Tienen 15 y 17 años y ya hacen vibrar la noche posadeña

DJ adolescentes y autodidactas que se abren camino en Posadas

Entre parlantes, luces y mezclas armadas después del colegio, Guille, Mateo y Lucho empezaron practicando en sus casas y hoy suman eventos cada fin de semana
domingo 24 de mayo de 2026 | 6:05hs.
Los tres cursan en el Janssen y equilibran las fechas  de eventos y las responsabilidades diarias.  Foto: Agustina Vera
Los tres cursan en el Janssen y equilibran las fechas de eventos y las responsabilidades diarias. Foto: Agustina Vera

En una esquina del salón suena un remix de reggaetón. Después entra una cumbia. Más tarde algo de electrónica y rock nacional. Los tres se miran apenas, hacen señas rápidas y siguen. No estudiaron música, no hicieron cursos ni pasaron por academias. Aprendieron mirando tutoriales, probando en sus casas, equivocándose. Y también escuchando mucha música. Muchísima.

Guille Benítez tiene 17 años. Mateo Puchalski y Lucho Kroslak tienen 15. Los tres van al Instituto Politécnico San Arnoldo Janssen, de Posadas, y, entre tareas, pruebas y trabajos prácticos, encontraron una rutina paralela: musicalizar cumpleaños, fiestas y eventos.

El Territorio conversó con los tres minutos antes de que subieran a musicalizar la Matiné Rockera organizada por la Escuela de Rock (EDR), una propuesta pensada para adolescentes de entre 13 y 18 años. El evento se realizó el pasado 16 de mayo en el Auditorio EDR buscando recuperar la costumbre de reunirse alrededor de la música en un espacio cuidado y pensado para jóvenes.

Volviendo a ellos, si bien comparten amistad, horas de práctica y algunas presentaciones, cada uno desarrolla su camino como DJ de forma independiente. A veces trabajan juntos, otras veces cada uno sigue sus propias fechas y proyectos.

“Los tres somos autodidactas, ninguno fue a cursar en ningún lado para aprender a ser DJ”, contó Lucho mientras acomoda la consola. Habla tranquilo, como alguien que todavía no termina de dimensionar que hace un tiempo tocaban en reuniones de amigos y ahora empiezan a sumar fechas más grandes.

Todo arrancó distinto para cada uno, aunque hay algo que se repite: la música apareció temprano. A Mateo le gustaba desde chico. Sus padres le compraron su primera consola hace un par de años y empezó a practicar solo, encerrado en su pieza. “Después me junté con Lucho y empezamos a hacer cosas juntos”, recordó.

Lucho, es fanático de la música electrónica, pasaba horas viendo sets de DJ internacionales. Tomorrowland, para él, era una ventana a otro mundo. A los 14 años juntó plata, se compró su primera consola y empezó a probar. “Siempre me gustó todo lo relacionado con la electrónica. Me parecía algo distinto”.

Guille, en cambio, llegó desde otro lado. Su tío tenía una discoteca y él se pasaba horas mirando cómo funcionaba todo. “Arranqué jugando con la consola, como un juguete”. Después empezó a acompañarlo a eventos y terminó encontrando ahí algo más que un pasatiempo.

Luego de ver en redes lo que cada uno hacía, decidieron juntarse a cranear cosas juntos y de a poco empezaron a aparecer los cumpleaños de quince, las fiestas más grandes; y las consultas por Instagram.

Entre ellos no hay demasiadas poses. Se cargan, se pisan las frases, se ríen cuando alguno se traba hablando. Pero cuando el tema pasa por la música, enseguida aparece la complicidad y el trabajo en equipo.

Antes de cada evento estudian el público. No improvisan tanto como parece. “Siempre tenemos en cuenta qué gente va a estar y en base a eso armamos la música”, explicó Lucho. Son DJ “open format”, como dicen ellos: pasan de todo. Cumbia, cuarteto, reggaetón, RKT, rock, electrónica. Lo que haga falta.

A veces los pedidos llegan con días de anticipación. “Hay gente que te dice ‘quiero toda la noche cuarteto’ o ‘no me pongas cumbia’”, contó Guille. Entonces arman carpetas específicas, seleccionan temas y preparan la noche casi como quien estudia para un examen. Y un poco se parece.

Escuela, trabajo y amigos

Mientras intentan crecer en la escena nocturna, siguen yendo al colegio. Los tres cursan en el Janssen y hacen equilibrio entre las fechas y las responsabilidades de todos los días. No siempre es fácil.

“Los amigos a veces no entienden que esto lleva tiempo”. Y enumeran situaciones comunes: cumpleaños familiares que se pierden, juntadas a las que no llegan, sábados que terminan a las seis de la mañana después de un evento. Hay cansancio, sí. Pero también entusiasmo.

Cuando hablan de plata, ninguno menciona ropa ni salidas. Todo vuelve a los equipos. “Todos los ingresos que juntamos los reinvertimos”, dijo Mateo. Consolas, parlantes, luces, computadoras. Herramientas para mejorar el sonido y también la experiencia del público.

“Es hermoso escuchar música en un parlante que suena bien”, agregó Guille. Y en esa frase, medio simple, medio obsesiva, aparece bastante de lo que los mueve.

Son perfeccionistas. Ajustan detalles, revisan transiciones, prueban mezclas en la casa antes de salir a tocar. Muchas veces se juntan solamente para practicar. Ahí salen ideas, nuevas combinaciones o listas enteras para futuros eventos.

También está el respaldo de las familias. Los padres acompañan, entienden los horarios y el ambiente nocturno. Los amigos -dicen ellos- también fueron importantes. Compartiendo publicaciones, ayudando en eventos o simplemente estando.

Entre los tres fueron armando algo parecido a un equipo. No siempre trabajan juntos, cada uno tiene sus fechas y estilos, pero encontraron una dinámica común. Lucho y Mateo eran compañeros de curso. Después apareció Guille. Una historia de Instagram terminó de unirlos. “Pasamos de ser compañeros a ser amigos”, resumieron.

Mientras hablan, la música vuelve a sonar desde el parlante. Uno prueba una transición. Otro corrige un volumen. El tercero revisa temas desde la notebook. Todo parece bastante improvisado, aunque no lo sea.

Perfil

Guille Benítez
@guillebnitez

Lucho Kroslak
@luchokroslak_

Matte Puchalski
@mattepuchalski

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