Legados que se proyectan en nuevas generaciones

Entre el arpa y la pintura, jóvenes de San Pedro construyen identidad

Sebastián Korniejczuk, ganador del Pre-Cosquín por Misiones, y Simón Gutiérrez, muralista local, comparten recorridos artísticos marcados por herencias familiares
domingo 24 de mayo de 2026 | 6:05hs.
Sebastián es el único joven en San Pedro que ejecuta el arpa.
Sebastián es el único joven en San Pedro que ejecuta el arpa.

En la Capital de la Araucaria, el arte no es sólo una actividad recreativa o un pasatiempo de fin de semana; es una herramienta mediante la cual la juventud expresa sus emociones, procesa su realidad y encuentra su propio espacio en el mundo. Lejos de las luces de las grandes ciudades, en el corazón de las chacras y las calles de tierra colorada, una nueva generación de artistas demuestran que el talento se hereda, pero la identidad se construye con esfuerzo propio. Entre la música y los pinceles, San Pedro respira una cultura viva que se transmite de padres a hijos.

En este contexto, en el paisaje rural de Colonia San Jorge, el día a día está marcado por los tiempos del agro. Allí vive Sebastián Korniejczuk, un joven de 21 años que reparte sus horas entre el estudio de la carrera de Contador Público en la Universidad Siglo 21 y el trabajo diario en la empresa familiar, que cuenta con un pequeño secadero y un molino donde producen, con mucha dedicación, la yerba mate Jactancia. Sin embargo, cuando el sol cae y las tareas de los yerbales dan un respiro, Sebastián se transforma: a su corta edad, es el único joven en San Pedro que ejecuta el arpa, un instrumento tan complejo como fascinante.

Simón Gutiérrez se dedica a pintar murales.  Fotos: Carina Martínez

 

Su llegada a la música no fue casualidad, sino el resultado de ver y sentir el arte en su propia casa, en la piel. Su padre, Eduardo Korniejczuk -un músico ampliamente reconocido no sólo en el municipio, sino también a nivel provincial y nacional-, fue el espejo donde Sebastián se miró desde chico. Eduardo no sólo le transmitió la pasión por las cuerdas, sino que asumió con orgullo, compromiso y exigencia el rol de ser su profesor.

Incursionar en un instrumento de características tan particulares como el arpa representa un doble desafío para quienes se dedican a las actividades agrícolas. Las tareas rurales endurecen las manos y exigen un esfuerzo físico riguroso. Aún así, Sebastián desafía esa rudeza diaria para lograr que del arpa broten las melodías más dulces. El proceso requiere un entrenamiento constante y mucha paciencia para dominar la digitación.

“Me llamó la atención el aprender y lo que más costó fue iniciar con las técnicas, aprendiendo nuevas técnicas, que eso es lo que por ahí cuesta más, hasta llegar al día de hoy y me interesa seguir aprendiendo”, recordó Sebastián sobre sus primeros pasos.

Junto a Eduardo, el trabajo actual va mucho más allá de reproducir una partitura; se trata de encontrar una identidad sonora propia. “No es sólo aprender el tema, sino que ya estamos enfocados en poner varios matices, poner varios arreglos, que es lo más importante de nosotros. No sólo aprender el tema, sino que tratar de matizar lo que se puede,  de innovar, poner cosas nuestras porque una vez aprendido el tema ya también es poner eh ese brillo de cada de cada artista”, explicó sobre lo que convierte en única cada presentación de un solista instrumental.

Experiencias y trayectoria

Equilibrar la exigencia de la cosecha y el secadero con los libros de la facultad y las horas de práctica es un entre cruces de tiempos que el joven de 21 años recorre todas las semanas. El ensayo demanda horas de concentración que a veces escasean, pero el esfuerzo tiene sus recompensas. El año pasado, se presentó en el Pre-Cosquín y se consagró ganador como solista instrumental por la provincia de Misiones, obteniendo el pase para viajar a las instancias finales en Córdoba.

Esa experiencia no la hizo solo. Su padre también logró clasificar por la sede de Clorinda, Formosa, lo que transformó el viaje en una experiencia de unión familiar inolvidable. Sobre el escenario mayor de Córdoba, Eduardo llegó a la final y recibió una mención especial como mejor músico del certamen. Para Sebastián, ver el logro de su padre y pisar ese suelo mítico fue un antes y un después en su carrera musical.

“Fue un privilegio grandísimo tocar ahí, estar en ese plato que gira una locura. La idea es cada vez que uno va a los escenarios tocar con mayor calidad, siempre se va mejorando. Ese tipo de oportunidades sin dudas es un incentivo que uno tiene. Sentir que en cada presentación va saliendo de la mejor manera, es motivador”, expresó sobre el impacto de cada experiencia.

El significado del arpa en su vida

Para este joven sampedrino, el instrumento es una extensión de su propia cotidianidad, un refugio donde las presiones del trabajo y el estudio desaparecen para dar paso a la conexión pura, ya sea interpretando música cristiana, folclore o las tradicionales polcas paraguayas que tanto lo atrapan por su dulzura.

“Para mí el arpa es todo. Es el cable a tierra. Es un momento único que tenemos con mi papá; ensayar, tocar en los escenarios. No es solo para guardarnos entre nosotros o solo tocar para nosotros, sino tratar de expandir, que otras personas también escuchen, que vivan esa magia al escuchar, tanto música cristiana, músicas folclóricas o las polcas. Esa conexión casi inexplicable, es todo lo que nos da el arpa”.

Aunque reconoce que son pocos los jóvenes de su edad que se vuelcan a ejecutar instrumentos tradicionales, valora enormemente a la comunidad artística juvenil que se apoya mutuamente, tanto a nivel local como en los certámenes donde coinciden.

“Los que tocan cualquier tipo de instrumento, creo que es algo muy lindo por ahí somos muy pocos acá en el municipio, es algo que hay que incentivar, disfrutar, no solo para uno, sino que para el resto”.

La historia de los Korniejczuk con el arpa es una cadena familiar que comenzó hace dos generaciones atrás en la chacra y que se mantiene más firme que nunca. “Me inspira mi familia, en especial mi papá, ver sus logros, el apoyo que brindan cuando se trata de la música”.

Retratos de la idiosincrasia local

La historia de Sebastián no es un caso aislado en San Pedro. La continuidad familiar y el arte como refugio se replica en otras disciplinas, demostrando que la tradición local tiene múltiples formas de manifestarse. Un ejemplo claro de esto es Simón Gutiérrez, hijo de una reconocida artista plástica de la localidad, Rosana Maydana.

Al igual que Sebastián con la música, Simón creció rodeado de óleos, bastidores y colores, asimilando el talento de su madre de manera natural. Hoy, sigue ese mismo camino en el municipio, pero eligiendo las paredes urbanas como sus lienzos. De manera totalmente voluntaria, Simón se dedica a pintar murales en distintos puntos de San Pedro con un objetivo claro y profundo: defender la idiosincrasia misionera y poner en valor a aquellos personajes fundamentales que forjaron la historia y el crecimiento de la región.

Estas dos realidades ponen de relevancia el crisol de expresiones artísticas que florecen en el pueblo. Ya sea a través de los acordes de un arpa en Colonia San Jorge, la danza, el canto, o los murales que llenan de vida los espacios públicos, la mayoría de los jóvenes sampedrinos que se vuelcan al arte lo hacen motivados por la trayectoria de algún familiar. Buscan honrar ese legado y, al mismo tiempo, convertirse en una inspiración para que otros jóvenes descubran que en la expresión artística existe un verdadero cable a tierra para procesar la vida y transformar la comunidad.

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