ese trabajo también se reflejó en el crecimiento deportivo. La posibilidad de participar en torneos, viajar a Paraguay, recibir a otros equipos en Posadas y disputar competencias regionales permitió que las jugadoras tuvieran más continuidad.

Romina, que lleva tres años vinculada al proceso de los seleccionados juveniles y asumió hace un año como referente del rugby femenino en la Unión (UAR), reconoció el valor de ese recorrido. Junto a Araceli Aramburu, que también es jugadora de selección y de Capri, fue parte de la búsqueda y el acompañamiento de las jóvenes.

La proyección tampoco termina con los Juegos Evita. El trabajo continúa con los distintos planteles y las competencias previstas para el rugby femenino misionero, entre ellas la preparación del seleccionado mayor para el Seven de la República, programado del 26 al 29 de noviembre en Paraná, Entre Ríos.

El rugby no resuelve por sí solo las dificultades que atraviesa cada familia ni cambia de un día para otro las condiciones en las que crecen estas jóvenes. Sin embargo puede ofrecer algo importante, un lugar al que pertenecer.

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